Los Expedientes Malak: MORTAL SHELL II – El Origen del Mundo

Los Expedientes Malak: MORTAL SHELL II – El Origen del Mundo

Una devoción que perdura

por Ulises Corrales

8 de agosto de 2026

Analizamos fotograma a fotograma la beta de Mortal Shell II para reconstruir la historia oculta de Fallgrim y descubrir el verdadero destino del último hijo


Tras jugar la beta de Mortal Shell II, me ha quedado una sensación muy clara: Cold Symmetry no solo está desarrollando una secuela con más contenido o un mapa más extenso. Por el contrario, también está construyendo un mundo mucho más amplio, conectado y narrativamente profundo que el de la primera entrega. Todo se siente más oscuro y tétrico, donde cada rincón esconde una historia o misterio que desentrañar.

Lo interesante es que gran parte de esta narrativa no se desarrolla en los combates o a través de las mecánicas, sino que todo recae en la cinemática inicial. Analizándola, fotograma a fotograma, y comparando con lo que encontramos en esta versión de prueba -escenarios, notas, diálogos y descripciones de objetos—, ya es prácticamente posible reconstruir el origen de este nuevo universo. Y eso es, precisamente, lo que vamos a hacer.

El Legado de Mortal Shell

La historia de Mortal Shell II arranca justo después de los eventos de la primera entrega. Si recordamos, al derrotar al Viejo Prisionero el juego nos daba la opción de ascender a nuestro Expósito. Pues bien, esta secuela le otorga un significado más profundo a ese momento. Según la cinemática inicial, el protagonista ascendió a los cielos y se convirtió en una Almenara: una enorme fogata utilizada para guiar con su luz a quienes se encontraban a la distancia. Sin embargo, durante la beta, estas aparecen como puntos de control que solo pueden utilizarse luego de purificadas, un detalle que nos habla de un mundo completamente corrompido y desnaturalizado.

Tras el ascenso, el reino de Fallgrim vivió en silencio. La introducción acompaña este momento con imágenes musicales, tranquilidad y descanso para los habitantes restantes, retratando una breve era de paz antes del siguiente gran acontecimiento. No sabemos exactamente cuánto tiempo duró esta calma -pudo tratarse de algo efímero o que se extendiera durante siglos-, pero lo cierto es que todo estaba a punto de cambiar.

Después de este periodo, los habitantes presenciaron un evento que marcaría un antes y un después. Desde los cielos descendió una gigantesca masa envuelta en fuego que atravesó el firmamento hasta impactar violentamente contra la tierra. La explosión resultante fue tan descomunal que arrasó todo a su alrededor, alterando por completo la geografía del reino. Nadie imaginó que aquel cataclismo era, en realidad, la llegada de un dios. Así, los hombres, incapaces de vivir sin amar ni creer, encontraron una nueva deidad a la cual adorar.

El Advenimiento de la Inframadre

En aquella bola de fuego se encontraba la Inframadre. Su llegada no solo marcó la aparición de un nuevo ser sobre la tierra, sino el nacimiento de una fe. La historia revela que los hombres veneran sus restos, demostrando que esta inmensa criatura no se recibió con miedo, sino con devoción. Al recorrer los escenarios del juego, es posible atestiguar el lugar del impacto. Durante la introducción atravesamos un inmenso abismo recorrido por puentes y rodeado de colosales estructuras óseas y cartilaginosas.

Aunque no podemos asegurarlo todavía, resulta inevitable preguntarse si caminamos sobre el mismo cráter donde la Inframadre cayó del cielo. Además, es una región repleta de altares y templos, coincidiendo con el tipo de construcciones que los habitantes de Fallgrim levantaron tras la llegada de la deidad. Incluso la gigantesca estructura que aparece en la cinemática vuelve a presentarse durante nuestro recorrido.

La narrativa indica que tallaron templos con los huesos de la diosa, una idea que se confirma constantemente: materiales como la Laterita se describen como fragmentos de la ‘Bienaventurada Madre‘, reforzando la premisa de que su cuerpo sigue formando parte de este mundo. Aunque la cinemática nos habla del origen del culto, es muy fácil comprobar que esa devoción sigue viva mucho tiempo después. Nuestro viaje comienza en una aldea donde todos viven para la Madre: sus nombres hacen referencia a flores, realizan sacrificios, participan en rituales y esperan con absoluta fe el momento señalado por su deidad.

Todo esto se traduce como la prueba definitiva de que aquella creencia no desapareció con los siglos, sino que moldeó la vida de todos los habitantes. Sin embargo, un detalle cambia por completo el rumbo de la trama. La narrativa deja de hablar de veneración y confiesa que los hombres saquearon sus entrañas. Ya no bastaba con adorar a la Inframadre; sino que tomaron lo que ocultaba en su interior. Esta decisión originaría el acontecimiento que condenaría para siempre a Fallgrim.

