por Franco Borgogna
22 de septiembre de 2026
Al pensar en Warhammer, lo primero que nuestra mente proyecta es la imagen de mastodontes acorazados que luchan en nombre del Emperador. Sin embargo, Warhammer Age of Sigmar: Deathmaster propone un radical desvío a la típica fantasía de poder para sumergirnos de lleno en la naturaleza caótica, traicionera y escurridiza de los Skaven. Durante la reciente Gamescom 2026, tuve la oportunidad de experimentar de primera mano este oscuro enfoque en una sesión de prueba de 30 minutos. Si bien tenía una idea de lo que podía esperar, el juego logró atraparme rápidamente en este submundo. Esta primera toma de contacto me dejó en claro que dejar atrás los combates frontales para abrazar el subterfugio y la letalidad es un gran acierto donde la supervivencia depende de la capacidad de convertirse en la sombra más mortífera del Clan Eshin.
Warhammer Age of Sigmar: Deathmaster gira en torno al asesino Skaven conocido como Vihneek, y en como escala por la jerarquía de un clan decidido a controlarlo todo pasando por la espada a todo el que se interponga en el camino. En este sentido, el trabajo de Old Skull Games ofrece todo lo necesario para ello. El movimiento del protagonista es genial y si bien se pueden trazar paralelismos con algunos otros títulos del género, presenta una atmósfera única. Para llevar a cabo los asesinatos podemos correr por las paredes, adherirnos a los techos, escondernos en las sombras y apuñalar por la espalda a los incautos. De este modo, la movilidad se convierte en una herramienta fundamental que transforma el entorno en un lienzo que pintar con sangre derramada.
En cuanto a la jugabilidad y forma en que el título está planteado, resulta difícil no trazar paralelismos directos con otros exponentes dentro del género de la infiltración. Sin embargo, queda patente que uno de los puntos de referencia más directos lo podemos encontrar en Mark of the Ninja. El incombustible título de Klei aporta mucho a esta obra, ya sea con las mecánicas de distracción para sortear enemigos o en esa imperiosa necesidad de dedicar algunos minutos a estudiar el movimiento de una patrulla. También se hace notar en la gestión del ruido o de utilizar las sombras como un escudo antes de ejecutar un ataque letal.

No obstante, Warhammer Age of Sigmar: Deathmaster está lejos de sentirse como una ‘copia’. Inyecta una enorme dosis de violencia visceral; algo que es una marca registrada dentro de la facción de los Vermintide. El equipo de Old Skulls Games está dando forma a un juego que -aún en su versión demo- presenta una jugabilidad muy pulida. Por supuesto, durante mi partida algunos pequeños bugs se hicieron presentes, pero es algo esperable. Pese a ello, los 30 minutos de la sesión práctica se sintieron escasos. Para cuando me avisaron que el tiempo había acabado, solté el mando con cierta amargura. Quería seguir jugando y eso dejó algo muy en claro: la fórmula funciona.
El equipo de Old Skulls Games está dando forma a un juego que -aún en su versión demo- presenta una jugabilidad muy pulida.
Más allá del sigilo, otro de los grandes pilares que parece sostener la experiencia reside en el diseño de niveles. Contrario a lo que creía, no se trata de un metroidvania, sino de un juego dividido en niveles con objetivos principales y secundarios. Pero lejos de ofrecer pasillos lineales donde vamos del punto A al punto B, el juego se las ingenió para invitarme a explorar colocando objetos coleccionables de forma estratégica con el objetivo de que saliera del camino principal. Gracias a esto, el ritmo de exploración se siente similar a títulos como Hollow Knight, aunque salvando las grandes distancias que existen entre una aventura de sigilo y otra donde la gracia pasa por perderse en un mundo desconocido.

Desde mi punto de vista, la magia de esta propuesta está en todos estos elementos individuales que convergen creando una sinergia fantástica. La transición entre la cautela del sigilo, la exploración y la resolución de puzzles es realmente fluida, lo que provoca que el ritmo no decaiga. En este sentido también aportan cuestiones que se salen de los márgenes. Por ejemplo, en una ocasión intenté matar a un enemigo sin darme cuenta de que otro me había detectado. Esto me obligó a huir a toda velocidad e improvisar sobre la marcha para mantenerme con vida. Cabe destacar que el combate directo no es una opción ya que Vihneek sólo aguanta un golpe antes de regresar al último punto de control.
Otro aspecto notable es el nivel audiovisual y la ambientación de la obra. La demostración dejó claro que Old Skull Games está haciendo muy bien los deberes capturando la esencia de este oscuro rincón del universo de Age of Sigmar. El título rebosa de brutalidad y de un tono oscuro impregnado por tonos de verde y una estética general que dibuja a los Skavens como los monstruos que son. Es un juego con mucha personalidad. Y esto se hace notar también en los diálogos con líneas que denotan el sadismo y la malevolencia de estos caóticos seres.

Warhammer Age of Sigmar: Deathmaster me dejó unas sensaciones increíblemente positivas y unas ganas inmensas de seguir ascendiendo en esta jerarquía de asesinos. La combinación de una jugabilidad central enormemente absorbente, sumada a una movilidad acrobática y un diseño de niveles que invita a la exploración, funciona a la perfección. Todo ello, envuelto en un oscuro manto de sigilo impregnado por la brutalidad del Clan Eshin, presagia un título sumamente prometedor. Cuando terminó la sesión, experimenté una extraña sensación de anhelo; ese vacío repentino es, ahora mismo, el mayor elogio que le puedo hacer al trabajo de Old Skull Games.

Sobre Franco Borgogna
Periodista apasionado por los videojuegos que sueña en mundos pixel-art sin caídas de frames. Streamer a tiempo parcial, fundador de la comunidad “La Orden del Pixel”, amante de la series, las películas y los comics.
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