NORSE: OATH OF BLOOD – Análisis

NORSE: OATH OF BLOOD – Análisis

Sangre, tropezones y venganza

La saga nórdica de Arctic Hazard apuesta a lo seguro mezclando combate táctico, gestión y una historia de venganza que se deja disfrutar pero que no está exenta tropezones técnicos


Las antiguas sagas nórdicas eran crónicas de linajes, deudas de sangre, mitología y del peso ineludible del destino. Textos que con el paso de los años permanecieron en la memoria de los escaldos para evitar que el honor de un hombre muriese con su último aliento. Estas historias, que oscilan entre la brutalidad más absoluta y una melancolía profunda, conforman la base de innumerables obras modernas, pero muy pocas logran capturar esa esencia despojada de adornos fantásticos. En el caso de Norse: Oath of Blood, el equipo de Arctic Hazard logra llevar todo eso a un entorno digital donde el acero pesa tanto como la palabra, planteando una narrativa que gira en torno al sentimiento de justicia y venganza en un mundo que no perdona la debilidad.

En el epicentro de este relato tenemos a Gunnar, un joven guerrero cuya apacible vida cambia de forma súbita quedando exiliado tras el asesinato de su padre a manos de Steinarr Far-Spear. De este modo, nuestro protagonista deberá rehacer su vida lejos de casa, mientras se convierte en el recipiente de una venganza que lo impulsa a seguir adelante. La trama, escrita por Giles Kristian, intenta huir del tropo del ‘héroe elegido’ para presentarnos a un hombre común que busca cobrar una deuda de sangre. Sin embargo, esto no es algo que siempre logra con efectividad. Me refiero a que si bien este enfoque humano es realmente interesante, la historia en general resulta plana y predecible. Esto provoca que el guión se sienta -en ocasiones demasiado encorsetado, sin permitirse ir más allá de la sed de vendetta.

Norse: Oath of Blood pretende reflejar un mundo con suma precisión histórica, pero añadiendo ciertos toques o referencias a la mitología nórdica. Es decir, no tenemos gigantes o valkirias dando vueltas por ahí, sino que dichas cuestiones se integran a la narrativa de forma orgánica. No obstante, el impulso de venganza de Gunnar no surge por su devoción a Odín, sino por el hecho de que lo perdió todo a manos de un traidor. Es interesante cómo estos temas de fe y religión están insinuados y plasmados, sin que interfieran en la jugabilidad añadiendo habilidades o poderes locos. Puede que esto aplane un poco la propuesta, pero el juego busca retratar la crudeza del combate cuerpo a cuerpo, el choque del acero y el ingenio táctico por encima de cualquier otra cosa.

El combate táctico -apodado como Axe-COM– resulta satisfactorio aunque no muy demandante. Si bien posicionamiento es crítico ya que podemos considerar a un guerrero aislado como muerto, es realmente anecdótico llegar a ese tipo de situaciones. Al igual que en otros juegos del género, los ataques por la espalda, el flanqueo, y las alturas influyen en la precisión o cantidad de daño que podemos provocar. También podemos hacer uso del entorno, concretamente de lanzas o hachas desperdigadas por ahí, que podemos arrojar a los enemigos. Más allá de eso, es importante contar con buen equipamiento y una buena planificación. En lo personal, al inicio lo encontré bastante entretenido, pero pasadas unas diez horas de juego, la falta de nuevas capas hizo que el sistema pierda frescura, al punto de volverse predecible.

Lo único que añade cierto peso es que la muerte de los integrantes de nuestro grupo es permanente. Este es, sin duda, el elemento que mantiene la tensión en niveles máximos durante cada turno. Cada seguidor que se suma al grupo tiene el potencial de convertirse en un veterano indispensable, pero también puede desaparecer para siempre por un error de cálculo o un golpe crítico infortunado. Esta mecánica invita al análisis antes de lanzar a nuestro berserker de cabeza a una refriega. También provoca que cada baja se sienta como la pérdida de un recurso irrecuperable. No obstante, la tensión puede verse empañada cuando un guerrero clave muere por situaciones poco claras en el campo de batalla, generando una frustración que rompe la conexión que el juego intenta construir.

Norse: Oath of Blood Análisis

Por otra parte, Norse: Oath of Blood se para sobre una meseta de dificultad antes de lo deseado. Durante las etapas iniciales, la sensación de vulnerabilidad de Gunnar y sus aliados es palpable, por lo que hace falta exprimir cada recurso disponible. El tema es que cuando logramos equipar a nuestro equipo de vikingos con armamento de calidad y nos acostumbramos al comportamiento predecible de la inteligencia artificial, el reto se diluye notablemente. Esto se debe a que los enemigos rara vez introducen variantes en sus tácticas. De hecho, en reiteradas ocasiones se exponen a ataques de forma abierta o se quedan paralizados sin mover un músculo por evitar su muerte. Al final, los encuentros terminan por sentirse como una rutina de limpieza que como las batallas desesperadas que la narrativa intenta vender.

