por Franco Borgogna
20 de septiembre de 2026
Con Endling: Extinction is Forever, Herobeat Studios me rompió el corazón, en el mejor sentido posible. La obra hacía uso de la tragedia y la vulnerabilidad para transmitir un potente mensaje ecologista. Cuando supe que el equipo regresaba a Gamescom 2026, no dudé un minuto en acercarme al Indie Arena Booth para conocer más acerca de su nuevo proyecto: Wilderings: The Lost Spring. El título, previamente conocido como Rewilders, mantiene intacta la filosofía del estudio, sin embargo, abandona la melancolía pausada por una propuesta que gira en torno a la acción pura y dura, mezclando elementos metroidvania y mecánicas roguelite, con un combate estilo soulslike, demandante pero accesible.
El salto conceptual y mecánico respecto a su anterior trabajo es gigantesco. El estudio demuestra una gran ambición apartándose radicalmente de la fórmula que le ayudó a dar forma a un videojuego muy premiado para probar algo diferente. Y es que cuando Endling ofrecía una experiencia de supervivencia de desplazamiento lateral, Wilderings abraza por completo las tres dimensiones y mecánicas radicalmente opuestas. Es un cambio que se siente como una evolución, sólo que ahora la naturaleza ya no es solo algo de lo que huir o en lo que sobrevivir a duras penas, sino que tenemos un ecosistema que sanar a través de un bucle de jugabilidad adictivo.
Wilderings: The Lost Spring tiene como protagonista a Abi, una joven que además de purificar la tierra corrompida a causa del uso desmedido de pesticidas también deberá salvar a su familia adoptiva. Para ello el juego adopta un sistema de combate táctico y exigente que me obligó a combinar ataques cuerpo a cuerpo con habilidades a distancia, esquivas y parrys. La trama se desarrolla poco a poco y en cada incursión pude aprender un poco más de este mundo, de los enemigos, de la protagonista e incluso de los Hântu, unas criaturas tipo Pokemon que ofrecen asistencia durante la batalla. El punto es que, gracias a ello, cada intento de sanar el planeta se siente fresco y desafiante.
Respecto a los Hântu, estas místicas y adorables criaturas se convirtieron en unos aliados formidables tanto en la exploración como en la batalla. La sinergia que se crea al luchar junto a ellos es realmente interesante. Cada uno aporta un abanico de habilidades activas que me salvaron en más de una ocasión. De hecho, añaden varios efectos de estado que contribuyeron a alterar mi estilo de juego, haciendo que fuera más agresivo. Durante la sesión práctica puede experimentar con diferentes combinaciones de criaturas aunque Woolra se convirtió en mi favorito gracias a su poder que generaba una especie de escudo que hacía volar a los enemigos por el aire.
Se siente como una evolución, sólo que ahora la naturaleza ya no es solo algo de lo que huir o en lo que sobrevivir a duras penas, sino que tenemos un ecosistema que sanar.
Más allá del combate, el mundo de Wilderings es hermoso. El juego incorpora un fuerte componente metroidvania con el que fomenta la exploración. Si bien en la demo sólo pude hacer uso de un gancho para alcanzar nuevas zonas, Javier Ramello (CEO del estudio) me anticipó que Abi contará con un arsenal de herramientas sumamente útiles para tal fin. Por ejemplo, vamos a poder correr por las paredes o hasta hacer uso de un planeador. Estas mecánicas se integran con total fluidez a la experiencia, e incentivan a explorar el mapa hasta el más mínimo detalle. Gracias a ello, pude trazar rutas verticales por los entornos o acceder a lugares de otro modo inaccesibles.

La experiencia jugable en la Gamescom 2026 giró en torno al bioma volcánico. Esta zona ofrece un espectáculo visual donde el peligro aguarda en cada esquina. El lugar estaba compuesto por pasillos de piedra incandescente y ríos de lava. Mientras avanzaba, luchando contra los Vlugkins llegué hasta una arena iluminada por magma, lugar que sirvió de escenario para el combate contra Rhöe, una imponente polilla gigante que me hizo pedazos en cuestión de segundos. En este enfrentamiento me di cuenta de que, si bien el juego es súper lindo y colorido, también es exigente. Desde Herobeat Studios tienen la intención de que cualquiera pueda disfrutar del título, pero eso no significa que vaya a ser fácil. Claro, lejos va a estar de presentar la dificultad de un Dark Souls, pero no hay que confiarse.
En cuanto a la meta-progresión, Wilderings presenta varios sistemas. Los mismos se pueden desarrollar en la Skyship, una especie de barco volador que funciona como el hub o base central. Por un lado, está el árbol de habilidades para Abi, el cual es compartido con los Hântu, evidenciando que existe una especie de relación simbiótica entre la protagonista y las criaturas. Ahí también pude plantar árboles que añaden diferentes pasivas como revivir una vez por run o aumentar las probabilidades de que aparezcan determinados recursos u objetos en el mapa. Es un contraste sumamente encantador que invita a desconectar de las amenazas del mundo y a disfrutar de un momento de paz. Y todo en compañía de una banda sonora exquisita, compuesta por el maestro Manel Gil-Inglada.

La sesión práctica con Wilderings: The Lost Spring me dejó muy buenas impresiones, pese a algunos detalles que evidentemente todavía requieren de pulido. Más allá de eso, el juego de Herobeat Studios tiene todo para convertirse en una propuesta indie realmente interesante. Quedé con ganas de más, y al regresar de Gamescom descargué la demo disponible en Steam para dedicar varias horas más a disfrutar del título. Sin temor, puedo asegurar que el estudio supo mantener el corazón y el mensaje ecológico que los hizo destacar, pero envolviéndolo en una jugabilidad muy diferente, profunda, y con una dirección de arte preciosa.

Sobre Franco Borgogna
Periodista apasionado por los videojuegos que sueña en mundos pixel-art sin caídas de frames. Streamer a tiempo parcial, fundador de la comunidad “La Orden del Pixel”, amante de la series, las películas y los comics.
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