CRIMSON MOON – Análisis

CRIMSON MOON – Análisis

Angeles, demonios y mucho heavy metal

por Franco Borgogna

30 de septiembre de 2026

Pese a algunos tropiezos, el roguelite-soulslike de ProbablyMonsters destaca gracias a su acción inmediata y un modo cooperativo genuinamente divertido


Luego de mi sesión práctica con Crimson Moon en la Gamescom 2026 comentaba que siempre resulta fácil hablar con el diario del lunes, pero juzgar una obra conociendo de antemano sus tropiezos pos-lanzamiento es, cuanto menos, injusto. Aquella primera toma de contacto me dejó con unas sensaciones francamente buenas, pero teniendo plena conciencia de que las valoraciones generales no eran particularmente positivas. Ahora, varias semanas después de ese contacto inicial, finalmente pude dedicar varias horas al trabajo de ProbablyMonsters y si bien al principio las cosas se hicieron cuesta arriba, una vez me adapté al ritmo de juego, lo pasé muy bien. Eso sí, la obra denota una falta de pulido en varios aspectos clave, pero afortunadamente nada de eso impide el disfrute de la obra.

Crimson Moon nos sumerge en una atmósfera de fantasía oscura de corte gótico que, si bien resulta atractiva a nivel visual, pronto revela sus limitaciones argumentales. Jugamos como un Nefilim -un híbrido nacido de la unión entre un humano y lo divino- que forma parte de la Orden de la Luna Carmesí. Nuestro objetivo consiste en defender la ciudad de Gildenarch, el último bastión de la humanidad, de una invasión demoníaca. La forma en que todo esto se nos cuenta resulta bastante superficial. El juego hace uso del viejo truco de la ‘narrativa fragmentada’ pero sólo para dar forma a una trama simple que sirve como excusa para lo que aquí estamos: repartir espadazos. Como resultado, la trama se siente genérica y a raíz de ello resulta difícil empatizar con el destino del mundo que intentamos salvar.

Sin embargo, pese a lo endeble de su guión, Crimson Moon sabe exactamente qué tipo de experiencia quiere ofrecer. El título no pretende reinventar la rueda y erige su jugabilidad sobre dos grandes pilares. Por un lado, de los soulslike toma la gestión de resistencia, parrys y esquivas. Por el otro, se apropia de la progresión de los roguelites y el loot de colores propio de los RPG de acción estilo Diablo. Justamente aquí se encuentra una de sus mayores virtudes. No quiere convertirse en el próximo hito de la industria, sino que apunta a ofrecer una experiencia rápida, directa y cargada de acción. Es un juego que conoce sus propias limitaciones y se enfoca en ofrecer un loop ideal para sesiones maratonianas como así también para partidas cortas.

La jugabilidad gira en torno al combate cuerpo a cuerpo tomando como referente a Dark Souls, pero no la tercera entrega sino la primera. Esto es un arma de doble filo porque, el juego pretende que uno sea agresivo pero nuestro personaje se mueve lento y carece de agilidad. Parece como si ProbablyMonsters hubiera decidido deliberadamente mirar el icónico título de FromSoftware y, pese a que ya pasó mucha agua bajo el puente y la vara se encuentra más arriba, apostase por ello sin pensarlo demasiado. Acá es donde las cosas se sienten un poco raras porque -al menos en mi caso- la memoria muscular responde a una actualidad donde obras como Elden Ring o Mortal Shell II marcan el pacing.

Es precisamente este núcleo jugable el que puede provocar algunos dolores de cabeza. Y es que en un género que no perdona los errores y donde la precisión es un dogma sagrado, Crimson Moon tropieza con ciertas cuestiones que quedaron en el pasado. Entonces, morir porque la animación de parry es demasiado extensa y tiene una ventana muy ajustada, se convierte en pura frustración. Por supuesto, una vez se supera esa curva inicial y uno logra adaptarse a los controles, la cosa cambia. Cada encuentro se siente satisfactorio porque ya no existe ese temor de caer ante un simple esqueleto. Ahí es donde se aprecia mucho más el peso de los golpes y la espectacularidad de las ejecuciones contribuyen a crear ese estado de flujo que nos hace sentir como máquinas de matar implacables. Además, podemos asumir una forma angelical que nos vuelve virtualmente invencibles pudiendo ‘tanquear’ a cualquier enemigo.

A estos problemas de control se suma un enemigo silencioso pero que cuando se manifiesta puede generar muchos problemas: la cámara. En espacios abiertos la situación es manejable, pero en el instante en que los combates se trasladan a lugares más cerrados o cuando enfrentamos a varios enemigos a la vez, la cosa se complica. Por momentos, parece que el sistema colapsa ofreciendo ángulos ciegos dejando a nuestro personaje tapado por la geometría del escenario. Algo similar sucede con el sistema para fijar objetivos que salta de un enemigo a otro sin seguir una lógica. Es un fallo técnico que atenta contra lo épico que debería sentirse un enfrentamiento. Al final, la solución que encontré para paliar esta situación consistió en baitear a las criaturas una a una y llevarlas a una zona más apta para la batalla.

