Todos los años es la misma historia. Uno llega a diciembre haciendo un repaso del año, de cara a la infaltable e inevitable discusión respecto a los GOTY, y cuando todo parece estar definido aparece un título de la nada que obliga a replantearse todo. Esta situación se volvió una constante en los últimos años para quien escribe. Y no, en este 2025 no fue para nada diferente. Lo cierto es que Skate Story no es una sorpresa. El trabajo de Sam Eng, que llega de la mano de Devolver Digital, estuvo en mi radar por mucho tiempo. Me mantuve al pendiente, siguiendo sus actualizaciones vía Twitter (jamás le diré ‘X’), y era uno de mis títulos más esperados desde su anuncio y la espera valió la pena.
Skate Story es una experiencia, pero no una cualquiera. Es un juego de skate tan técnico como surrealista, que mezcla poesía, filosofía y deporte. Dicho de otro modo, es un cóctel de conceptos temáticos y estéticos. El título no debería funcionar en los papeles, y simplemente describirlo podría hacer a más de uno girar los ojos por pecar de pretencioso. Al menos yo sé que lo haría. Sin embargo funciona, ya que detrás de la propuesta no solo hay un autor con ideas claras, si no también uno con un grado de sensibilidad tal que logra amalgamar todos estos elementos en un viaje que nos invita a abrir la cabeza y dejarnos llevar.
Describir cómo funciona el juego y reducirlo a cuestiones mecánicas no es algo realmente difícil: Somos un skater, concretamente un demonio de cristal, hacemos trucos como ollies y grinds que podemos encadenar para dar forma a combos. A veces tenemos que avanzar por circuitos esquivando obstáculos, y en otras circunstancias debemos sumar puntos encadenando piruetas específicas en un orden determinado. Es un juego que resulta muy técnico en su ejecución pero, al mismo tiempo, nada de eso importa. Y no es que mecánicamente no esté logrado, sino todo lo contrario dado que es sorpresivamente profundo y complejo en ese apartado. Mucho más de lo que puede aparentar a primera vista. No obstante, ese no es el gancho.
Como dije, Skate Story es una experiencia pero que funciona en conjunto con su narrativa y estética, en relación a las mecánicas para construir un todo que nos lleva en este viaje a través de distintas capas del infierno, controlando a un demonio que devora las lunas a su paso buscando recuperar su libertad. Es un juego donde nada funciona de manera individual si no que lo hace en conjunto. Nos toma de la mano para llevarnos de manera inconsciente, sin pensar mucho en los elementos específicos de la historia, a las particularidades del sistema de combos, o la profundidad de las ideas filosóficas que desarrolla.
Sam Eng dio vida a un videojuego que funciona como un sueño en el cual sumergirse y transitar sin preguntarse demasiado qué es lo que está sucediendo. Vamos de un lado a otro, disfrutando y absorbiendo todo lo que pasa a nuestro alrededor, sin importar qué tan coherente, lógico o surrealista sea. Seguimos adelante, con nuestra patineta rodando a través de la ceniza y el humo de The Emptylands con la única certeza de acá no importa el destino, si no el viaje.
Es un juego donde nada funciona de manera individual si no que lo hace en conjunto

Todo es etéreo, todo es contradictorio, menos nuestra patineta
La historia va desde pasajes oscuros, que juegan con el existencialismo, a al humor en base a juegos de palabras. Por su parte, la música pasa del estridente synthwave al jazz climático que acompaña los distintos barrios del infierno. Los dominios del Diablo se componen de paisajes llenos de color y otros algo más sombríos. Vamos todo el tiempo de un lado a otro en una experiencia casi lisérgica que no debería tener sentido pero extrañamente lo tiene, pues construye este mundo surrealista en el cual la falta de lógica es la ley.
El único elemento constante en este mundo es el skate. Tengo cierta familiaridad con este deporte tras años de practicarlo durante mi adolescencia, pero la reverencia con la cual el juego trata a esta actividad, el nivel de detalle técnico con el que nos explica cada uno de los trucos que vamos aprendiendo, es tal vez uno de los elementos humorísticos -intencional o no- que mas termina destacando en el juego. Todo es etéreo, todo es contradictorio, menos nuestra patineta. Eso es lo que nos conecta con nuestra realidad: El Skate está escrito en piedra. La única verdad es el Skate.

La música marca el tono constantemente a lo largo del viaje. De hecho, funciona casi como si fuera la voz interna de nuestro silencioso protagonista. Visualmente hace uso de una mezcla de estilos que funciona como el elemento que consolida la variedad de escenarios, personajes y paisajes que vemos. El mundo de Skate Story parece un collage hecho con piezas provenientes de distintas fuentes, pero que de algún modo terminan funcionando en armonía.
Podría seguir así durante muchas líneas de texto hablando de las sensaciones que el juego me generó, más que de las mecánicas que lo conforman. Lo cierto es que Skate Story es un juego difícil de analizar. Me resulta prácticamente imposible hablar de cosas específicas ya que en este caso tampoco importan. Esto no es Tony Hawk Pro Skater. Es otra cosa, algo más y muy diferente, y este es el motivo por el que el texto se puede llegar a sentir menos preciso de lo que cabría esperar. Al fin y al cabo, hablar de que tan bien se sienten los controles o los trucos en una obra que apelan a la sensibilidad personal de cada uno, es complejo.

Sea como sea, este análisis finaliza con una conclusión y es que Skate Story es un título que requiere dejarse llevar sin cuestionar demasiado. Es una experiencia única en su especie, surrealista y lisérgica, llena de ingenio y originalidad. Patinar por el infierno al son de una banda sonora etérea resulta encantador. Sam Eng toma aquello que nos resulta familiar y lo transforma, elevando la propuesta más allá de un simple juego de patinaje en el que debemos hacer trucos. Y si bien es complicado explicar exactamente qué sucede, e incluso a veces es difícil racionalizarlo en el momento, es un título que merece una oportunidad aún si no llama la atención eso del skate. Porque, en realidad, no se trata de eso. Se trata de todo lo demás.

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Sobre Mariano Daneri
Me gustan las milanesas con fideos.
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