por Ulises Corrales
Desde la invasión Roghar, una ingente cantidad de personas se puso en marcha hacia Mournstead. Algunos llegaron con el ilusorio sueño de convertirse en Centinela Sagrado y conocer en persona a la Juez Clérigo, quien luchó cara a cara contra el dios exiliado, Adyr. Otros llegaron para admirar el reino más poderoso del continente, pues ni siquiera la caballería de Hadlain pudo superar sus defensas. Sin embargo, también existen incontables historias de peregrinos, aventureros, guerreros, aristócratas, brujos, ladrones y asesinos que llegaron persiguiendo un destino muy peculiar: convertirse en portador de una lámpara que confiere inmortalidad, ya que puede alumbrar el camino en el reino de la muerte para devolverte al de los vivos. Pero adueñarse de ella no es fácil, ya que es esta quién elige a su portador.
Se conoce que el primer portador de Lámpara del Umbral era un caballero llamado Ethyrg. Este, cegado por la arrogancia, se autoproclamó maestro de la muerte. Pero cuando la lámpara lo abandonó, descubrió que, tarde o temprano, la muerte nos llega a todos.
Luego tenemos la historia de Iorelo, un soldado que viajó a Mournstead en un intento desesperado por hallar la cura a una terrible maldición. Por ayudar a un camarada, perturbó la paz de un ser ancestral y quedó afligido por un mal que contaminó su carne y su rostro, obligándolo a no quitarse nunca el casco. Pero la maldición tuvo tal magnitud que incluso pudrió su propia armadura. Desdichado, se despidió de su mujer para viajar al reino de la lámpara. Tiempo después encontraron su cadáver, aún maldito, en la cima del resplandor corrupto de Mournstead.
También está el caso de Marco el Hacha, un maldito pirata, un infeliz que solo vivía para el robo y la bebida, que sentía una inusitada comodidad al sostener un hacha de combate entre las manos. Un día quedó varado en las costas de Mournstead y a su hacha pronto se le unió la Lámpara del Umbral. Dicen las leyendas que su cuerpo se le pudo ver en un pozo ubicado en el molino ubicado en Soto Rojo.
Finalmente, tenemos a Rosamund, una soldado embarazada, abandonada por un desquiciado. Pese a la soledad y las dificultades, cuando la lámpara la eligió como portadora se alegró creyendo que la inmortalidad protegería también a su vástago. No obstante, tras su primera muerte descubrió su error: comprendió que lo único que ahora podría engendrar sería muerte. Algunos dicen que, cuando la lámpara la abandonó, adoptó la forma de un espectro que asola a los transeúntes en la oscuridad de los caminos.

Un tema que genera muchas preguntas pero que nadie puede responder con claridad es ¿Que le da poder a la lámpara? Dicen que su creador es Molhu, el último de los Nohuta y único sobreviviente del genocidio de los Centinelas Sagrados. Lo cierto es que este artefacto transita entre la vida y la muerte, concediendo la inmortalidad a su portador pero con un costo muy alto. La Madre de la Putrefacción, esa entidad infernal se aprovecha de cualquier desgraciado desesperado, entregando la lámpara para revivirlo bajo un siniestro contrato: El portador debe enviar tantas almas como sea posible al Umbral, su morada. Por lo tanto, poseer Lámpara del Umbral es encontrar una maldición ya que la última alma que el artefacto consume es la del portador.
Cabe destacar que la Madre de la Putrefacción y Adyr no se llevan nada bien, ya que el dios caído comprende que cualquiera con la capacidad de revivir es una amenaza para su retorno. Por eso, entrenó a un Roghar para cazar a los portadores, adhiriéndole un parásito del propio Umbral. Esta criatura de cuatro brazos cabalga sobre un cerbero alado y empuña dos espadas, una lanza y un escudo. Solo escuchar el aleteo de esa bestia es suficiente para hacer mear en los pantalones al más rudo. Algunos dicen que mató al último dragón avistado en Mournstead. Se hace llamar el Segador de Luz y sus víctimas se cuentan por montones, pudiendo encontrar las tumbas a lo largo de todo el reino.
El Segador de la Luz enfrentó a portadores formidables, como el Carnicero Albino, un psicópata sanguinario que desayunaba entre la sangre y las vísceras de sus víctimas, letal con sus patadas espartanas. También al Peregrino Sangriento, el último miembro de los Peregrinos Primigenios, tipos que dejaban una estela de cadáveres tras su paso. Al igual que ellos, muchos cayeron en combate, pero solo uno logró plantar cara a este temible Roghar: un errante sin nombre ni linaje conocido, al que todos llaman el Errante de Hierro.

La Lámpara del Umbral también estuvo en medio de una historia de amor. Los protagonistas de esta eran dos Centinelas Sagrados. Como sabemos, esos locos fanáticos infundían respeto y odiaban a los adoradores del Umbral con toda su alma. Y dado que un portador es prácticamente un elegido por dicha dimensión, ya podemos hacernos una idea de como terminó la cosa.
Katrin y Byron servían en las filas de los Centinelas y, como dos jovenzuelos que eran, se enamoraron aún sabiendo que esto estaba prohibido y que podían recibir un severo castigo si eran descubiertos. Comenzaron a verse a escondidas en el desfiladero del Fuerte de los Perceptores, lo que hoy es la Abadía de las Hermanas. Allí, Byron entregó un colgante a Katrin como muestra de afecto, ignorando que esa baratija le acarrearía graves problemas a su amada. Sin embargo, su orden no era el único obstáculo.
Como era de esperarse, los Centinelas descubrieron el amorío. Los apresaron, y el mismísimo Tancred se encargó del castigo: los colgaron en jaulas separadas, una frente a la otra, en las afueras de la Torre de la Penitencia, el lugar donde encerraban a los adoradores del Umbral. A pesar de sus convicciones, el amor que la joven pareja se profesaban era más fuerte y los mantenía unidos. Al no encontrar forma de separarlos, se tomaron medidas más drásticas: torturaron, desilusionaron y mataron a Katrin.
Lo que ignoraban era que ella se levantaría de nuevo, impulsada por la lámpara, para descargar su furia. Esto permitió a la pareja pasar un tiempo más juntos, aunque ambos sabían que, tarde o temprano, si no era el Segador, sería el propio artefacto quien pondría fin a esta relación. Cuando el Umbral finalmente consumió a Katrin, Byron intentó recuperar el colgante que le había regalado; era lo único que atesoraba por haber pertenecido al amor de su vida. Al descubrir que había sido robado, cegado por la furia, juró cortarle la mano y la cabeza al ladrón.
Existen muchas historias y leyendas acerca de los portadores de la lámpara. Muchos ansiaban su inmortalidad, poder y misticismo, pero pocos comprendían sus verdaderos riesgos. Solo existió un portador que aprendió a controlarla por completo. Dicen que lo vieron vagando por el continente, pero también se comenta que ese errante y la lámpara ya son uno solo.

Sobre Ulises Corrales
Soy un apasionado de la fantasía oscura medieval y fanático de los soulslike. Cuento historias con voz sensual en cada hoguera en la que paro a descansar.
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