por Ulises Corrales
25 de julio de 2026
El universo de Lords of the Fallen es amplio, trágico y profundo. Con anterioridad repasamos la caída de Mournstead, la corrupción de la Juez Clérigo y el fatídico destino de los portadores de la Lámpara del Umbral. Sin embargo, pocas veces hablamos de cariño, afecto o pasión. Es por eso que en esta ocasión vamos a analizar en profundidad cuáles fueron los motivos que provocaron la ruina del rey Bramis. Recordemos que el amor es el causante de algunas de las historias más emocionantes, románticas y esperanzadoras; no obstante, también es el sentimiento que provoca situaciones muy trágicas, patéticas y miserables.
Las historias de los reyes de Mournstead están llenas de conspiración, misterio y traición. Solo por mencionar un ejemplo, el Anillo de Protectores del Soberano nos cuenta que a uno de los monarcas lo intentaron asesinar; por ello, tuvo que formar un cuerpo de soldados especiales que servirían como su guardia personal. Por otro lado, la Reina Verena II -quien aceptó a los emigrantes de Udirangr– murió asesinada, aunque otros dicen que falleció por una enfermedad corta pero letal (Anillo de la Reina Verena II). Sin embargo, recordemos que los Centinelas Sagrados no estaban de acuerdo en aceptar a personas que no adoraran a Orius, así que podríamos pensar que ellos fueron los responsables de su muerte.
También podemos recordar a la princesa que contrató a un sicario de las Tierras Solemnes para realizar un asesinato, según nos revela el colgante Aguijón de la Princesa. Como vemos, llevar la corona del reino más poderoso del continente conllevaba fuertes y cuestionables intrigas respecto a la lealtad y seguridad del monarca. Además de las preocupaciones que las aspiraciones al reino generaban en el gobernante, también estaban aquellas causadas por el fanatismo y el delirio religioso que se vivía en Mournstead.
Hacía años que los moradores de este reino habían exiliado a una entidad maligna muy poderosa. Aunque vivían a la sombra de su retorno, el reino alcanzó prosperidad y poder gracias a la paz que sobrevino tras exiliar a Adyr, el dios caído. Sin embargo, sus adoradores se esparcieron por todo el continente, venerándole en las sombras. Su fe era tan fuerte que, a pesar de la persecución de los Centinelas Sagrados, continuaron realizando sus ritos y cultos en las montañas, en las profundidades de Mournstead y en los lugares olvidados del reino.
Al mismo tiempo una ingente cantidad de personas llegaba al reino para convertirse en Centinelas Sagrados. Esto se volvió una amenaza para el reino. Incluso los soldados del ejército comenzaron a abandonar sus puestos para peregrinar e intentar convertirse en seguidores de la Juez Clérigo y de Orius, el dios del Resplandor.

En medio de las pugnas por el poder que otorga la corona, sumadas al fanatismo religioso -tanto del oriusanismo como de los vestigios de la adoración a Adyr-, tenemos a Bramis. Él era el decimoséptimo de su linaje, un rey de semblante severo e imponente presencia (Evocación), cuyo mayor problema no sería la traición de los aspirantes al trono ni la fe de los fanáticos, sino el amor.
El rey Bramis heredó un reino ya de por sí turbulento. Sin embargo, procuró hacer lo correcto por su nación y sus seres queridos. Pese a ello, lo que nunca imaginó es que el imperio que sus ancestros habían forjado podría terminar derrumbado sin armas ni asedios. Sin espadas ni hachas, o tan siquiera con veneno en la copa o una daga en la espalda. Todo llegó mediante el sentimiento más peligroso de todos: El amor. Dicho sentimiento se convirtió en el arma más poderosa y eficaz contra la carne y el acero.
Entre las familias nobles de baja alcurnia de Calrath, había una cuya hija, Sophesia, poseía una belleza que eclipsaba a todas las mujeres del reino, con la capacidad de hipnotizar a los más poderosos de Mournstead. No obstante, dada su condición, nadie sopesó la posibilidad de bajar su estatus para desposarla. Pero para el Rey Bramis XVII esto no significó ningún problema. La perfección, valentía y el misterio que aquella mujer poseía, hizo caer rendido al hombre más poderoso del continente.