Más allá de la batalla, Gunnar debe liderar y construir un asentamiento para probar que es digno de reclamar el trono de su difunto padre. Este sistema pretende añadir una capa de complejidad a la propuesta, pero desde mi perspectiva se queda a medias tintas. Mediante la obtención de recursos podemos construir edificios para asegurarnos que nuestra banda de guerra tenga el equipo y la moral necesarios para seguir adelante. Esta faceta del juego intenta aportar cierto peso estratégico a la campaña pero resulta extremadamente chato y poco interesante. Prácticamente no podemos tomar decisiones y las pocas que hay se reducen a construir determinados edificios. No existen los dilemas morales ni problemas de descontento por no contar con suficientes alimentos. Es algo que está ahí para pasar el rato entre misión y misión.

La estructura de la campaña es marcadamente lineal, siguiendo los pasos de Gunnar en su búsqueda de justicia de forma casi inamovible. Si bien esta decisión permite que la narrativa se desarrolle con el ritmo de una novela histórica, limita drásticamente nuestra agencia sobre el mundo que nos rodea. No hay espacio para la exploración libre de las tierras nórdicas ni para decidir alianzas alternativas que puedan cambiar el desenlace de la historia. Dicho de otro modo, somos como el pasajero de un tren con destino predeterminado, donde ni siquiera un desperfecto en las vías puede suponer una alteración. Esta falta de ramificaciones reduce considerablemente la rejugabilidad, ya que una segunda partida ofrece exactamente los mismos hitos narrativos y encuentros, dejando poco margen para la sorpresa.

Norse: Oath of Blood Review

En cuanto al diseño de las misiones, se percibe un esfuerzo por recrear escenarios atmosféricos y visualmente coherentes con el norte de Europa. Antes de entrar en combate, podemos explorar ligeramente los entornos en busca de cofres de tesoro o recursos. El problema es que los objetivos carecen de variedad. La gran mayoría de las tareas se resumen en eliminar a todos los enemigos de un mapa y poco más. Se echa en falta algo más de variedad. Por ejemplo, en un momento aparece un jefe que presenta mecánicas diferentes y realmente esperaba ver más situaciones así pero se trató tan sólo de un segmento aislado. Al final, la repetición de los mismos esquemas de victoria hace que los bellos paisajes se conviertan en el telón de fondo para la monotonía.

Un punto en el que Arctic Hazard da un fuerte tropiezo, es en la ejecución técnica. Lamentablemente es el punto donde el juego muestra sus mayores grietas y/o costuras. En lo personal, me resultó imposible ignorar la presencia de múltiples bugs que afectaron mi experiencia de forma directa. Uno de los más graves me impidió avanzar ya que los enemigos no reaccionaban lo que me obligó a rebuscar por foros a fin de descubrir si existía un modo de evadir este bloqueo. Si bien es algo que logré resolver, la sensación de que todo podía romperse de un momento a otro siempre estuvo latente. Estos errores, se sienten como el fruto de un lanzamiento apresurado. Y si bien es cierto que el equipo de desarrollo solucionó varios de estos inconvenientes, dejan en evidencia una clara falta de pulido.

Estos problemas de optimización también lastran el ritmo de la partida. Las transiciones entre la calma del asentamiento y el fragor de la batalla presentan tiempos de carga resultan inusualmente largos. En cuanto a los menús del asentamiento, resultan confusos y exasperantes. También sucede que en ocasiones el equipamiento que podemos asignar a nuestro equipo desaparece y en otras ocasiones se duplica. Toda esta falta de agilidad técnica obliga a reiniciar misiones e incluso el juego, diluyendo la urgencia en la cruzada de la venganza de Gunnar. Todas estas cuestiones convierten al título en una experiencia algo lenta y, por momentos, tediosa.

En cuanto al apartado audiovisual es una moneda de dos caras que define perfectamente la irregularidad del título. Por un lado, la banda sonora es realmente buena y evocadora. Hace uso de instrumentos de época para crear una atmósfera de tensión y melancolía. Todo apoyado por un doblaje que aporta a cada uno de los personajes principales de una presencia imponente. Por otro lado, la optimización gráfica es deficiente, ya que juego sufre de caídas de frames y un stuttering persistente que no se corresponde con el nivel de detalle visual que muestra. Esta disonancia entre termina por dejar manchas en un título que con algo más de tiempo podría haber llegado a su debut en un mejor estado.

Norse: Oath of Blood Reseña

Norse: Oath of Blood se queda como una obra con alma literaria pero con una ejecución técnica que le impide alcanzar la grandeza. La historia de venganza de Gunnar funciona, pero resulta predecible. En cuanto al combate táctico está construido sobre los cimientos del género, pero adolece de falta de variedad y problemas de ritmo. Finalmente, la capa de gestión encuentra su justificación en la narrativa, pero no aporta nada memorable a una experiencia lineal que se siente agridulce. A día de hoy, Arctic Hazard resolvió muchos problemas, pero me cuesta recomendar el título. Para disfrutarlo hace falta hacer la vista gorda en varias ocasiones y estar dispuestos a perdonar la tosquedad técnica en favor de un relato que, aunque honesto en sus intenciones, se queda como un diamante en bruto al que le falta bastante pulido necesario para brillar junto a sus pares.


Portada del juego

NORSE: OATH OF BLOOD

ARTIC HAZARD

Distribuye: Tripwire Presents
Lanzamiento: 17 de Febrero de 2026
Género: Estrategia por turnos, Aventuras, Gestión

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Sobre Franco Borgogna

Periodista apasionado por los videojuegos que sueña en mundos pixel-art sin caídas de frames. Streamer a tiempo parcial, fundador de la comunidad “La Orden del Pixel”, amante de la series, las películas y los comics.


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