por Mariano Daneri
11 de septiembre de 2026
Dar un salto de fe no es algo fácil pero Game Freak se animó a hacerlo alejándose por completo de esa zona de confort que le brindaba Pokémon para adentrarse en un terreno mucho más oscuro y mecánicamente exigente: el RPG de acción. En un intento valiente por demostrar que pueden construir experiencias maduras y desafiantes el estudio nos trae Beast of Reincarnation una propuesta interesante con buenas ideas e intenciones pero que demuestra que hace falta más que valentía para sostener un juego. Y es que el título no tarda en evidenciar que el el equipo tropezó en este nuevo territorio y lo que se percibía como una bocanada de aire fresco termina atrapado en sus propias limitaciones dejando un enorme potencial a medio camino.
Beast of Reincarnation nos lleva a un Japón post-apocalíptico que quedó prácticamente en ruinas después de que una misteriosa plaga arrasara con todo. En medio de este paisaje devastado encarnamos a Emma, una guerrera capaz de hacer frente a las criaturas que ahora dominan el territorio, y a Koo, un lobo blanco que oficia de compañero. El vínculo entre el cánido y la protagonista es uno de los grandes misterios sobre los que se cimienta la historia. Juntos emprenden una larga peregrinación, enfrentando a todo tipo de monstruos mientras intentan descubrir qué ocurrió en el mundo y encontrar una forma de devolverle la vida a una tierra que parece condenada.
La trama se divide en capítulos a través de los cuales recorremos distintos mapas. En el camino conocemos a nuevos personajes y descubrimos, poco a poco, los misterios que rodean a Emma y al mundo en el que vive. La historia se desarrolla a un ritmo que muchos pueden considerar lento, especialmente en una época en la que el espectador promedio tiene un lapso de atención menor a seis segundos. Personalmente creo que encaja perfectamente con sus personajes y temática. Incluso la forma letárgica en la que hablan, casi despojados de emociones, va de la mano con la propuesta y se convierte en uno de los puntos más fuertes. Es una decisión que integra muy bien la dirección artística con la narrativa y dota al juego de una identidad propia.
La estructura del juego también resulta un tanto extraña. Vamos progresando de mapa en mapa y, en un comienzo, parece plantear un esquema de mundo abierto, con mucho por explorar. Sin embargo, a medida que avanzamos, los mapas se tornan cada vez más pequeños y lineales. Esto no es necesariamente algo malo, ya que evita que el juego se sienta hinchado y permite mantener una sensación constante de progreso, incluso cuando nos desviamos para completar algunos objetivos secundarios. Lo interesante es que si bien el tamaño se acota, el juego hace un gran uso de la verticalidad.
Beast of Reincarnation ofrece espacio para la exploración y la búsqueda de secretos que, muchas veces, resultan bastante gratificantes.
En este sentido, Beast of Reincarnation ofrece espacio para la exploración y la búsqueda de secretos que, muchas veces, resultan bastante gratificantes. No obstante, en determinados momentos esa libertad de movimiento se va truncada por muros invisibles y caminos poco claros, al punto de rozar lo frustrante. Respecto del combate, es bastante profundo y expansivo, con varias aristas y habilidades con las que jugar. Muchas de ellas están disponibles desde un primer momento, mientras que otras las podemos desbloquear al derrotar a ciertos jefes, ganando experiencia y mejorando nuestros atributos.

Beast of Reincarnation ofrece una mezcla entre acción en tercera persona y RPG. Tenemos progresión a través de estadísticas y equipamiento, además de un frenético sistema de combate que combina combos, parrys, poderes especiales, ataques a distancia e incluso sigilo. A esto se suma Koo, nuestro fiel compañero, quien nos ayuda por su cuenta durante las batallas y al que también podremos darle indicaciones específicas para que haga uso de su amplio repertorio de habilidades. El combate es divertido y, cuando funciona, se siente muy bien. Pero quiero enfatizar en el hecho de que la frase clave aquí es ‘cuando funciona’.
El título de Game Freak puede ser muy entretenido. Hay conceptos interesantes, ideas ambiciosas y una clara muestra de visión detrás de lo que el juego intenta hacer. Lamentablemente, no siempre funciona. Uno de los elementos más irritantes del combate es la falta de respuesta del personaje. Por momentos, luego de realizar ciertas acciones o ejecutar determinados combos, Emma simplemente deja de reaccionar. Esto no solo rompe el flujo de los enfrentamientos, sino que también nos deja completamente indefensos a merced de los enemigos.

Si bien Beast of Reincarnation es ambicioso, tropieza constantemente consigo mismo.
Esto último resulta particularmente frustrante en las dificultades más altas, donde pueden matarnos de uno o dos golpes. Y vamos a querer jugar en los niveles de dificultad más elevados, porque cualquier cosa por debajo de ellos hace que la experiencia se vuelva repetitiva debido a la poca variedad de enemigos y al escaso desafío que presentan. Es así como empiezan a salir a la luz problemas técnicos que se mezclan con otros de concepto, haciendo difícil saber cuándo algo funciona de determinada manera por un error o por una decisión de diseño.
Como resultado, la experiencia se vuelve inconsistente. Y si bien Beast of Reincarnation es ambicioso, tropieza constantemente consigo mismo. Un ejemplo de esto último queda en evidencia con cierta mecánica que aparece cuando nos encontramos en áreas abiertas. En determinados momentos, el entorno es invadido por una niebla verde, una especie de miasma que hace crecer la vegetación. Uno pensaría que esto es un indicio de la aparición de nuevos enemigos, quizás más fuertes y peligrosos. El crecimiento de la vegetación también podría funcionar como una señal de que se han abierto nuevos caminos para explorar. Pero no.

En la práctica, nada de esto es palpable. El resultado final es, simplemente, un filtro verde que hace que el juego se vea más feo. Es entonces cuando me pregunto ¿Tiene esto algún propósito más allá de opacar la belleza de una propuesta que por momentos se ve realmente hermosa? Difícil saberlo, pero eso es lo que pasa y queda horrible. Y ese es, quizás, uno de los mayores problemas de Beast of Reincarnation. Me refiero a que se vuelve complicado distinguir qué funciona así por diseño y qué es lo que directamente no está funcionando.
El juego es frustrante, ya lo he dicho. Y no necesariamente porque sea un malo, sino porque es uno de esos títulos capaces de mostrar destellos de algo realmente especial para, apenas unos minutos después, tirarlo todo por un precipicio. Mi experiencia fue, en partes iguales, tan positiva como negativa. Hay ideas, visión y, por momentos, una identidad muy marcada. El problema es que todo esto se ve constantemente opacado por una ejecución irregular, especialmente en lo que respecta a su apartado técnico. Parece como si Game Freak supiera perfectamente qué quiso hacer pero no siempre consigue llevar las ideas a buen puerto.

Disfruté de Beast of Reincarnation pero me cuesta recomendarlo. A grandes rasgos, me ofreció buenas dosis de diversión durante las horas que pasé con él, pero también me dejó con la sensación constante de estar ante una experiencia que pudo ser mejor. Siendo completamente honesto, probablemente ni siquiera habría llegado a terminarlo de no haber tenido la obligación de escribir esta reseña. Hay un buen juego ahí dentro, pero lamentablemente no se terminó de solidificar. Al menos de momento. Tal vez en un futuro, con algunas actualizaciones termine por evolucionar y se convierta en el juego que pretende y que merece ser. Hasta entonces, la travesía de Emma y Koo se queda como el hermoso esqueleto de una gran y ambiciosa idea.

Sobre Mariano Daneri
Me gustan las milanesas con fideos.
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