por Ulises Corrales
En el capítulo anterior estudiamos a profundidad el reino de Mournstead y sus vecinos, así como algunos de los reyes que gobernaron. Ahora nos centraremos en las religiones que infunden fe en estas tierras. La historia y el lore de Lords of the Fallen se basan enteramente en la religión; por ello, conocer a sus dioses nos ayudará a comprender los estigmas, los finales y las misiones generales del juego.
El Fragmento de resistencia a relámpagos del primer título nos menciona que ya existían muchos dioses, aunque solo se hablara de Adyr. Es por esto que en esta nueva entrega se les da mayor amplitud y relevancia a otras deidades. Si bien es de necios tratar de explicar el origen de un dios -y el juego no nos da información suficiente para entender a cabalidad su nacimiento-, tenemos varios detalles sobre ellos.
Tras el exilio del dios Adyr, la humanidad quedó a expensas de nuevas creencias. El hombre siempre tendrá la necesidad inherente de creer, y como era de esperar, algunos comenzaron a adorar a sus héroes: los Jueces. Sin embargo, la Juez Clérigo es quien recibió la mayor devoción, dado que de los tres es la única que quedó en pie.

El Colgante de la histeria nos dice que en Breahgaul, una tierra devastada por la Segunda Histeria, aún se encontraban rastros de la hechicería de Anostekeles. Este dato es importantísimo. El Fragmento de resistencia a la magia del primer Lords of the Fallen revela que este era un hechicero que salvó a muchas personas durante la oscura Era de la Histeria.
Aquí comprendemos dos cosas fundamentales. En primer lugar, que ambos juegos están íntimamente relacionados. En segundo, que el universo de la saga existen periodos de tiempo inmensurables conocidos como ‘Eras’, en los que ocurren eventos que marcan su final. El primer juego nos habla de la Era de la Histeria, mientras que el segundo nos indica que la Segunda Era de la Histeria ocurrió hace ya mucho tiempo. Esto significa que existieron muchos dioses, los cuales probablemente cambiaron de nombre con el paso de las generaciones.

En Mournstead y los reinos colindantes coexisten varias religiones, unas más predominantes que otras. Además de la ya mencionada veneración a los Jueces Guerrero y Pícaro, tenemos la Religión de la Hueste Creciente. Esta es una orden pacífica con sede en la lejana Wolusia -donde se encontraba una escuela de magia- y que rinde culto a la diosa Menasilde (Escudo del Emisario Selénico). Resulta interesante que el conjuro Cataclismo señale que los Roghars idearon este hechizo como afrenta hacia ella. Esto da a entender que existían rivalidades entre los dioses.
Otra deidad fascinante es la que adora la religión de Udirangr: la Bestia Original. Se trata de una entidad titánica que recorre a zancadas los vastos y congelados paisajes de la tundra, y que incluso algunos afirman haber visto (Anillo de Bestia Original). Para los udirangrianos, esta bestia es el dios de la creación, un coloso primigenio cuyo aliento dio origen a los vientos, sus zarpas moldearon el mundo y que engendró a la humanidad con su corazón (Escudo de Bestia Original). Recordemos que los udirangrianos huyeron de su tierra y la reina Verena II les otorgó la región de Kinrangr para asentarse.
Sin embargo, años después, el oriusanismo (la religión más predominante) condenó al pueblo de Udirangr y a su deidad. Se le encomendó a los Cruzados de la Oscuridad que arrasaran el territorio para llevarlos a la ‘luz’ de Orius y someterlos al control de la Iglesia (Runa Ruq), dejando en evidencia el claro enfoque imperialista de esta fe. De hecho, hubo una centinela que se convirtió a la religión de Udirangr; cuando la descubrieron, fue juzgada por herejía y ejecutada (Maza de Centinela Hereje).
Por mencionar a otras entidades, están los drakes. El Casco de Sabiduría del primer juego los describe como seres antiguos, peligrosos e inteligentes. Si nos ponemos detallistas, aunque los dragones no son dioses, en algunos casos pueden actuar como semidioses. La Maza Partescamas cuenta que, a pesar de que los dragones llevan años desaparecidos, todavía existen armas concebidas para aniquilarlos.

