Existen videojuegos que nacen a partir de una obsesión estética, y luego de haber jugado Bye Sweet Carole estoy completamente convencido de que la propuesta se creó con dicha idea en mente. Distribuido por Maximum Entertainment y creado por Little Sewing Machine, bajo la dirección del creativo italiano Chris Darril, conocido por la serie Remothered, estamos frente a un juego que plantea una experiencia donde el aspecto visual toma la voz cantante. Tal es así que el título parece una película interactiva que esconde bajo sus pintorescos trazos de acuarela una historia de horror gótico y melancolía infantil. El resultado es tan hermoso como cautivador provocando que la balanza, pese a algunos detalles con los que tropieza la obra, se incline en favor de la experiencia en general.
Bye Sweet Carole nos lleva al Reino Unido de principios del siglo XX para ponernos en el papel de Lana Benton, una niña del orfanato Bunny Hall que emprende una curiosa aventura en busca de su única amiga, Carole Simmons, quien desapareció bajo misteriosas circunstancias. Lo que comienza como una pequeña investigación se transforma en una cadena de descubrimientos mayores. El juego mezcla folclore local, secretos institucionales y pesadillas que parecen sacadas de un cuento de los hermanos Grimm. El juego alterna entre paisajes cálidos, casi idílicos y entornos grotescos donde criaturas deformes y sombras espantosas quebrantan la calma alterando la realidad. Dicha orquesta sobrenatural se desata bajo la batuta de una entidad que utiliza sus poderes para dañar la psique de nuestra protagonista, contaminando el entorno con un espeso alquitrán.
Desde el comienzo, el juego se nos presenta como un cuento infantil de los de antaño. Uno de esos cuya narrativa se construye desde la pérdida, entablando un tono algo cercano pero también fantástico añadiendo una buena dosis de aspereza que logra opacar ese lado románticamente bello. La trama toma forma a partir de retazos de recuerdos, susurros y cartas. Evoca una atmósfera donde el deseo y la curiosidad infantil se tuerce en miedo, hasta convertirse en un thriller de horror. El guión planteado por Chris Darril posee un dejo de traumas y secretos reprimidos, algo que se asocia muy bien a su estilo. Sin embargo, esta vez lo plasma desde la mirada de una dulce soñadora como punto de partida. Algo sustancialmente diferente a lo que el creativo hizo en Remothered.
El apartado visual es, sin discusión alguna, el principal argumento a favor del juego. Una completa joya artesanal que destaca no solo por los trazos en su lienzo sino también por su coloreado. Todo está hermosamente dibujado: los fondos, las animaciones y los personajes tienen un diseño y fluidez que recuerdan a los largometrajes de Don Bluth o a los clásicos de Disney. Sus contrastes funcionan de principio a fin, donde su aspecto tierno se vuelve perturbador con sutileza. Hay más de una composición visual que logró quedarse grabada en mi retina. La dirección artística consigue ese choque estético que vuelve particularmente atractivo al título, con secuencias animadas de por medio que logran un nivel de impacto espectacular.
El guión planteado por Chris Darril posee un dejo de traumas y secretos reprimidos, algo que se asocia muy bien a su estilo
Encontré realmente cautivador el apreciar cómo esa belleza se pervierte de un momento a otro. La paleta de colores cambia los cálidos tonos pastel por otros que lucen más sucios. Por su parte, la iluminación disminuye tanto en los personajes como en los escenarios. Los animales, tan agradables y simpáticos adoptan una apariencia sumamente repelente y cruel. Todo lo que en un momento parecía agradable se torna peligroso y siniestro. Es entonces que aparecen criaturas pegajosas, un búho de ojos rojos siempre al acecho, un perturbador maniquí, y varios seres espeluznantes con los que definitivamente no querría ni siquiera soñar. Sin lugar a dudas, es el mayor acierto del juego y con el cual podemos identificarlo fácilmente.

