La venganza es uno de los impulsos más antiguos del ser humano. A lo largo de la historia podemos verlo representado en diversas formas de arte. Por ejemplo, tenemos la Ilíada donde Aquiles desata su furia por la muerte de Patroclo, o el Conde de Montecristo en que este deseo primitivo se materializa en la obsesión por buscar justicia. Por supuesto, en el mundo del videojuego también existe decenas de ejemplos, aunque el que más presente tengo ahora mismo en mi cabeza es The Last of Us Parte II. Sin embargo, en esta ocasión toca abordar una historia de venganza muy diferente: Shinobi: Art of Vengeance. El nuevo título de Lizardcube aborda esta temática de una forma muy especial, reviviendo en el proceso una de las sagas más emblemáticas de SEGA, tratando con mucho cariño y respeto el material original.
Shinobi: Art of Vengeance apuesta por una narrativa minimalista. Sin entrar en demasiado detalle, el título comienza con Lord Ruse -el antagonista de esta entrega- masacrando al Clan Oboro. Todos sus miembros son convertidos en piedra, dejando tras de sí un reguero de cenizas y silencio, mientras que la aldea en la que viven se convierte en un escenario dantesco donde todo lo que reina es fuego y destrucción. No hay grandes discursos, pero sí escenas explicativas y contemplativas. Cada detalle, como las ruinas de las casas, el fuego aún encendido, los dojos desbaratos y la movilización del ejército enemigo conforman las piezas del rompecabezas que dan forma a la venganza de Joe Musashi, el icónico protagonista de la saga.
La trama se presenta de forma fragmentada, pero bastante directa. Luego de completar cada nivel se presenta una cinemática que expande la historia e integra nuevos personajes. Algunos son muy interesantes y oscuros como la propia Parca o Ankou, que confieren al juego ese toque de mitología que tango me gusta. Eso sí, los NPC no tienen demasiado desarrollo narrativo. En lo personal me hubiese gustado que Joe tuviera más interacciones con ellos, pero sólo se limita a soltar el mismo gruñido en todos los diálogos. Esto es algo que no me permitió empatizar y entender el impacto emocional que significa perder a todo su clan. Y es que si bien Musashi es una arma letal no deja de ser un humano, pues hasta formó una familia.

Por su parte, Lord Ruse está mejor trabajado. Se presentan sus intenciones y motivos, y aunque cuenta con una personalidad algo caricaturesca en esi de ‘querer controlar el mundo’, al menos pude conocer más acerca de él como personaje. Los demás integrantes del elenco, si bien aportan su granito de arena a la narrativa desarrollando un poco el tema de la venganza, pasan sin pena ni gloria. Todos, excepto Ankou que está íntimamente ligado a la trama central. Al fin y al cabo, todo gira en torno al robo de su guadaña, arma con la que el antagonista desata el caos.
las ruinas de las casas, el fuego aún encendido, los dojos desbaratos y la movilización del ejército enemigo conforman las piezas del rompecabezas que dan forma a la venganza de Joe Musashi
El mundo también aporta a la historia a través de la narrativa contextual. El Japón Feudal que el juego presenta, está lleno de simbología y mensajes de venganza, redención y convicción, que se presentan a través de estatuas, pinturas, y esculturas. Voy a terminar este acápite aclarando que, en lo personal, no me sentí realmente vinculado al sentimiento que Shinobi: Art of Vengeance pretende transmitir. Enfrente al jefe final sin ninguna emoción, más allá de terminar el juego. Todo el tema de la venganza quedó relegado a un plano secundario. Aún así, y por muy paradójico que suene, encontré agradable el mensaje final donde se resalta que el perdón es la única arma que puede liberarnos de las cadenas de la venganza.

Uno de los fuertes de la propuesta es, sin lugar a dudas, su jugabilidad. El combate es extremadamente fluido y satisfactorio. Joe Musashi cuenta con una gran variedad de movimientos, donde el uso de la katana y los kunai convierte cada enfrentamiento en una danza mortal. Además, los poderes Ninpo son increíblemente vistosos y elegantes, y las ejecuciones tan geniales que me hicieron sentir como todo un Super Sayayin. Ya desde el principio nuestro protagonista cuenta con numerosas herramientas, como ataques básicos, la capacidad de hacer esquivas y hasta un slash aéreo. También podemos adquirir nuevas habilidades y técnicas más letales en la tienda, aunque para ello se necesitan las Reliquias Oboro.
Dichas reliquias se encuentran repartidas por todos los rincones del mapa. Algo similar sucede con las habilidades Ninpo, los poderes mágicos del juego, estos nos permiten realizar ataques especiales de rayo, fuego, agua, y otros elementos. También tenemos amuletos que nos otorgan beneficios pasivos como la capacidad de adquirir más monedas al derrotar enemigos, mejor poder de curación y varias cosas más. Por último están los Ninjutsu que literalmente convierten a Joe en una especie de Goku al realizarlas, pudiendo invocar bestias ancestrales que pueden cambiar el curso de cualquier batalla, como por ejemplo un dragón. Luego hay otras que nos permiten movernos con muchísima agilidad, eliminando a todos los enemigos en pantalla. Lo importante es que todas son espectaculares y muy satisfactorias.

