Antes de comenzar con esta reseña, tengo que aclarar dos cosas. En primer lugar, AION 2 es un MMORPG coreano; quienes conozcan el género y su país de origen, saben a qué tipo de experiencia me refiero. En segundo lugar, personalmente no disfruto de la filosofía detrás del diseño de este tipo de juegos. Y es desde ese lugar que me paro para escribir este análisis, teniendo como bagaje incontables horas en títulos similares que últimamente adolecen de los mismos problemas. Ante esto surge la pregunta: ¿Tiene el título NC lo necesario para cambiar la forma en que vemos a este tipo de experiencias? La respuesta es no y el ‘porqué’, lo explico a continuación.
Si bien consumo y disfruto enormemente las propuestas online, admito que encaré AION 2 con cierto escepticismo. No soy un jugador casual en este tipo de juegos. Al contrario, me encanta sentarme un fin de semana a ‘farmear‘ materiales, repetir la misma mazmorra una decenas de veces, o hacer las típicas misiones diarias. Estos conceptos pueden sonar extremadamente familiares para cualquier persona asiduas a los MMO. De hecho, ‘Progresión’ es mi segundo nombre, y lo que más disfruto en un título de estas características.
Lo hice durante años en World of Warcraft y pasé madrugadas enteras repitiendo raids en Destiny buscando ese elusivo botín exótico. En esos universos, el esfuerzo se integra a la jugabilidad: jugás, te divertís, te cuesta, pero eventualmente lo lográs. En cambio, esta secuela convierte esa idea de avance en un loop insalubre, monótono y agotador. La sensación de progreso es casi inexistente, castigando nuestro tiempo en favor de un modelo económico predatorio. AION 2 se siente como un segundo trabajo en el que, además, nos pagan muy poco.
El juego abraza los elementos clásicos del género (si tomamos MMO coreano como tal), donde la rutina se basa en acumular una cantidad excesiva de recursos idénticos solo para tener una probabilidad ínfima de mejorar marginalmente a nuestro personaje. No exagero: demanda de pasar horas picando piedras, recolectando plantas o masacrando campamentos de monstruos tontos que no ofrecen ningún desafío táctico. Todo para poder conseguir los materiales necesarios para seguir haciendo lo que estamos haciendo, solo que de manera ligeramente más eficiente.
Es una experiencia constante, contradictoria, en la cual todo el tiempo se nos está recompensando por lo que hacemos y al mismo tiempo parece como si no estamos progresando realmente en nada.
Por momento me sentí como un hámster en dando vueltas en la rueda: te movés rápido, gastás energía y hacés un esfuerzo enorme, pero estás atrapado en un ciclo de desgaste sin impacto real. AION 2 es una experiencia constante, contradictoria, en la cual todo el tiempo se nos está recompensando por lo que hacemos y al mismo tiempo parece como si no estamos progresando realmente en nada. La interfaz te bombardea con estímulos constantes. A cada rato recibimos cofres, medallas, ítems de colores y barras que suben tras matar tres bichos. Sin embargo, pese a este goteo incesante de premios, nunca es verdaderamente gratificante.

Al final del día, es fácil darse cuenta de que el progreso real -ese que de verdad te permite acceder al contenido avanzado- está bloqueado a menos que pases por caja para evitar este estancamiento perpetuo o dedicar una cantidad insalubre de tiempo farmeando. De lo contrario, tenemos las mismas tareas con distintos personajes, porque hasta para realizar simples actividades como dungeons el juego requiere de recursos que, si bien técnicamente podemos conseguir sin pagar, se asegura muy bien que esa no sea una opción viable para todo el mundo. Y acá entra el verdadero problema: este sistema hostil no es una accidental decisión de diseño, sino una estrategia fría y calculada.
AION 2 utiliza un modelo económico diseñado para asfixiar sistemáticamente al jugador y empujarlo a la tienda. Las microtransacciones dan forma a la experiencia, rompiendo cualquier noción de equilibrio. No hablamos de micropagos estéticos inofensivos, con los que uno podría estar más o menos de acuerdo; acá tenemos pases de batalla dobles, suscripciones acumulables y monedas premium que otorgan ventajas directas y destrozan la competencia justa. Quienes usan su tarjeta avanzan a pasos agigantados, mientras que el resto se ve atado a una rutina que quita magia a la experiencia, afectando tanto el apartado PVP como el PVE.

Este es un juego F2P, y es entendible que necesita generar ingresos. No hay nada cuestionable ahí. El problema es la forma en la cual lo hacen. Desde mi punto de vista, el modelo de AION 2 no solo daña la experiencia y opaca elementos que podrían considerarse positivos, sino que tampoco incentivan a gastar dinero dado lo predatorio de su modelo económico. No genera el deseo de pagar, genera rechazo. Si pasamos a analizar el apartado artístico, las contradicciones no hacen más que aumentar. Técnicamente, goza de los defectos y las bondades de Unreal Engine 5. Los paisajes son masivos, la distancia de dibujado es imponente y detalles como la física de los fluidos o el oleaje dinámico te dejan con la boca abierta durante los primeros minutos. Al mismo tiempo, el juego de vez en cuando muestras problemas para cargar modelos o texturas.
Pero más allá de lo técnico, siento que al juego le falta alma. El apartado artístico se siente genérico, repitiendo los clichés visuales que cierto sector del mercado asiático exprime desde hace una década. Los monstruos, las armaduras exageradas, los personajes y las ciudades parecen sacados de una plantilla prefabricada. Apreciaciones al margen, AION 2 conoce perfectamente a su público y no tiene intención de ganarse a los escépticos. No es un mal juego en sus bases mecánicas -el sistema de vuelo libre es divertido y técnicamente sólido-, pero viene encadenado a una monetización que drena la paciencia de cualquiera. No voy a mentir, hubo momentos esporádicos en los cuales me divertí con este título. Los dungeons es de lo mejor que tiene el juego y los disfruté bastante. O al menos así fue hasta que el juego me pidió más dinero para poder seguir realizando dicha actividad.

Al margen de de los destellos de genialidad que pueda tener el juego de NC, la experiencia general resulta tediosa y el endgame no resulta particularmente interesante a menos que se quiera tomar AION 2 como un segundo trabajo de tiempo completo. Eso hace que sea muy difícil sumergirse en todo lo que el juego tiene para ofrecer. Es ‘uno de esos juegos’. Más allá de que es ‘gratuito’ dudo que eso ayude a atraer a nadie ajeno a esta vertiente hardcore y comercial de los MMO orientales. La experiencia demanda de tener el cuero duro para soportar su economía porque de lo contrario, la frustración puede apoderarse y ganar mucho antes de llegar a desplegar las alas por primera vez.

Sobre Mariano Daneri
Me gustan las milanesas con fideos.
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