Existen proyectos que nacen del deseo de demostrar que los videojuegos son como un lienzo en blanco en que plasmar la creatividad más pura. Mouse: P.I. for Hire es un claro ejemplo de ello, un título que supo capturar las miradas mucho antes de su lanzamiento. Todavía recuerdo cuando en mi paso por Gamescom 2024 pude vislumbrar dicha obra en movimiento. Si bien en aquel momento no pude ponerle las manos encima, las impresiones con las que me quedé fueron muy buenas. El trabajo de Fumi Games se gestaba lentamente en el sótano de la creatividad, igual que los mejores quesos artesanales. Ahora, que finalmente pude experimentar el juego en su totalidad, el resultado es satisfactorio, aunque no por ello, exento de ciertas asperezas.
Mouse: P.I. for Hire nos traslada a una urbe sumergida en el desencanto del cine negro clásico donde la lluvia limpia las calles pero nunca las conciencias. Encarnamos al detective Jack Pepper, un roedor curtido en mil batallas que, teniendo el cinismo por bandera, se mueve por los bajos fondos de Ratonburgo como un ratón que aprendió a sobrevivir en los rincones más húmedos de una quesería. Nuestro protagonista, está interpretado por Troy Baker, el reconocido actor de doblaje cuya voz aporta una gravedad texturizada, con un tono rasposo y melancólico. Sobre esto es que se sostiene gran parte del peso de la atmósfera noir, con los típicos monólogos interiores a través de los que se desarrolla la narrativa. Es un juego que reúne todos los tropos típicos del género y los plasma a través de 3 casos que se entrelazan unos con otros.
La narrativa es ambiciosa, aunque por momentos quizá abarca más de lo que puede. El guión busca retratar una cruda división social entre ratones y musarañas, trazando un paralelismo evidente y perturbador con el auge del nazismo y la persecución ideológica, mostrando cómo una sociedad puede terminar completamente carcomida por el odio desde dentro. Es una premisa interesante y madura, aunque se termina por diluirse en medio de clichés predecibles y giros de tuerca esperados. También es cierto que al abusar de chistes facilones y juegos de palabras sobre quesos. Me refiero a que resulta difícil asimilar la alegoría del fascismo cuando, cinco minutos después, el protagonista lanza un chiste predecible sobre el cheddar, rompiendo con la seriedad de lo que cuenta con mucha facilidad.
Jugablemente, Mouse: P.I. for Hire es más que un shooter, pero también es uno que intenta cumplir con todo lo que se espera del género. Dicho de otro modo, estamos frente a un boomer shooter, pero camuflado de gabardina. Es un juego donde los tiroteos -rápidos, viscerales y que se apoyan en una violencia física exagerada típica de los dibujos animados en que se inspira- giran en torno a una historia de cine negro. Eso sí, avanzar por Ratonburgo es poco estimulante. Los niveles se sienten como pasillos donde nos movemos de una secuencia de disparos a la otra, dejando la labor detectivesca como un mero adorno visual. Aquí no tenemos interrogatorios o diálogos, sino enemigos apareciendo por todas partes y coleccionables en forma de ‘pistas’ que luego podemos colocar en un tablero donde los puntos de unen solos sin ningún tipo de intervención por nuestra parte.
El juego añade todo tipo de mecánicas y referencias jugables a otros videojuegos. Tenemos un arsenal variado al que se le pueden aplicar mejoras visuales como sucedía en Bioshock. Nuestro protagonista puede realizar saltos dobles, un dash y caminar por las paredes como en Doom Eternal. Por supuesto, están los minijuegos de ganzúas, los barriles con efectos elementales, y hasta la posibilidad de guardar partida en máquinas de escribir. Fumi Games no quiere dejar nada fuera, marcando todo aquello a lo que a los jugadores les gusta como si fuera una checklist. Lo bueno es que todo este conjunto funciona bien y pese a lo pasillero de los escenarios, cada ‘arena’ de combate pone a disposición diferentes elementos para que podamos aprovechar todo lo que ofrece. Incluso el arsenal es bien variado y satisfactorio de usar.
Mouse: P.I. for Hire es un festín de nostalgia bien entendida que rinde homenaje tanto a los clásicos de la animación de los años 30 como a los pilares del cine policíaco