Todos estos elementos permiten disfrutar del combate de forma singular y gracias a ello es muy fácil sentirse como un Shinobi en todo su concepto. Claro, el gameplay tampoco está exento de problemas. En lo personal, tuve inconvenientes con los bloques de plataformas, algunas opcionales y otras un requisito estricto para avanzar. Estos segmentos se vuelven muy frustrantes. Especialmente si la intención es la de completar el 100% del contenido que Shinobi: Art of Vengeance tiene para ofrecer. También se me hizo bastante incómodo el slowdown cada vez que eliminamos a una horda de enemigos. Las primeras veces se ve impresionante, se vuelve tedioso y repetitivo conforme avanza la partida.

Por otro lado, Joe no puede ejecutar más de tres o cuatro ataques seguidos. Al presionar el botón del mando para realizar un quinto golpe, el personaje no responde. Resulta bastante extraño, y no se si es algo que está hecho a propósito. Lo que está claro, es que algunos enemigos están programados para desaparecer y reaparecer justo en ese preciso instante. Dicho sea de paso, en lo personal me resultaron los más tediosos de enfrentar a causa de esta ‘mecánica’. Algo similar sucede con la esquiva, que no se ejecuta de forma inmediata luego de realizar un ataque. Debo reconocer que nada de esto impidió el disfrute total del título, pero son detalles que están ahí y que consideré apropiado mencionar.
La mezcla de acción, exploración y misticismo envuelta en una trama de venganza confieren al trabajo de Lizardcube un estilo atractivo con la capacidad de enganchar por horas y horas
Shinobi: Art of Vengeance tiene una estructura lineal tipo metroidvania, y aunque no es uno per se, bebe mucho del género. Esto se nota en el hecho de que incorpora mecánicas de exploración como rutas opcionales, y habilidades que permiten volver a zonas previamente visitadas para encontrar secretos. Esa dinámica de descubrir lo que antes estaba bloqueado aporta cierta dosis de rejugabilidad y profundidad al mundo. Los niveles del juego tienen personalidad visual y mucho simbolismo, mezclando el ambiente tradicional japonés con escenarios futuristas urbanos e industriales, donde cada paisaje aporta algo diferente.

El mundo está dividido en 12 secciones cada una diferenciada por su estética y enemigos particulares. Tenemos un nivel con un tren en movimiento, cuevas ancestrales, muelles, zonas industriales, ciudades, aldeas, bosques, e incluso vientres de bestias diabólicas. Todo ello sin olvidar las zonas espirituales a las que la Parca nos lleva para obtener mejoras y secretos. La senda de la venganza es espinosa, pedregosa y fétida, pero acompañada de un estilo artístico fabuloso. En este sentido se nota la influencia de Streets of Rage 4, con ese trazo a mano en 2D de alta definición y una marcada estética tipo cómic. Todo un deleite para la vista lo que ofrece esta obra visual.
Al terminar el juego se desbloquea el modo Boss Rush y el modo arcade, ofreciendo nuevos incentivos para pasar más tiempo disfrutando del juego. Eso sí, me atrevo a decir que los únicos que posiblemente le den una oportunidad a estas modalidades, son aquellos que deseen explorar el título al 100% y los fans de la saga Shinobi. Y es que Shinobi: Art of Vengeance no inventa los juegos de acción protagonizados por ninjas pero indudablemente ofrece una de las mejores experiencias, posicionándose como todo un referente. La mezcla de acción, exploración y misticismo envuelta en una trama de venganza confieren al trabajo de Lizardcube un estilo atractivo con la capacidad de enganchar por horas y horas.

Con Shinobi: Art of Vengeance, Lizardcube logra revivir una saga clásica, respetando sus raíces y llevando la jugabilidad de antaño a un entorno moderno. La historia puede que carezca de desarrollo narrativo, al menos en sus personajes, pero definitivamente deja un mensaje que pocos juegos se atreven: el perdón y la sanación interna es más importante que los impulsos y pasiones humanas. El combate fluido y dinámico aporta grandes dosis de entretenimiento y diversión, mientras que el estilo artístico lo hace un deleite para la vista. Y muy a pesar de algunos problemas puntuales, el juego ofrece una experiencia excelente que marca un espectacular regreso para una saga emblemática, dejando abierta la puerta para un prometedor futuro.

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Sobre Ulises Corrales
Soy un apasionado de la fantasía oscura medieval y fanático de los soulslike. Cuento historias con voz sensual en cada hoguera en la que paro a descansar.
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