Sophesia jamás esperó ni deseó acabar en una posición de poder pero un fortuito encuentro con el rey cambió el rumbo de su familia y el de su patria (Catalizador de la Reina Sophesia). No se sabe mucho de la procedencia de esta joven, pero, por los cuadros que encontramos en el castillo, parece que provenía de Kinrangr. Además, los lugares relacionados con ella aluden al dragón rojo, símbolo de las tierras heladas del Feudo de la Escarcha; un pretexto importante para que los fanáticos Centinelas la repudiaren.
El vestigio del rey en el Descanso Celestial nos muestra la lucha interna que Bramis empezó a librar entre su mente y corazón. Definitivamente, todo estaba en contra de aquella relación. La clase noble de Mournstead y la corte del reino murmuraban y criticaban esa unión. El rey sabía exactamente lo que querían decir. Casarse con una noble del estatus de Sophesia anteponía su felicidad personal a la virtud de su estirpe real y al bienestar de la población.
La cosa es que la semilla del amor ya había germinado en el corazón del monarca y nadie más veía en ella lo que él sí. El rey daría su vida por el reino, pero eso no significaba renunciar a la mujer que amaba. Sophesia convertía a Bramis en un mejor hombre, en un mejor rey, y Mournstead era más fuerte con ella a su lado; o al menos, eso era lo que él creía.
Contra toda crítica y conjetura, y ante el juicio y rechazo que enfrentaba su amor, Bramis se casó con Sophesia. Después de todo, él era el monarca y no había nadie con más poder en todo el continente. Lamentablemente, aquí inicia la serie de acontecimientos que terminaron por definir su reinado y marcaron el inicio de la caída de Mournstead.

A pesar de todo, el final comienza de un modo esperanzador. A través del Estigma del hijo del rey en Kinrangr, sabemos que Bramis tenía una muy buena amistad con Yorke, el líder de los Pluma Negra y el regente de Kinrangr. En este punto, vemos al rey comentando a su amigo que tendría un hijo. También menciona que la angustia lo golpeó y que desearía volverse un ermitaño para vivir en el bosque de Kinrangr.
Luego, en el castillo de Bramis, encontramos un estigma que revela detalles muy importantes. Primero, que el hijo del rey con Sophesia había nacido. Segundo, que existe un conflicto abierto entre el reino y los fanáticos (los Centinelas Sagrados y los adoradores de Adyr). Tercero, en el diálogo del estigma, el rey declara que no dejará que su ‘debilidad’ arruine su reino. Bramis está enfermo, pero de algún modo, su amada defiende la condición que el rey enfrenta y le alienta a no verla como una flaqueza.
Esto demuestra que había diferencias muy marcadas entre los dos, pero se respetaban. Nada de ello marcó un impedimento para unirse en matrimonio y formar una familia. Ahora, como ya bien sabemos, de acuerdo al Corazón de Roghar, la mano de Adyr emitía una plaga que infectaba a los moradores de Mournstead convirtiéndolos en Roghar. Lamentablemente, el Bramis estaba afectado por esto y Sophesia, la ‘ayuda idónea’ del rey, tuvo mucho que ver.

Algo que no sabíamos, y que es crucial para entender toda esta historia, es que Sophesia era adoradora de Adyr. Primero, encontramos un estigma donde ella realiza un ritual en un balcón muy escondido en el Puente del Descanso Celestial. Allí, la reina ofrece a Adyr el hijo que lleva en su propio vientre. Es por ello que, luego de liberarla, nos pide información sobre la ‘progenie del Caído’ (diálogo con Sofi). ‘El Caído’ es el título de Adyr (The Fallen God), por lo que se le entrega el Ojo del Gigante (el ojo de un bebé Roghar), al cual ella le habla con profundo afecto.
El jefe conocido como La Estirpe Repudiada (es decir, un hijo abandonado, cuyo símbolo es un cordón umbilical) es el producto de ese ritual en el puente. Sophesia prácticamente entregó a su hijo con Bramis como ofrenda. Evidentemente, esta transformación no se produjo de inmediato, pues vemos cómo ambos disfrutaban de su hijo, pero sí ocurrió a muy temprana edad. La misma reina menciona que él nunca conoció su propio rostro, no se habla de ningún tipo de deformidad previa. Y por otro vestigio sabemos que el niño se llamaba Edivar.
Sin embargo, nunca volvimos a oír de él. Tras derrotar a este bebé Roghar, vemos el estigma donde Sophesia le cantaba canciones de cuna, todo frente a una estatua de sí misma. Por otro lado, todos los objetos ella nos vende son magia y talismanes infernales; es decir, ítems para canalizar el poder de Adyr. Ella misma poseía su propia herramienta (Catalizador de la Reina Sophesia), y de hecho, la única forma de liberarla de su prisión es entregándole un catalizador de magia infernal: la Acusación Mordaz. Pero, ¿por qué estaba prisionera y quién fue su carcelero?
Cuando la enfermedad de los Roghar empezó a hacer mella en el cuerpo de Bramis, los Centinelas Sagrados entraron en acción. Recordemos que ellos purgaban cualquier señal de los Roghar en el reino, sin importar el estatus social. Esta vez, se enfrentaban nada más y nada menos que al mismísimo rey de Mournstead. Entonces, los Centinelas confrontaran a la reina. No olvidemos que Sophesia tenía ascendencia udirangriana, así que no tendrían mejor oportunidad para deshacerse por fin de esa herejía.

