El término ‘Tackle for Loss’, hace referencia a una jugada defensiva en la que se derriba al portador de la pelota detrás de la línea de golpeo, provocando una pérdida de yardas y arruinando por completo la estrategia ofensiva del rival. No obstante, cuando hablamos del título de Indifferent Penguin, la cosa toma un rumbo completamente diferente. Es un videojuego que toma dicho concepto y lo arrastra hacia un género diametralmente opuesto convirtiendo la agresividad de la maniobra en el núcleo de la jugabilidad. Como resultado, tenemos un sangriento juego de acción donde las estrictas reglas del fútbol se convierten en el motor perfecto para desatar el caos en el oscuro inframundo criminal.
En Tackle for Loss nos ponemos en los zapatos de Joe Bradshaw, un exjugador profesional cuya carrera dejó secuelas físicas profundas, específicamente la Encefalopatía Traumática Crónica (E.T.C.). Esta condición médica, provocada por los constantes impactos en la cabeza durante sus años en el deporte, se convierte en el motor narrativo y estético de toda la travesía. Resulta realmente interesante jugar desde la perspectiva de alguien que está lidiando constantemente con lagunas mentales, desorientación y un deterioro cognitivo severo. Esto añade al juego un peso emocional único que no suele verse en este tipo de propuestas.
La motivación de Joe es simple pero desesperada. Nuestro protagonista debe adentrarse en un violento inframundo criminal con el objetivo de rescatar a su hija, Sara. Algo que encuentro importante destacar es que la historia no se siente como una simple excusa argumental que justifica la carnicería. Por el contrario, se trata de un viaje trágico impulsado por los fragmentos de memoria que le quedan al protagonista. La narrativa aprovecha esa confusión de formas muy originales. Distorsiona la realidad del entorno y -mejor aún- nos sumerge en esa misma neblina mental y paranoia mientras avanzamos en la aventura.

De más está decir que es imposible jugar a este título sin pensar Hotline Miami. La perspectiva aérea, su violencia explícita y la premisa de limpiar habitaciones llenas de enemigos sin margen de error se sienten similares. No obstante, lejos de limitarse a copiar una fórmula, Indifferent Penguin toma ese concepto base y lo dota de una identidad propia con mecánicas deportivas. Entonces, mientras que el juego de Dennaton Games ofrecía una danza psicodélica de armas de fuego, aquí la experiencia se transforma en un choque físico brutal basado puramente en la inercia, la fuerza bruta y el contacto corporal directo.
Esa personalidad propia de la que hablo se consolida a través de la implementación estricta de la regla de los ‘cuatro downs’ del fútbol americano. En lugar de permitir un avance caótico, el juego limita estrictamente la cantidad de movimientos que podemos realizar para limpiar cada nivel. Este detalle altera por completo el ritmo de juego habitual del género. Con esto, el juego nos obliga a sopesar cada embestida. Cada tackle es más que un ataque letal; es como un recurso valioso y escaso que no se puede desperdiciar bajo ninguna circunstancia.
Cada tackle es más que un ataque letal; es como un recurso valioso y escaso que no se puede desperdiciar bajo ninguna circunstancia

Como consecuencia directa de esta limitación, los niveles dejan de sentirse como simples zonas de combate. Se convierten en complejos rompecabezas tácticos que debemos resolver con una velocidad vertiginosa. Dado que cualquier error de cálculo significa morir de un solo golpe y reiniciar el escenario, pasé mucho tiempo estudiando la disposición de las habitaciones y memorizando los patrones de los enemigos antes de ejecutar el primer movimiento. La tensión es constante, ya que el más mínimo fallo en la trayectoria de una tacleada rompe la cadena de movimientos y te devuelve de inmediato a la pantalla de inicio del nivel.
Para mitigar la frustración que genera este ciclo de ensayo y error, Tackle for Loss incorpora un sistema de progresión con el que podemos adquirir mejoras. Conforme avanzamos por los niveles podemos acumular puntos, lo que abre la posibilidad de desbloquear nuevas habilidades dentro de un árbol de desarrollo. Estas herramientas adicionales facilitan las cosas en los niveles más avanzados. Mejor aún, también nos permiten adaptar las capacidades físicas de Joe a nuestro propio estilo de juego. Con ello, el juego ofrece nuevas alternativas estratégicas para abordar los escenarios más complicados.

Visualmente, el estilo pixel art oscuro por el que apuesta el juego complementa de forma muy cohesiva la atmósfera y la condición de Joe. Los entornos cerrados y desgastados evocan una estética muy sucia, donde cada impacto y cada derribo se sienten toscos, pesados y viscerales. En cuanto a la banda sonora, el estilo synth-wave cumple marcando el ritmo frenético de la acción en cada intento. Los sintetizadores empujan a actuar de manera instintiva. Mantienen los niveles de adrenalina en lo más alto, incluso luego de fracasar varias veces seguidas en el mismo pasillo. La música se integra perfectamente con el bucle jugable. Logra que el proceso de morir y reintentar se perciba como una secuencia fluida en lugar de una interrupción molesta.
A pesar de sus grandes aciertos en el diseño de niveles y mecánicas, la experiencia me dejó con la sensación de que pudo haberse expandido un poco más en ciertos apartados. La campaña resulta notablemente corta, concluyendo justo cuando sentía que había dominado por completo la inercia del personaje y el sistema de los ‘cuatro downs’. Asimismo, considero que los momentos de clímax habrían ganado más peso con enfrentamientos contra jefes finales de tipo ‘muerte súbita’, en lugar de optar por resoluciones de corte narrativa que dejan de lado las mecánicas de precisión que el propio juego se esmera en enseñarte.

Tackle for Loss es una propuesta que va directo al grano, sin rellenos artificiales ni sistemas innecesarios que diluyen su concepto central. Aunque su brevedad y la falta de verdaderos retos finales ayudan a generar esa sensación de que terminó antes de tiempo, compensa con una jugabilidad original y mecánicas muy bien enfocadas. Indifferent Penguin logra que una idea aparentemente inconexa -fusionar las reglas de un deporte de contacto con la acción cenital- puede funcionar si el diseño de juego mantiene cuidado y coherencia. Es un título exigente ideal para quienes estén dispuestos a tolerar el ensayo y error, ofreciendo una experiencia cruda y digna que cumple exactamente con lo que promete.

Sobre Franco Borgogna
Periodista apasionado por los videojuegos que sueña en mundos pixel-art sin caídas de frames. Streamer a tiempo parcial, fundador de la comunidad “La Orden del Pixel”, amante de la series, las películas y los comics.
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