Hace unos meses, vi una serie en la que un detective se unía a un genealogista para descubrir quién era el asesino de un caso de hace 16 años. Si bien entendí que esto era parte del plot, internamente me causó ruido la obsesión en crear el árbol genealógico. No obstante, en aquel momento no llegué a comprender completamente lo interesante que ello podía llegar a sentirse. Pero todo cambió cuando comencé a jugar The Roottrees are Dead. El título de Evil Trout me llegó por sorpresa, no tenía idea de qué esperar y me encontré inmersa en una trama de misterio permeó tan fuerte en mi cabeza que hasta terminé soñando con ella.
The Roottrees are Dead comienza con una tragedia. Estamos tranquilos en casa, cuando alguien golpea a la puerta con un caso entre manos. Carl Roottree y su familia sufrieron un accidente aéreo y nos encomiendan reconstruir el árbol genealógico, que se compone de 5 generaciones, partiendo desde los bisabuelos, hasta llegar a la actualidad. Lo curioso es que no se nos explica exactamente el motivo y ni tampoco sabemos quién nos está contratando. A priori no hay nada sospechoso: los Roottree son dueños de una fábrica de golosinas, y el fallecimiento del actual presidente no parece más que un infortunio. Sin embargo, está claro que detrás de los dulces de arce que la empresa produce, se esconden muchos trapos sucios.
La mecánica del juego es sencilla. Tan sólo hace falta un ratón y el teclado para ponernos manos a la obra. Nuestra empleadora nos deja unas pistas para comenzar la investigación. También tenemos acceso a un ordenador con un buscador de internet (que se usa muchísimo), otro de publicaciones de periódicos y, finalmente, uno de libros. Eso sí, el juego está ambientado en 1998, por lo que la PC y las herramientas con que cuenta son bastante precarias. A medida que el árbol genealógico va tomando forma, recibimos más pistas, pero también aumenta el nivel de dificultad. En este sentido, es un alivio contar con la ayuda de un patito de goma que, al hacer clic sobre él, nos brinda una pista que indica que debemos buscar y dónde cuando nos encontramos atascados (algo que solo descubrí al final).
El árbol genealógico de la familia Roottree se compone de 50 miembros. Si bien algunos son bastante famosos y podemos encontrar información de ellos navegando por internet, cuando se trata de las generaciones pasadas la cosa no es tan simple. Hace falta leer y releer pistas, repasar diarios viejos, fotos, agudizar los sentidos para ubicar a cada quién. Por suerte tenemos una libreta en la que podemos tomar nota de todo aquello que consideremos interesante y luego acceder a la fuente de donde obtuvimos dicha información con sólo un clic. La dinámica que esto genera es realmente interesante y muy atrapante. Y es que la sensación de descubrir que ‘tal es hijo de cual y primo de aquel’ atando cabos, es dopamina pura.
Reconstruir este árbol genealógico me reveló no sólo el motivo detrás de llevar a cabo dicha tarea, sino también una serie de secretos que se mantuvieron ocultos y que los Roottrees no querían que se expongan
La jugabilidad se mantiene prácticamente inalterada en las 5 o 6 horas que puede tomar llegar al final de la partida. Todo pasa por encontrar las pistas que nos ayudan a descubrir ‘quién es quién’ a través del buscador de internet. Para ello hace falta encontrar el apellido de soltero de cada miembro de la familia, su foto, ocupación, pareja e hijos. Eventualmente se añade una mecánica de resolución de puzzles que se presenta en forma de un editor de fotos. Básicamente son 3 rompecabezas a resolver que sólo aparecen una vez durante toda la historia. A decir verdad, ninguno presenta mucha dificultad, a excepción de uno que me tomó un par de intentos o tres el poder resolverlo.

Algo similar sucede en lo visual. The Roottrees are Dead transcurre en una sala de estar, donde hay algunos objetos interactivos, pero ninguno realmente útil, excepto la pizarra que cuelga en la pared, donde vamos armando el árbol, y el escritorio donde se van acumulando las pistas que nos brindan y las que encontramos por nuestra cuenta. Todo esto, acompañado por una música de fondo que, en lo personal, me resultó algo molesta. No es que fuera mala, ya que es instrumental, pero me hacía perder mucho la concentración a causa de la repetitividad.
Comencé la partida con algo de escepticismo. Al principio pensé que el juego sería aburrido, pero qué equivocada estaba. Cuanto más avanzaba, más me obsesionaba. Cada nuevo descubrimiento era motivo de celebración, y cada error me frustraba. Llegué a dudar de mi capacidad de deducción, porque el juego está lleno de sutilezas, por lo que me hizo falta conectar ciertos fragmentos de información que había leído por separado. A medida que la historia progresaba, comencé a darme cuenta de que había mucho en juego para esta familia. Reconstruir este árbol genealógico me reveló no sólo el motivo detrás de llevar a cabo dicha tarea, sino también una serie de secretos que se mantuvieron ocultos y que los Roottrees no querían que se expongan.

The Roottrees are Dead es una interesante propuesta que me sumergió completamente en una historia intrigante y familiar, combinando deducción con resolución de puzzles. Descubrir cada nuevo dato y acercarme a la verdad me resultó increíblemente divertido. Y justo cuando creía que ya lo había descubierto todo, la trama hace un plot twist inesperado ofreciendo más contenido y nuevos misterios. Porque al terminar la aventura, me di cuenta de que mis acciones tuvieron un impacto real en la familia Roottree y es por ello que me convocaron una vez más para intentar determinar quiénes son (o no) parte de esta misteriosa familia.

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Sobre Paula Ridigolo
Escritora aficionada de historias. Amante de las novelas policiales. No dejo misterio sin resolver. Escuché el primer CD de Pokémon y quedé enamorada de sus canciones.
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