VIRTUE AND A SLEDGEHAMMER – Análisis

VIRTUE AND A SLEDGEHAMMER – Análisis

El amor es el mejor sentimiento del mundo

por Paula Ridigolo

7 de noviembre de 2026

Deconstructeam y Selkie Harbour plantean una aventura cruda sobre el duelo y el transhumanismo que nos recuerda que aceptar la pérdida es parte de lo que nos hace humanos


Hay una pregunta que la ciencia ficción lleva décadas haciendo: si pudiéramos conservar a quienes amamos para siempre, ¿lo haríamos? La promesa del transhumanismo resulta -cuanto menos- seductora porque apunta justo a donde más duele; a la idea de que la conciencia puede separarse del cuerpo, de que la memoria y la personalidad pueden trasladarse a otro soporte y que la muerte es tan sólo un problema técnico que resolver. El tema es qué hacemos con lo que se pierde en ese traslado, si es que tal cosa sucede, y sobre todo, si lo que queda es la misma persona. Todo este planteo encuentra una respuesta en Virtue and a Sledgehammer, el nuevo título de Deconstructeam.

Virtue and a Sledgehammer nos cuenta la historia de Pratelle, una joven que regresa al pueblo donde creció armada con una masa de veinte libras y una furia que en un principio no hace mucho sentido. Sin embargo, lejos de encontrar a sus vecinos y conocidos, se encuentra con el poblado lleno de robots. Estos parecen conocer a nuestra protagonista, ya que conservan sus recuerdos, rutinas y -aparentemente- sus sentimientos. Todo esto es el fruto de la tecnología desarrollada por su hermana Nina, por lo que nuestro objetivo consiste en encontrarla y confrontarla, derribando todo lo que se interponga por el camino.

Creo que lo mejor que se puede decir del juego es que funciona como un ensayo interactivo sobre el avance de la IA, el transhumanismo y aquello que nos hace ser personas. La idea que lo recorre es la de pasar la conciencia de alguien a una máquina, aunque perdiendo el alma en el medio. Pero no se trata de una metáfora abstracta ya que los robots que encontramos lo viven en ‘carne propia’, por decirlo de algún modo. Algunos no están seguros de si realmente sienten amor, otros no saben qué hacer con su tiempo, y casi todos parecen estar sufriendo de una forma que no terminan de comprender.

Virtue and a Sledgehammer Review

La narrativa es exquisitamente compleja, aunque la jugabilidad -en contraparte- resulta deliberadamente simple. Para llegar hasta Nina tenemos que abrirnos paso a martillazo limpio, acción que se realiza con sólo un solo botón que, dependiendo de cuánto lo mantengamos presionado, cambia tanto el poder como la intensidad del golpe. Da igual lo que tengamos enfrente, sean paredes, muebles, edificios, robots, todo se resuelve igual: lo rompemos. Entre los escombros aparecen fragmentos de memoria, rojos y azules, que al destruirlos nos muestran escenas del pasado de Pratelle. Se trata de un sistema pequeño, pero que cumple muy bien con la función de contar la historia y entender un poco más la situación actual que enfrenta nuestra protagonista y su hermana.

Ahora bien, lo que el juego logra con esa simpleza es tan incómodo como brillante. Hay algo perturbador en el momento previo a un martillazo, cuando algunos robots reaccionan con miedo. Parece como si todavía conservaran una especie de instinto de supervivencia que no deberían tener. No son enemigos en el sentido habitual del término. Sus ataques son torpes porque, al fin y al cabo, no saben luchar. Esa duda cambia por completo cómo se vive cada golpe. En mi caso particular, sentí algo de pena cuando entré en la iglesia del pueblo destruyendo todo a mi paso, sólo para descubrir que los robots que se refugiaban dentro eran en realidad ancianos indefensos. Es una decisión mecánica convertida en dilema moral, y por eso funciona.