La Caída de una Civilización

Aquella devoción no duraría eternamente. Al profanar las entrañas de la Inframadre, despertaron algo que nunca debieron molestar que moraba, pudriéndose en su interior. Aunque todavía desconocemos la naturaleza de esta misteriosa entidad, queda claro que la ambición humana terminó por librarlo, convirtiendo un acto de fe en el origen de su propia desgracia. No obstante, el Pasajero es el único hallazgo. Los hombres también descubrieron a los hijos de la Madre, unos enormes Ovum que parecen ocupar un papel fundamental en Mortal Shell II.

Tras la liberación del Pasajero, la historia da un vuelco total. Los hombres volvieron sus armas unos contra otros y una guerra consumió el reino, impulsada por el egoísta deseo de poseer un Ovum. Los templos que alguna vez levantaron para honrar a la Inframadre fueron arrasados, y aquella civilización terminó destruyéndose a sí misma. Todo quedó poblado de fortalezas derruidas y campos cubiertos por cadáveres de soldados; escenarios que conservan las cicatrices de este brutal conflicto. Y cuando parecía que la guerra no podía dejar peores consecuencias, se revela que los hijos de la Madre se habían perdido.

El Último Hijo

La ambición del hombre es, como siempre, su perdición. Profanaron a la Madre, liberaron la corrupción del Pasajero Pútrido y condenaron a los hijos de su diosa. A pesar de esto, un último atisbo de esperanza permanece con vida cuando un antiguo guerrero encuentra uno de los Ovum perdidos. Con un pasado olvidado pero una determinación inquebrantable, este pragmático caballero se dispuso a llevar el huevo al único lugar donde podría estar a salvo.

Su peregrinaje fue extenso y arduo. Cruzó aldeas abandonadas donde halló vestigios de otros Ovum ya corrompidos; soportó el azote del frío, y atravesó las llamas del mismo infierno protegiendo con su propio cuerpo al hijo de la Madre. Se internó en la oscuridad de antiguas fortalezas malditas y, cuando el cansancio amenazaba con quebrar su mente, continuó avanzando. Finalmente alcanzó una humilde aldea que aún veneraba a la deidad donde un Heraldo tomó el relevo para transportar al último de los herederos de regreso al vientre del que fue arrebatado.

El Heraldo

La historia no terminó al alcanzar la pequeña aldea; todo indica que el último Ovum permaneció a salvo hasta su eclosión. De él nació Lavanda, un habitante más de aquella humilde comunidad cuyos nombres, curiosamente, aluden a flores, subrayando que todos crecieron bajo el amparo del culto. Esta teoría cobra aún más fuerza al leer la descripción del personaje en el propio juego: ‘Lavanda. Uno sobrevivió. Uno fuerte.‘ Son las mismas palabras que utiliza la cinemática al referirse al último huevo. Quizá esta descripción hable de su origen como el único hijo sobreviviente.

Es a él a quien encontramos al inicio de la aventura. Ruk lo despierta con unas palabras reveladoras: ‘¿Crees que eres uno de ellos? Pues no lo eres. Aquí naciste, pero perteneces a otro lado.‘ Una frase que confirma que su destino jamás estuvo allí, pues ya estaba elegido antes incluso de venir al mundo. Tras ese despertar, el Heraldo toma posesión del cuerpo de Lavanda y, guiado por la voluntad de la Inframadre, se dirige hacia el lugar donde descansa el guerrero. Es entonces cuando la propia Madre revela el nombre del desconocido: Harros. Esto permite al Heraldo utilizar su carcasa para emprender el verdadero viaje.

Sin aquel cuerpo, jamás habría cumplido su misión. En las profundidades de una antigua mina, Harros realizó su último acto heroico. Aquel guerrero orgulloso y arrogante encontró al fin un propósito por el cual morir definitivamente. Su armadura resistió el golpe mortal de un colosal Gólem, salvando al Heraldo y, con él, al último legado de la Madre. Allí termina su historia. Su cuerpo quedó petrificado para siempre, inmortalizando el instante en que protegió el futuro de la diosa. Desde la ascensión del Expósito hasta ese momento transcurrió toda una era; lo que hizo durante ese tiempo es un misterio que, ojalá, Cold Symmetry decida contarnos algún día.

Por ahora solo sabemos una cosa: el viaje del Heraldo continúa. Harros es apenas la primera carcasa. Si desea cumplir la voluntad de la Inframadre, deberá encontrar nuevos cuerpos que poseer y quizá rescatar a otros hijos que aún permanecen ocultos. Si algo aprendimos de esta versión de prueba, es que Mortal Shell II esconde mucho más de lo que parece. Esto es solo el primer paso. Todavía quedan muchos secretos, personajes y misterios por descubrir, y los vamos a desentrañar uno por uno.

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Sobre Ulises Corrales

Soy un apasionado de la fantasía oscura medieval y fanático de los soulslike. Cuento historias con voz sensual en cada hoguera en la que paro a descansar.


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