por Mariano Daneri
4 de noviembre de 2026
Forsaken Kingdom llegó en el marco de un cuestionado Warcraft III: Reforged, la remasterización publicada por Blizzard originalmente en 2020. Con esta nueva expansión, el estudio busca dejar atrás las controversias de aquel relanzamiento, ligadas principalmente a cuestiones de rendimiento y decisiones en la dirección artística, para ofrecer un contenido orientado a revitalizar la franquicia y brindar una experiencia a la altura de la reputación que del mítico título de 2002. Con un concepto que busca reconciliar la estrategia en tiempo real con los elementos RPG con los que tanto había coqueteado Warcraft III en su día, esta propuesta intenta saldar deudas pendientes en cuanto a pulido, ritmo y profundidad narrativa.
Forsaken Kingdoms nos sitúa en el período de transición que sigue al regreso de Arthas a Lordaeron y la posterior consolidación de los Renegados. Bajo el liderazgo de Sylvanas, esta facción de no-muertos lucha por asegurar un territorio propio en las ruinas subterráneas de la capital, mientras se enfrenta tanto a la implacable Cruzada Escarlata como a los remanentes de la Plaga. La trama explora los dilemas morales, las tensiones políticas y los oscuros pactos necesarios para sobrevivir en este contexto hostil.
Todo esto teje un relato sólido que profundiza en la identidad de los marginados de Azeroth buscando aportar mayor profundidad a personajes y subtramas que vamos a poder explorar en World of Warcraft: Forever. Este DLC se siente como un añadido para terminar de reforzar los cimientos narrativos que Warcraft III supo construir para su universo online. Forsaken Kingdom termina de echar luz sobre una de las facciones hasta entonces olvidadas, y su lanzamiento indudablemente pretende funcionar como una precuela, junto al resto de las campañas, para la nueva versión del aclamado MMORPG.

En lo jugable, el aspecto más destacado es su marcado vuelco hacia el rol por sobre la estrategia en tiempo real tradicional. En lugar de centrarse únicamente en la recolección masiva de recursos y la gestión de bases, la campaña toma como molde directo la emblemática aventura de la Horda de Warcraft III: The Frozen Throne protagonizada por Rexxar. Forsaken Kingdom expande notablemente esta idea integrando un sistema de inventario ampliado, espacios de equipamiento específicos y árboles de talentos más profundos para los héroes. De este modo, logra una hibridación orgánica entre las mecánicas roleras y el control táctico de unidades.
La campaña se siente literalmente como la de un un RPG, mientras que la estrategia en tiempo real queda reducido a algo meramente anecdótico.
El diseño de las misiones refleja esta evolución mediante un esquema claro de objetivos principales y secundarios. Mientras que las tareas prioritarias impulsan el avance inexorable de la narrativa, los encargos opcionales invitan a explorar cada rincón de los mapas. Así el juego recompensa nuestra curiosidad con equipamiento único, puntos de experiencia y subtramas. A esto se le suma un despliegue de atajos y escenarios intrincados que recuerdan al diseño de calabozos, aportando un ritmo constante y dinámico que evita la monotonía habitual de las construcciones pasivas. Cada región ofrece desafíos particulares que obligan a adaptar la combinación de tropas y habilidades según la amenaza que tenemos en frente.
Forsaken Kingdom se compone de tres capítulos que giran en torno al paladín renegado Garek y a Anya, la Guardabosques Oscura, debiendo cumplir misiones en diversas zonas de la Ciudad Subterránea y sus alrededores. Hay bastante progresión, con un límite de nivel que llega hasta el 20. La campaña se siente literalmente como la de un un RPG, mientras que la estrategia en tiempo real queda reducido a algo meramente anecdótico. Creo que es un acierto, siempre considerando que el DLC funciona como un impecable preámbulo de cara al lanzamiento de World of Warcarft: Forever.
Las situaciones presentadas y el desarrollo de determinados personajes secundarios otorgan un contexto mucho más rico al estado geopolítico de este mundo. Con ello, dota de un peso dramático superior determinadas zonas y misiones que más tarde cobran un protagonismo fundamental. Aquellas leyendas que antes se presentaban a través de meros textos informativos o referencias al pasar, ahora cobran vida propia. De ese modo, conecta los cabos sueltos del lore que llevan años esperando una resolución digna. Allí es donde reside gran parte del valor de este DLC de impecable timing.

Forsaken Kingdom logra pulir y revalorizar el universo de la saga. Funciona como un excelente aperitivo antes del desembarco de nuevos horizontes en la franquicia, ofreciendo una propuesta ideal no solo para aquellos que vienen siguiendo la historia, sino también para quienes disfrutaron de los aspectos más narrativos y enfocados en el rol dentro de Warcraft III. En lo personal, terminé disfrutando mucho de esta expansión y sus cambios. Sin embargo, cabe destacar que deja prácticamente de lado la experiencia RTS pura de antaño. Aún así, considero que es un paso firme y en la dirección correcta para mantener viva la chispa de una de las obras más influyentes de la estrategia en el mundo del videojuego.

Sobre Mariano Daneri
Me gustan las milanesas con fideos.
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