La otra gran columna vertebral de Virtue and a Sledgehammer reside en la historia de Pratelle, Nina y su madre, Merche. Las tres cargan con una relación compleja, hecha de amor genuino pero también de reproches, comparaciones y heridas que nunca terminaron de cerrar. En el caso de Merche arrastra, además, creencias de una época muy diferente. Eso se refleja con una honestidad que a día de hoy incomoda porque no hay idealización, sino personas reales con sus luces y sus sombras. Lo que me gustó es que el juego no se coloca en el lugar del juez, sino que nos permite entender a cada una de ellas sin la necesidad de justificarlas.

Es justamente en esa parte donde el juego me golpeó de manera más personal. Mientras recorría los recuerdos de Merche y veía cómo perdía lentamente sus facultades, cómo se dirigía a la muerte, sentí la necesidad de tomar el teléfono y llamar a mi madre. Recordarle cuánto la quiero y la suerte que tengo de todavía tenerla conmigo. Hay una contraposición dolorosa en el corazón de la historia: saber que alguien tiene que irse, querer que se quede, y al mismo tiempo entender que no puede hacerlo dentro del cuerpo de un robot. Aceptar la pérdida es parte de lo que nos hace humanos, y eso es lo que el juego defiende hasta las últimas consecuencias.

Virtue and a Sledgehammer Reseña

Visualmente, apuesta por una estética estilizada con modelos de corte retro y texturas pixeladas que ayudan a crear una atmósfera muy particular. La banda sonora es fantástica. Las piezas están compuestas por sintetizadores ásperos que ayudan a crear un sentimiento inquietante y tenso. Acompañan muy bien todo lo que vemos en pantalla y cambian de acuerdo a la zona en que nos encontramos, aportando personalidad a cada lugar. Además, cuenta con un detalle que me heló la sangre. Llegado un punto, visitamos un cementerio y al destruir unas tumbas, se nos enseñan las fotos de personas que -según entiendo- son quienes ahora habitan en los robots. Ese detalle es tan fantástico como desgarrador. El juego nos dice que ‘no tengamos lástima porque todos están muertos’, y de pronto destruir a un robot cobra un sentido completamente diferente.

Eso sí, hay costuras. Como juego, Virtue and a Sledgehammer es limitado. Nuestra protagonista sólo camina, hay pocos tipos de enemigos, ninguna progresión mecánica y una repetición que se hace notar hacia el final. Los ‘enemigos’ son prácticamente todos iguales, salvo por unos robots más duros que necesitan de dos martillazos para morir. No obstante, es importante tener en cuenta que se trata de una experiencia mucho más próxima a un walking simulator y en ese sentido, brilla. Hay mucha poesía y filosofía en cada juego de Deconstructeam. Lo que más valoro es lo mucho que te hacen pensar con cada una de sus obras, ya sea con la ciencia ficción íntima de The Red Strings Club o la calidez de The Cosmic Wheel Sisterhood. Aquí vuelven a hacerlo con un enfoque más crudo, más directo y, quizás, más urgente. 

Virtue and a Sledgehammer Análisis

Hay algo curioso en el título. La virtud, esa palabra que remite a lo noble y lo justo, convive con un martillo que solo sabe romper. Creo que ahí está la clave: no hay una forma limpia de decir adiós, ni una tecnología que elimine el dolor sin llevarse también lo que lo causa. Lo que nos hace humanos no es lo que logramos conservar, sino lo que aprendemos a perder. En un mundo que insiste en prometernos que nada tiene por qué terminar, Virtue and a Sledgehammer nos recuerda que la finitud no es un defecto de diseño. Es, tal vez, lo único que le da sentido al tiempo que tenemos.


Portada del juego

VIRTUE AND A SLEDGEHAMMER

DECONSTRUCTEAM | SELKIE HARBOUR

Distribuye: Devolver Digital
Plataformas: Steam
Lanzamiento: 27 de Octubre de 2026
Género: Walking Simulator, Aventuras, Acción

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Sobre Paula Ridigolo

Escritora aficionada de historias. Amante de las novelas policiales. No dejo misterio sin resolver. Escuché el primer CD de Pokémon y quedé enamorada de sus canciones.


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