La banda sonora acompaña con efectividad. Marcando un tono correcto en la aventura con una musicalización que suena justamente como se esperaría en una fábula infantil. Eso sí, cuenta con ciertos arreglos y tonalidades en la composición que aportar un tinte más lúgubre durante los momentos de tensión. En su mayoría, las melodías son suaves, casi de caja musical. Están pensadas para dar una sensación de falso alivio que lentamente se deforma hasta volverse más oscuras. El diseño auditivo ayuda a construir la atmósfera y refuerza situaciones claves en las que Lana se ve en aprietos. Todo sin necesidad de recurrir a jumpscares directos o subidones innecesarios de volumen para provocar un sobresalto.
aquí estamos ante una fábula que no promete redención sino una aceptación del horror, en la que el simbolismo y la sugestión tienen gran peso
Bye Sweet Carole se sustenta fundamentalmente en la exploración 2D, resolución de puzzles ambientales y secuencias de sigilo que denotan una clara inspiración en juegos de terror de aventura clásicos como Clock Tower. Por momentos, ya sea por algunas animaciones o la resolución de acertijos de corte pseudo aventura gráfica, también me recordó al mítico Dragon’s Lair. No obstante, el título se inclina más por la narrativa y el descubrimiento que en la resolución de puzzles. Aún así, los acertijos son numerosos y en general resultan bastante clásicos. A veces hace falta aplicar combinaciones, mientras que en otras es necesario utilizar objetos puntuales para desbloquear candados o interactuar con elementos del escenario accionando mecanismos o moviendo objetos.

La jugabilidad en general es un tanto pantanosa en comparación a la fineza de los demás apartados de la propuesta. La exploración lateral, los puzles y las secuencias de escape tienen buenas ideas, pero una ejecución irregular. Los controles se sienten algo toscos en momentos en donde la precisión es vital y algunos bugs logran romper con el ritmo de juego. Esa falta de pulido contrasta notablemente con la meticulosidad que envuelve a todo el apartado artístico. En lo personal, considero que la solidez técnica es necesaria para que recorrer los pasillos de Bunny Hall no se sienta, por momentos, frustrante. Pero al margen de ello, la propuesta en sí logra sostenerse con creces dado que dichas ‘pegas’ por suerte no impiden el disfrute.
En sus picos más álgidos, Bye Sweet Carole se siente como una poesía oscura que eleva la experiencia muy por encima del promedio. Darril se aferra a temas puntuales como la memoria, los traumas, la ausencia, el deseo y, en este caso, la pérdida de la inocencia. Hay ciertos ecos de Alice: Madness Returns y fácilmente puede trazarse un paralelismo con el film El Laberinto del Fauno del genial Guillermo del Toro, donde el universo fantástico se vuelve un refugio tenebroso de un mundo real aún más oscuro. Al igual que en dichas obras, aquí estamos ante una fábula que no promete redención sino una aceptación del horror, en la que el simbolismo y la sugestión tienen gran peso.

Pese a lo mencionado, la historia de Bye Sweet Carole, aunque interesante, no termina de explotar. Su desarrollo pierde algo de la fuerza que imprime desde el inicio. Hay personajes secundarios que se quedan esbozados en la aventura y el clímax emocional se diluye un poco. No obstante, esto no atenta contra un desenlace conmovedor. El título posee una advertencia encubierta que habla sobre los riesgos de apostarlo todo a la forma en lugar de equilibrarlo con la sustancia. Considero que es un título que brilla cuando calla y obliga a mirar más allá del color sumergiéndonos en un bagaje de ensueño con la capacidad de embelesar a cada instante a lo largo de 10 capítulos que conforman la aventura. Chris Darril y Little Sewing Machine dieron vida a una obra seductora que fascina desde su primera mirada que, incluso con sus defectos, resulta difícil de olvidar.

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Sobre Darío Gadea
Sniper de pura cepa. Fanatico del horror, la fantasia y la ciencia ficción. Adicto a los Metroidvanias, los RPG, la musica pesada y el synthwave. Cuando no esta leyendo algo perturbador esta jugando a Age of Empires II
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