Tal como solía decir Aristóteles hace más de dos mil años ‘Lo breve y bueno, es dos veces bueno‘. Sin embargo, si trasladamos esto al mundo de los videojuegos, pocas son las propuestas que logran este cometido. Un claro ejemplo de ello es Vlad Circus: Curse of Asmodeus, un título que lo consigue de forma exquisita. Lo hace a través de una sencillez y simpleza que no carece de profundidad, matices y contrastes. Es una aventura gráfica de corte pixel art, que presume de una personalidad fresca, dinámica, divertida y tan bien construida, que se disfruta de principio a fin. El trabajo de Indiesruption ya nos había dejado muy buenas impresiones, lo que definitivamente terminó de asentarse en su versión final.
En mi caso personal, conocí esta secuela de forma independiente. Me refiero a que el estudio anteriormente había lanzado Vlad Circus: Descent Into Madness, juego que forma parte del mismo universo y centra su historia en el circo de fenómenos desde la perspectiva de Oliver Mills. Lo primero que me llamó la atención, es que esta segunda parte deja en evidencia la evolución a la sencillez. Curse of Asmodeus deja de lado el control de estrés y la gestión de armas, por lo que se siente como una propuesta más íntima. La aventura comienza con un mensaje advirtiendo el contenido no apto para sensibles, para invitarnos a disfrutar de una obra que sigue la travesía de Josef Petrescu.
Nuestro protagonista despierta de la muerte sin saber cómo y porqué terminó quemado en una catacumba. Desde allí la narrativa nos sumerge en un viaje que se divide entre entender la situación y recuperar los recuerdos que se reflejan en los espejos, mientras Josef escribe un diario personal comentando el proceso. La historia se desarrolla paralelamente en dos tiempos: el presente y pasado, una combinación que termina de forjar una experiencia tan íntima como perturbadora. La trama consigue enganchar gracias a los contrastes entre un subsuelo grotesco y plagado de ratas, y el camino de un alcohólico que quiere enderezarse, tal vez no de la manera más honesta, con la esperanza de una nueva oportunidad, el viaje a Reno, coloreado con cantos de pájaros, promesas de familia, amor y otros males.

La ambientación es magnífica. Los sonido de las goteras, ratones, moscas y fluidos, se funden con una banda sonora que genera una excelente inmersión en cada escena. La mecánica del fósforo, es el elemento propicio para generar tensión, ya que el hecho de no saber que nos aguarda en las sombras mantiene el suspenso de cada escenario. Además de agregar un dinamismo visual que enriquece la experiencia. Existencialismo, Dios, esperanza, familia, amor, vicios, fanatismo religioso, magia, luces, sombras y otros males son sus temas. Una trama atravesada por la advertencia de un parásito maligno, Asmodeo, extraído del testamento de Salomón.
Cada diálogo refleja personalidades arquetípicas bien organizadas, encuadradas, que colaboran en su labor de dar vida a la narrativa hasta el más mínimo detalle
Vlad Circus: Curse of Asmodeus integra el condimento religioso y todos los elementos que lo rodean de forma inteligente. Desde nuestra perspectiva, la búsqueda de la verdad es lo que nos guía. Josef es víctima de una terrible locura, pero lo especial de este título es el cuidado en los contrastes y matices. No solo están trabajados en las escenas, sino también en los textos que se sienten como una montaña rusa emocional. A través de ello, el juego nos lleva por un camino lleno de descripciones grotescas, puteadas y maldiciones, pero también de chistes simpáticos, fragmentos muy bellos y poéticos. Hay mucho talento en la construcción de esta propuesta. Cada diálogo refleja personalidades arquetípicas bien organizadas, encuadradas, que colaboran en su labor de dar vida a la narrativa hasta el más mínimo detalle.

Los textos son un manjar y el diario personal, que aparece sin cortar el ritmo, genera un continuo entre lenguajes que se deja disfruta muchísimo mientras nos empapa de las tensiones psicológicas del personaje. También nos permite llegar a los pensamientos reflexivos de Josef, que suelen manifestarse como una guía indirecta de que hacer o cómo resolver algunas situaciones. Disfruté de Vlad Circus: Curse of Asmodeus del mismo modo que lo hice con un viejo cuento de Borges cuyo nombre olvidé. El juego me llevó de la confusión y el miedo, a la impotencia, sangre y venganza. Cabe destacar que el título está basado en la novela de Durgan A. Nallar ‘Vlad Circus‘, por lo que no puedo más que aplaudir de pie al autor autor y hacer reverencias a Indiesruption por el trabajo realizado en la transición de llevar el texto a su propuesta.
La música, tan agraciada como la narrativa, constituyen un sostén coherente y emocional. Una de las escenas más horrorosas, inevitable, cruel, se combina con un Ave Maria de Schubert: Excélsior. La mejor forma que he visto de apalancar un clímax sublime. Una belleza, potente, poética y a su vez tan siniestra como perturbadora. Vlad Circus: Curse of Asmodeus tiene una duración de 3 horas, pero está tan bien construido y logra mover tantas emociones que me dejaron una conmoción que se extendió mucho más alla del tiempo de juego. Además, está plagado de ‘momentos eureka’, con desafíos y puzzles cuyas soluciones siempre están al alcance de nuestros ojos, siempre que uno no se la complique.

Creo que hablar de mecánicas y sistemas en este análisis es hacer un flaco favor a Vlad Circus: Curse of Asmodeus. El juego cumple en dichos aspectos pero, sin lugar a dudas, la fortaleza de la propuesta residen en su historia impactante, al mejor estilo borgeano. Ver cómo la mente fragmentada de Josef se reconstruye en un mundo víctima de la locura y el fanatismo, se antoja como una combinación divina de elementos que elevan al título al podio de lo sublime. Inesperado y sorprendente, una recomendación asegurada y una referencia maestra a cómo gestionar el ritmo, los personajes, las emociones y la violencia. Una receta fascinante que cumple con todas sus promesas, al tiempo justo, lejos del desborde pero sin mezquindades. Gourmet con un final perfecto.

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Sobre Exequiel Nieto
Lic. en Artes Escénicas. Stremer y profesor, me gusta la filosofía, lo audiovisual y los placeres de la vida. De La Rioja, Argentina.
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