En cuanto a la estructura del mundo, Crimson Moon se distancia muchísimo de la estructura que tanto popularizó Dark Souls. Dado la inmediatez que ofrece la experiencia, aquí tenemos una iglesia que funciona como nuestra base de operaciones desde donde podemos elegir las misiones. Esta modularidad encaja muy bien con la vertiente roguelite y si bien sacrifica la exploración, tiene un sentido lógico. Aquí el progreso se logra a base de superar dos o tres instancias con objetivos claros como destruir a todos los enemigos o recuperar determinados artefactos y, posteriormente, derrotar al jefe de turno. Debido a esto, en ocasiones el juego se siente un tanto repetitivo. Especialmente cuando se acumulan las horas y volvemos a pasar una y otra vez por los mismos escenarios.

Crimson Moon Reseña

Para contrarrestar esta monotonía, el sistema de niveles, la posibilidad de subir la dificultad y la obtención de botín juegan un papel fundamental. Con esto se brinda -en cierto modo- la motivación para seguir adelante. Al fin y al cabo, cuanto mayor sea el desafío que decidamos afrontar, mejor calidad tendrán las las armas, armaduras y artefactos que suelten los enemigos. Este bucle de conseguir mejor equipo para enfrentar amenazas mayores está muy bien ejecutado. Además, cuando conseguimos suficiente experiencia podemos subir de nivel lo que otorga varias mejoras pasivas como aumento de salud, la posibilidad de cargar más pociones o incluso vidas extras. Incluso podemos aceptar varias misiones secundarias para acelerar el proceso, aunque la mayoría pasan por encontrar un ítem en específico o eliminar un número determinado de enemigos en concreto.

La mecánica de las vidas funciona como en cualquier arcade al uso. Disponemos de una cantidad inicial y cada vez que caemos en combate, podemos revivir a costo de perder una oportunidad. Cuando la última vida se agota, entonces morimos definitivamente y se marca el punto final a la partida. Es por ello que si bien algunas muertes se sienten injustas, al menos el castigo es atenuado. Ahora bien, cualquier atisbo de frustración queda inmediatamente mitigado al adentrarnos en las calles de Gildenarch acompañados. El modo cooperativo en línea para dos jugadores es, sin lugar a dudas, la mejor forma de experimentar esta propuesta. Esto no solo cambia la dinámica táctica del combate, sino que transforma cualquier fallo en una anécdota compartida.

Crimson Moon Review

Por lo demás, Crimson Moon se ve realmente muy bien teniendo en cuenta que no hablamos de una producción Triple A. Los escenarios son realmente detallados y cada uno cuenta con sus características propias. El diseño de las armaduras me encantó y merece una mención aparte dado que hacen que nuestro personaje imponga respeto haciendo que se vea poderoso. Los enemigos también están inspirados, aunque hay muy poca variedad. En cuanto a los jefes, algunos se ven mejores que otros y ofrecen encuentros bastante desafiantes. Eso sí, todos cuentan con una escena introductoria bastante épica. Por el lado de la música, el juego presenta una banda sonora de corte heavy metal que le sienta como anillo al dedo y actuaciones de voz de muy buena factura.

El juego de ProbablyMonsters está lleno de matices. Cuando se analizan todas estas piezas en conjunto, la sensación predominante es que el título tiene unos cimientos muy sólidos pero aún no se termina de construir. Hay un buen juego pero con muchos bordes que todavía están sin pulir. El sistema de combate, la progresión adictiva y la estética gótica conforman una base sumamente robusta, pero en su estado actual, el título se siente como el comienzo de algo prometedor que necesita de ajustes. Afortunadamente, el equipo de desarrollo ya publicó varios parches que corrigen numerosos errores; muchos más de los que imaginé. Eso sí, habiendo terminado el juego, no encuentro muchos motivos como para seguir jugando. El endgame sólo pasa por repetir las mismas misiones una y otra vez. Estimo que esto es algo que terminará por pulirse con el DLC que llegará más adelante.

Crimson Moon Análisis

Dicho esto y habiendo superado las vicisitudes que plagan los oscuros callejones de Crimson Moon, puedo afirmar que si bien la obra se ve lastrada por una jugabilidad que demanda paciencia y algunos problemas técnicos, posee un corazón vibrante. Es una propuesta entretenida, inmediata y muy divertida en su apartado multijugador que al final del día cumple con lo que propone. El trabajo de ProbablyMonsters ofrece una cacería sangrienta, desafiante, llena de botín y mucho heavy metal. A pesar de su accidentado debut, me alegro de haberle dado esa oportunidad y de descubrir un título notable que, con algo de tiempo y pulido, puede llegar a ganarse el cariño de muchos jugadores.


Portada del juego

CRIMSON MOON

PROBABLYMONSTERS

Distribuye: ProbablyMonsters
Lanzamiento: 1 de Septiembre de 2026
Género: Acción, Aventuras, RPG

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Sobre Franco Borgogna

Periodista apasionado por los videojuegos que sueña en mundos pixel-art sin caídas de frames. Streamer a tiempo parcial, fundador de la comunidad “La Orden del Pixel”, amante de la series, las películas y los comics.


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