Recordemos que uno de los agobios del rey era el fanatismo religioso que los Centinelas profesaban. Cuando la orden descubre la relación que Sophesia tenía con la adoración a Adyr, intentaron aprisionarla. Es entonces cuando el general del ejército de Mournstead, Fitzroy, ayudó a la reina y a su hijo Edivar a huir del castillo.
Esto lo vemos en uno de los estigmas que encontramos en el castillo de Bramis. La forma en que Fitzroy se dirige a Sophesia alude a una gran confianza e incluso autoridad. De hecho, hasta se podría especular en que la mujer más hermosa del reino, ahora esposa de un rey delirante y loco, podría mantener un amorío con el segundo al mando después del monarca. Fitzroy incluso denuncia ante el rey el atrevimiento de los Centinelas al realizar semejante barbarie, pero Bramis está prácticamente fuera de control y solo expresa incoherencias, aludiendo al poder y al mando de Mournstead.
Aunque Fitzroy ayudó a la reina, al final los Centinelas logran apresarla. Después de esto, a Sophesia no se le conocerá más como la reina de Mournstead, sino como la Prisionera Torturada. En uno de los diálogos con ella, nos menciona que alguien con armadura dorada era el encargado de las torturas. En este contexto, solo es posible pensar en Tancred, el fanático al mando de los Centinelas Sagrados, o en Percival, el Rector Escarlata.

La caída de Mournstead, la locura del rey y el aprisionamiento de la reina coinciden exactamente con la invasión Roghar. El estigma en Calrath nos muestra el momento en que la llevaban prisionera. Para entonces, Sophesia ya era una poderosa hechicera infernal, por lo que ella misma los amenaza. Podemos ver cómo terminó todo Calrath tras esa advertencia, al punto de que es factible pensar en que ella misma dirigió la invasión en el Alto Calrath.
Por otro lado, la Estirpe Repudiada también tuvo su participación en el calcinamiento de la ciudad, siendo probablemente la mayor responsable. Una criatura infantil con el poder y la ira de un dios, separada de su madre, desató una furia infernal sobre todos los moradores, quienes huyeron desesperados del fuego abrasador.
Encontramos vestigios evidencian que el Segador de Luz participó en esa invasión, probablemente porque un portador de la lámpara estaba allí en ese momento. Los nobles y aristócratas de la ciudad más poderosa de Mournstead ofrecieron sus bienes y riquezas a los Roghar a cambio de sus vidas. No obstante, ni el más ostentoso tesoro humano tenía valor para los invasores: arrancarles la piel era el único trofeo que importaba.

Y así, el reino más poderoso del continente cae consumido en las llamas del retorno del Caído. El hechizo Decreto Infernal nos revela que Adyr sentía una profunda enemistad hacia los humanos soberbios, como solían ser los reyes. Por ello, experimentaba placer al saber que en lo más profundo del monstruoso Bramis XVII aún quedaba un fragmento de su antiguo ser. De este modo termina su reinado: su progenie convertida en Roghar, su esposa aprisionada, su reino en llamas, y él encadenado al delirio y a la obstinación por el amor de la mujer que inició la caída de su imperio.
No es sino hasta que un portador de la lámpara llega y libera a la Prisionera Torturada. Este ‘inmortal’ -como ella lo llama- es el campeón de Adyr, el elemento final para la liberación del dios caído. El inmortal ayuda a la prisionera a recorrer los lugares más importantes de su vida: Calrath, la ciudad donde vivía y el mismo lugar donde la separaron de su hijo, y finalmente el castillo de Bramis.
El inmortal hace que Sophesia tenga una última audiencia con el rey, su consorte. Allí, ella puede finalmente despedirse e, incluso, de algún modo pedir perdón. Ve el trono destruido en un castillo abrumado y desolado bajo el poder de Adyr. Al final, la fe de la devota sucumbe ante la culpa, el arrepentimiento y el dolor de ver lo que le causó al hombre que la amaba.

Sobre Ulises Corrales
Soy un apasionado de la fantasía oscura medieval y fanático de los soulslike. Cuento historias con voz sensual en cada hoguera en la que paro a descansar.
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