Las Calaveras de vigor nos muestran que las deidades más importantes son tres: Adyr, Orius y la Madre de la Putrefacción. Cabe destacar que aquí no vamos a ahondar en el análisis del trasfondo de los finales del juego. Aquí sólo vamos a presentar las religiones de cada facción para entender la naturaleza de su fe y lo que esta involucra.
El Anillo del Poder Sanguíneo describe de un modo escueto el origen de este dios. Según parece, Orius terminó decapitado, y las gotas de su sangre crearon la luna, los planetas y las estrellas, haciendo su presencia visible incluso en el cielo nocturno. Sin embargo, el conjuro Guardián Resplandeciente sostiene que él mismo cercenó su cabeza. Al igual que los udirangrianos con la Bestia Original, vemos que los adoradores tenían sus propias creencias sobre la creación, lo que nos demuestra el increíble alcance que tiene la fe en el universo de Lords of the Fallen.
La descripción del anillo nos plantea un origen similar al de Gautama Buda, de la religión hindú. Con esto quiero dar a entender que, en diferentes culturas a lo largo de la historia, existieron humanos que trascendieron a dioses, y este quizá se el caso de Orius. Es una lástima que no exista más información sobre su ascensión, más allá de lo que se cuenta sobre su muerte. Resulta poco lógico pensar que quienes lo mataron fueran humanos, ya que, según sus fieles, él los creó. En todo caso, el verdadero origen de un dios es algo que un humano jamás podría explicar.
El oriusanismo es la religión predominante en Mournstead, caracterizada por su mensaje de luz y verdad, y tomando como símbolo una cruz con un aro en la parte superior. Es una de las más antiguas y, con el tiempo, se dividió en muchas ramas (Conjuro Santificación). Una de ellas sostiene que un día el propio sol pregonará el juicio final de Orius (Colgante del sol sangriento).
Entre las ramas más predominantes y poderosas tenemos a La Orden de la Espada Luminosa, la facción militar más favorecida por la Iglesia. Se le encargó la Purga de los Anacoretas, en su campaña más larga y costosa (Escudo de la Espada Luminosa). El primer juego nos revela en el Casco Astucia que los Anacoretas eran una organización de sicarios, y el Anillo de Anacoreta dice que empleaban magia para sus trabajos. Finalmente, esta Orden falló en sus objetivos y perdió su poder e influencia (Anillo de la Espada Luminosa).
Luego están los Purificadores Resplandecientes, una ‘orden’ que surgió debido a la Iglesia comenzó a tener cautela cuando los Cruzados Oscuros crecieron en poder. Eran menores en número, pero igual de fervientes y despiadados. Finalmente, están Los Cruzados Oscuros, una prestigiosa orden militar que responde y divulga la doctrina de la Iglesia (Rosario Portador de la Lámpara). Ellos arrasaron al pueblo de Udirangr y destruyeron Perdam. Cada aspirante era considerado un neófito, y se evaluaban sus capacidades para ver cómo encajaría en la orden (Espada Fundida de Cruzado).

Los Cruzados Oscuros se dividían a su vez en distintas especialidades. Los Paladines eran Claves en el poderío militar, expertos en infantería y caballería, capaces de dejar perplejos a los ejércitos enemigos al cargar en bandada con sus caballos (Colgante de paladín). Su juramento consistía en cumplir el santo trabajo de Orius con pureza, obediencia y resolución. Los Purgadores, rama a la que pertenecía Barros, eran feroces en batalla. Los Desoladores, el destacamento al cual pertenecía Gregory. Los Avanzados, grupo al que pertenecía Dervla, combatientes letales y con una resistencia extraordinaria.
Al mando de los Cruzados Oscuros estaba el Ejecutor, una figura respetada por monarcas, cruzados y reos por igual (Bastón de Dunmire). Los ejecutores se especializaban en el espionaje, la manipulación y la conspiración (Toga del Ejecutor). Es en este rango que conocemos a Dunmire, quien nos recibe en el Puente del Descanso Celestial. El nos encomienda dos misiones: encender los faros que apresan a Adyr e investigar la conspiración de los Centinelas Sagrados. Curiosamente, en lugar de desvelar a los Centinelas, Dunmire terminaría atrapado por la Madre de la Putrefacción.
El juego menciona a varios cruzados destacados: los hermanos Isaac y Samuel; Barros y Gregory (quienes buscaban a Paxton); Dervla (que robó un objeto de Dunmire); el cruzado de la cinemática inicial; y, por supuesto, nuestro propio personaje (a quien Dunmire reconoce como parte de la facción sin importar la clase inicial). La historia del paladín Isaac es particularmente trágica. Su hermano Samuel, también paladín, terminó ejecutado por incumplir su deber, y el propio Isaac tuvo que hacerlo para mantener su juramento intacto (Piel Desollada).

Por último, tenemos a los Fidelis, una rama disidente de los Centinelas Sagrados liderada por su capitán, Stomund (el mercader que encontramos en el Puente del Descanso y quien esperaba que fracasemos ante Pieta para quedarse con nuestra Lámpara del Umbral). Él notó cómo su orden entraba en decadencia y corrupción. Al no obtener respuesta del líder, decidió separarse e intentó salvar los valores originales reclutando en secreto a hombres y mujeres para formar a los Fidelis. Un estigma en la Leprosería de los Hermanos Sagrados nos muestra cómo se reunía con ellos.
Cuando Tancred descubrió la existencia de esta organización, orquestó una purga despiadada de la que sólo tres sobrevivieron. Otro estigma en la leprosería muestra a Tancred advirtiendo sobre las consecuencias de la traición, señalando los cuerpos colgados de los Fidelis ejecutados. Consumido por la culpa, Stomund ideó un plan desesperado: buscar una audiencia con la Juez Clérigo (a quien nadie había visto en años) para informarle de las atrocidades cometidas en su nombre. Para no llegar con las manos vacías, decidió presentarle el estandarte puro que ella usaba en batalla hace mucho tiempo. Por ello, nos pide encontrar los trozos para unificarlos.
El primer trozo yace en las profundidades de la Leprosería, simbolizando la caída moral de los Centinelas. El segundo, lo porta una abadesa en la Abadía de las Hermanas Sagradas (lugar al que, irónicamente, ningún hombre tenía permitido entrar, razón por la cual está custodiado por mujeres como las Pecaminicidas y las Azotadoras). Con el estandarte restaurado, Stomund se dirige al Empíreo. Lamentablemente, terminamos encontrando su cuerpo empalado en el patio frente a la puerta, asesinado muy probablemente por una abadesa y una Cazadora Santificada, marcando el triste final del capitán de los Fidelis.

Sobre Ulises Corrales
Soy un apasionado de la fantasía oscura medieval y fanático de los soulslike. Cuento historias con voz sensual en cada hoguera en la que paro a descansar.
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