Dentro del ámbito del desarrollo independiente, existe proyectos que nacen y se mantienen vivos gracias a un equipo que persigue un sueño. En el caso de SoulQuest, hablamos de un juego que estuvo siete años en desarrollo para pasar de convertirse en un ‘mito’ que se manifestaba en forma de GIF en el timeline de Twitter para convertirse en toda una realidad. Lo que Tomás J. Pereyra y SoulBlade Studio ponen sobre la mesa es una apuesta arriesgada: un hack-and-slash en 2D, difícil y con mucho estilo nacido en una Argentina que una vez más demuestra que en la tierra del tango y el dulce de leche hay talento de sobra.
SoulQuest nos sumerge en una historia inspirada en la mitología celta que se siente tan hermosa como hostil. En el juego seguimos a Alys, una guerrera que no busca salvar el mundo, sino romper las leyes de la vida para recuperar a su difunto esposo. Si bien simple, el argumento ofrece la motivación necesaria para desplegar un sistema de combate que bebe directamente de la agresividad de Devil May Cry, pero adaptado a una perspectiva lateral en 2D. Tomás no esconde dichas influencias, sino que las potencia con una generosa variedad de movimientos. Sin embargo, detrás de esa fachada de píxeles perfectos, el título pelea contra sí mismo, ofreciendo momentos brillantes junto a decisiones que no terminan de cuadrar.
Lo primero que llama la atención es el estilo visual que, a falta de una palabra mejor, resulta impactante. El juego es un triunfo del pixel art moderno, aunque aquí empiezan los matices. Las animaciones de Alys se ven soberbias. Hay una fluidez en sus movimientos que roza lo hipnótico pero esta belleza estética a veces juega en contra de la claridad. En los momentos de máxima intensidad, con efectos elementales estallando por doquier, la pantalla se vuelve un poco caótica. Es fácil perder el control de la situación y entender que es lo que está sucediendo. No obstante, es un juego precioso donde estas asperezas no consiguen opacar el balance general de la experiencia.
El combate presenta un sistema de combos muy profundo donde podemos encadenar ataques terrestres y aéreos con una libertad asombrosa. La idea es combinar todos los movimientos y cuando se alcanza el rango ‘SSSS’, la satisfacción es real. A medida que eliminarnos enemigos obtenemos almas que podemos gastar para aprender nuevos movimientos. La variedad es enorme y cada uno requiere de una combinación específica para llevarse a cabo. Eso sí, me sorprende la imposibilidad de realizar bloqueos o parrys, lo que nos obliga a depender exclusivamente de la esquiva. Entiendo que la idea es ofrecer un ritmo frenético, pero esto provoca que los combates contra los jefes estén limitados a ‘pegar y huir’ rompiendo con la danza de espadas que el juego propone.
SoulQuest se divide en ‘misiones’ pero es un concepto que no calza con la forma en que están diseñados los niveles. Es decir, a fin de salvar el alma de su esposo, Alys debe eliminar a un panteón de arrogantes dioses. Ese es el objetivo en cada zona. El tema es que cada área esta dividida en 4 o 5 pantallas donde debemos avanzar de derecha a izquierda sin hacer mucho más que reventar a cuanto enemigo se nos pone en frente. Es el aspecto donde más se le ven las costuras del juego ya que luego de un par de horas, todo se resume a una sucesión de pasillos hermosos pero funcionalmente vacíos. Diría que solo sirven de conector entre arenas de combate cerradas. La exploración es mínima y los secretos escasos. Al final, por muy buen combate que tenga, el juego se siente encorsetado.
Lo primero que llama la atención es el estilo visual que, a falta de una palabra mejor, resulta impactante

La curva de dificultad es bastante inclemente, incluso jugando la aventura en ‘fácil’. Nuestra protagonista se siente frágil y -al menos de comienzo- bastan 5 golpes para mandarnos al último punto de control. Eso sí, siento que SoulQuest no es difícil porque sea inteligente, sino porque tiene picos de mucha intensidad. Dicho de otro modo, podemos venir ‘pisteando como campeones’ barriendo el suelo con los enemigos y de repente chocarnos con una situación realmente complicada que involucra a dos ogros y un minotauro repartiendo golpes a diestra y siniestra. Este tipo de irregularidades genera algo de frustración ya que el juego no perdona, ni siquiera cuando se siente injusto.
La muerte no tiene mayores consecuencias que volver a comenzar desde el último checkpoint, pero resulta molesto debido a la escasez de los mismos. Tener que repetir una y otra vez los mismos segmentos, se vuelve agotador. Afortunadamente, podemos mejorar la salud y capacidades mágicas de Alys a cambio de almas. También podemos comprar nuevos ataques y habilidades, aunque no siempre se sienten útiles, ya que un mismo tipo de combo sirve para eliminar a prácticamente cualquier enemigo. Los jefes se presentan como la excepción a la regla, ya que se comportan de una forma mucho más agresiva. Durante estos enfrentamientos hace falta prestar atención y buscar las ventanas para encajar algunos golpes y evitar el daño, ya que no contamos con ítems para curarnos.

Más allá de lo mencionado y del hermoso pixel art, técnicamente hablando estamos ante un juego con buenos valores de producción. La música es excelente y captura la esencia celta mística, aportando la épica que el juego necesita. Por el lado de los efectos de sonido, carecen del ‘punch’ necesario. Y en un título donde el impacto y la sensación de poder se presentan como una parte vital de la experiencia, que un golpe crítico suene como un tajo de papel rompe con la inmersión. En este sentido, debo destacar las actuaciones de voz, que insuflen carisma a los personajes mediante una labor más que encomiable.
Pese a sus matices, no puedo dejar de reconocer que SoulQuest tiene una chispa de autor que muchos triple A carecen. Se nota que Tomás puso mucho cariño y pasión en cada uno de los rincones de su obra. Además, hay un respeto genuino por el hack-and-slash. Es un juego honesto en su propuesta, testarudo y con contrastes, que no ofrece las facilidades típicas de las experiencias modernas. Pero más allá de lo dicho, no puedo dejar de reconocer que lo pasé genuinamente bien acompañando a Alys en su misión. Dominar el sistema de combate es gratificante y se siente recompensado al pasar todo un segmento aplastando a nuestros enemigos sin poner un pie en el suelo.

SoulQuest es una propuesta tan interesante como divertida, con muchos aspectos positivos. Aún sin tener intenciones de ello, se siente como un genuino homenaje a Devil May Cry con un combate profundo y lleno de estilo. El diseño de niveles es una de las patas flacas de la propuesta, pero compensa con una historia interesante y jefes desafiantes que me pusieron a prueba una y otra vez. Incluso después de ver los créditos finales podemos acceder a un desafío que extiende la vida de la propuesta por algunas horas más. De más está decir que quienes busquen la perfección, aquí no la van a encontrar. Por contraparte, quienes decidan darle una oportunidad descubrirán un juego con alma y la conclusión de un viaje que comenzó como un sueño hace 7 años.

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Sobre Paula Ridigolo
Escritora aficionada de historias. Amante de las novelas policiales. No dejo misterio sin resolver. Escuché el primer CD de Pokémon y quedé enamorada de sus canciones.
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