Contrario a lo que sucede con las armas, el ‘bestiario’ resulta extremadamente tacaño. Durante las primeras horas, la sorpresa es total, pero llegado el ecuador de la aventura, la fatiga hace acto de presencia. Para entonces, ya había visto todo lo que el juego tenía para ofrecer, convirtiendo los combates intermedios en un trámite rutinario y repetitivo. Además, nos enfrentamos a demasiados enemigos por nivel -con eso de que el juego es un shooter– lo que quita espectacularidad a los enfrentamientos. La cosa cambia con los jefes que aportan variedad a la cosa con diferentes mecánicas que aportan dinamismo a los tiroteos. Se presentan como oasis de creatividad que rompen por completo con la linealidad de la experiencia.
Cada jefe plantea un desafío diferente que obliga a cambiar de estrategia sobre la marcha. Es aquí donde la violencia slapstick brilla con luz propia. Es cuando la propuesta demuestra el verdadero potencial, evidenciando que el resto del camino se hubiera beneficiado muchísimo de mantener ese mismo nivel de locura en su diseño. A pesar de esta monotonía, el juego no se preocupa en ocultar su obsesivo amor por las referencias pop y los guiños culturales. Mouse: P.I. for Hire es un festín de nostalgia bien entendida que rinde homenaje tanto a los clásicos de la animación de los años 30 como a los pilares del cine policíaco. Está infestado de detalles que pueden sacarnos más de una sonrisa con situaciones que parodian a filmes clásicos y a otros videojuegos.

Donde la obra no admite discusión ni matices, y se consolida como un producto de etiqueta negra, es en su descomunal apartado audiovisual
Más allá de lo mencionado, Mouse: P.I. for Hire ofrece una experiencia donde los controles responden con la precisión de un corte limpio y perfecto. La variedad de armas mitiga en parte la repetitividad de las batallas, haciendo que el acto de limpiar habitaciones sea innegablemente satisfactorio en lo inmediato. También cuenta con algunos elementos que aportan su grano de arena para romper con la monotonía, como llevar a cabo algunas misiones secundarias o un minijuego de cartas bastante entretenido. A todo esto se suman algunos coleccionables, como recortes de periódico que narran eventos acontecidos en la ciudad y una serie de viñetas que nos permiten reconstruir una aventura previa de Jack Pepper.
Con todo esto, el juego ofrece una duración de aproximadamente 20 horas. Desde mi perspectiva, es una duración extensa para una propuesta que ‘es y no se un shooter, usted me entiende’. Entre misión y misión podemos recorrer el mapa de Ratonburgo aunque no hay mucho para ver: Nada de secretos o escenarios opcionales. Existen unas pequeñas cafeterías ubicadas por aquí y por allá, aunque cumplen con la misma función que el bar ubicado en las inmediaciones de la oficina de nuestro protagonista. Es decir, podemos parar sólo para comprar munición, jugar al minijuego de cartas o mejorar las armas. Nada más. Sinceramente, encontré estos lugares completamente innecesarios. Parecen colocados de forma azarosa ya que ni siquiera mantienen una coherencia estética.

Donde la obra no admite discusión ni matices, y se consolida como un producto de etiqueta negra, es en su descomunal apartado audiovisual. Visualmente es un videojuego sumamente hermoso, con una estética de animación clásica rubber-hose ejecutada con una fidelidad asombrosa. Esto es algo que se hace especialmente evidente en las animaciones de recarga de las armas, que son auténticos cortometrajes de autor. A esto se le suma una banda sonora de jazz de big band que es pura magia. La música envuelve, reacciona a la acción y dota al juego de una identidad sumamente potente que es capaz de sazonar y sostener la atmósfera por sí sola.
Al final del día, proyectos como Mouse: P.I. for Hire invitan a una reflexión necesaria sobre el estado del videojuego independiente y los riesgos de salirse de la recetas tradicionales. Existe un valor en quién decide ignorar las tendencias comerciales y los sabores artificiales para apostar por una estética y un tono específico, asumiendo riesgos implícitos. Aunque la ejecución mecánica no siempre esté a la altura de su genialidad visual, prefiero quedarme con una propuesta imperfecta y desbordante de carisma, que un producto genérico e insípido. Por supuesto, está más que claro que Fumi Games no pretende reinventar la rueda. Sin embargo, ello no opaca el hecho de que el estudio apostó por algo diferente y, desde mi punto de vista, les salió bien.

Mouse: P.I. for Hire una experiencia que entra por los ojos y los oídos de forma incontestable, vestida con un traje de gala impecable, pero que esconde debajo un cuerpo de shooter estándar, lineal y con algunos problemas de ritmo en su ecuador. Por supuesto, esto lo deja muy lejos de sentirse como una obra maestra dentro del género, aunque tampoco es un videojuego que no mereciera mi tiempo. El trabajo de Fumi Games se consume con agrado, de igual modo que un buen pedazo de queso con dulce de batata. Lo pasé muy bien disparando y descubriendo el misterio que su trama esconde. Considero que es un título notable y disfrutable, directo y efectivo, en especial para quien gusta de la acción retro y los dibujos animados.

Sobre Franco Borgogna
Periodista apasionado por los videojuegos que sueña en mundos pixel-art sin caídas de frames. Streamer a tiempo parcial, fundador de la comunidad “La Orden del Pixel”, amante de la series, las películas y los comics.
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