por Franco Borgogna
23 de agosto de 2026
El género roguelite está lleno de propuestas sumamente particulares, pero con todo el tiempo que llevo dedicado al género, no recuerdo haber jugado uno relacionado con llevar a cabo una campaña electoral. Phew Phew Games, el equipo detrás del aclamado Anomaly Agent, ahora regresa con Anomaly President, un título que mezcla acción frenética y sátira gubernamental en un futuro improbable. Pese a su estado de acceso anticipado, el título ofrece una jugabilidad sólida. Hace uso de la repetición constante como una metáfora del camino hacia el poder, estableciendo un tono crítico y analítico sin perder jamás el factor del entretenimiento puro.
Anomaly President nos sumerge en una distopía futurista que contrasta su crudeza con una premisa tan inusual como disparatada. El juego nos pone en la piel de Venty, el hijo del Sr. Sev, un candidato presidencial que busca arrebatar el poder al dictador Raxford. El detalle es que el motor de este conflicto sociopolítico consiste en salvar a los Peluditos, unas extrañas y adorables criaturas oprimidas sistemáticamente por el régimen vigente. Poner esta situación como eje central de una dura carrera electoral establece de inmediato una atmósfera única, donde debemos navegar con destreza entre la tensión política y el absurdo más absoluto.
Este retorcido universo se sostiene junto con un elenco de personajes cuyas personalidades excéntricas inyectan vida a la sátira. Un ejemplo perfecto es el Ministro de Seguridad, una figura que inicialmente se presenta como una intimidante figura de autoridad, pero que pronto deja al descubierto sus inseguridades que le provoca su calvicie. El guión se apoya constantemente en este tipo de cuestiones casi ridículas para humanizar a los actores del conflicto. De este modo, cada interacción se siente como una pieza genuinamente divertida que no sólo nos ayuda a comprender a los extravagantes habitantes de este mundo, sino que establece una narrativa que desarrolla a lo largo de las sucesivas partidas.
Sin embargo, aún cuando la historia presenta esa liviandad cómica, también alberga una vertiente marcadamente oscura. Existe un contraste deliberado y en cierto punto cuando vemos a personajes inocentes -cómo los estudiantes de un colegio- discutir con total naturalidad sobre crímenes. Lo interesante es que el juego lo hace de un modo tal que logra que uno pueda mantener una sonrisa en el rostro. Esta disonancia narrativa rompe con la comodidad inicial. De hecho, hay una escena en particular, la cual no describiré para no hacer spoilers, que cambió el ambiente de forma drástica, recordando que el trasfondo de esta contienda es, en realidad, una guerra por el poder sumamente hostil.
El ciclo de juego Anomaly President es el típico que podemos encontrar dentro del roguelite. En cada partida debemos superar una serie de escenarios superando jefes y al morir regresamos al inicio para invertir los recursos obtenidos en mejoras. Un detalle original, es que el título introduce un sistema de construcción de base que encaja a la perfección con la temática. Básicamente tenemos un autobús al que podemos ampliar con diferentes módulos para que los Peluditos rescatados nos ayuden en la campaña presidencial. Esta mecánica proporciona un necesario descanso y un refugio adecuado donde podemos ver materializada la meta-progresión.
El guión se apoya constantemente en este tipo de cuestiones casi ridículas para humanizar a los actores del conflicto

En cuanto al loop jugable, se divide en dos partes: El combate y la política. Respecto a la construcción de la imagen pública que se traslada al mapa del mundo mediante una serie de minijuegos. Estos nos ayudan a ganar el carisma necesario para convencer a los votantes, ya sea realizando discursos, repartiendo regalos o incluso llevando a cabo bailes frenéticos frente a las multitudes. Todo sea por ganar popularidad. Como detalle o guiño las pistas musicales de estos segmentos pertenecen a Anomaly Agent, un guiño que une lo mejor de ambos mundos.
Por el lado de los combates, el sistema es rápido y trepidante. A lo largo de cada escenario debemos enfrentar pequeñas oleadas de enemigos. Al superar dichas secuencias, podemos obtener una mejora, ya sea para el arma principal, la secundaria o adquirir un superpoder. En cuanto a las armas, tenemos una para infligir daño y otra para romper la postura, también podemos hacer bloqueos o parrys, y esquivar con volteretas. También podemos llevar a cabo ejecuciones increíblemente sangrientas. Sea como sea, el verdadero reto reside en controlar multitudes, y mantenerse en constante movimiento, ya que siempre vamos a estar en inferioridad numérica.

El combate se ve enriquecido gracias al sistema de personalización que permite mejorar armas y añadir efectos pasivos para limpiar los niveles con mayor eficiencia. Más allá de eso, también tenemos los clásicos enfrentamientos combates contra los jefes que representan algunos de los puntos más altos de la propuesta. Dichas batallas van más allá del desafío mecánico al integrar la narrativa dentro de la propia acción. Por ejemplo, tenemos a un jefe con aires de caballero cuyo misterioso pasado se revela orgánicamente durante las transiciones de fase de la pelea. Este recurso eleva a los -por ahora- 4 villanos principales muy por encima de sentirse como duros obstáculos con barras de salud gigantes.
A nivel estructural, Anomaly President tiene una forma muy original de integrar el fracaso, haciendo que el mundo reaccione a cada derrota. Cada vez que Venty cae, el presidente Raxford lleva a cabo una cadena nacional para vanagloriarse, mientras que los enemigos recuerdan nuestras incursiones pasadas en cada nuevo intento. Antes de cada batalla, los jefes se van a jactar habernos detenido antes, e incluso vamos a ver como nuevas historias surgen, se desarrollan y concluyen. Esta progresión persistente transforma la frustración de la muerte en un motor de curiosidad. Incentiva la repetición como la única forma de desenterrar los secretos de la trama.

Todo este ambicioso conjunto se presenta con un cuidado apartado visual en 2.5D que combina pixel art con unas animaciones muy cuidadas. Todo respaldado por la incombustible y enérgica banda sonora de Ali Barutçuoğlu. Al tratarse de un título en Early Access, es natural encontrar asperezas como, por ejemplo, la imposibilidad de comprar mejoras a mitad de una partida. A pesar de ello, los cimientos de Anomaly President se sienten realmente sólidos. Es un videojuego con muchísimo carisma y personalidad que tal y como está tiene mucho para ofrecer. Vale la pena darle una oportunidad, porque no tengo dudas de que el equipo de Phew Phew Games seguirá puliendo su trabajo hasta alcanzar su forma definitiva.

Sobre Franco Borgogna
Periodista apasionado por los videojuegos que sueña en mundos pixel-art sin caídas de frames. Streamer a tiempo parcial, fundador de la comunidad “La Orden del Pixel”, amante de la series, las películas y los comics.
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