La franquicia Scott Pilgrim se convirtió en un fenómeno cultural incombustible. Desde su origen en las viñetas, pasando por la mítica película de Edgar Wright y el reciente anime de Netflix, la obra de Bryan Lee O’Malley derrocha personalidad. El videojuego original de 2010 se convirtió en una obra de culto, pero lo que hace verdaderamente especial a Scott Pilgrim EX es que se niega a vivir del pasado. En lugar de ello, Tribute Games toma el excelente motor gráfico y jugable que tan bien les funcionó en TMNT: Shredder’s Revenge y lo adapta para crear una especie de ‘secuela’ que apuesta por un cambio de paradigma dentro del beat ‘em up y de su propia fórmula. Es un título que supera a su predecesor y logra ganarse un lugar en esta plena resurrección del género.
Scott Pilgrim EX nos lanza de lleno a una trama caótica en una Toronto del futuro (el misterioso año 20XX) que se encuentra tomada por tres facciones: Los Veganos, un ejército de Robots y Demonios interdimensionales. Con la excusa fantástica de los viajes en el tiempo y el repentino secuestro de los miembros de Sex Bob-omb a manos del enigmático Metal Scott, la narrativa ofrece exactamente lo que esperaba de la franquicia: Una historia absurda, trepidante y maravillosamente tonta escrita por el propio Bryan Lee O’Malley. Ahora bien, ¿Significa esto que estamos frente a una obra maestra de la literatura moderna que busca conmover hasta las lágrimas? Para nada, y ni lo intenta. Sin embargo, funciona como el hilo conductor necesario para repartir puñetazos por toda la ciudad que logró mantenerme con una sonrisa dibujada en el rostro de principio a fin.
Entrando en materia jugable, Tribute Games plantea una revitalización dentro del beat ‘em up. El juego abandona la progresión estrictamente lineal de izquierda a derecha que caracteriza al género apostando por una nueva aproximación a la que sus responsables bautizaron como ‘Adventure Brawler’. Ahora, la estructura nos permite tomar el control total de nuestra ruta. Es una experiencia más abierta en un mapa interconectado con varios secretos, actividades secundarias y atajos. Esta es una declaración de intenciones que bebe directamente de clásicos, pero modernizando el concepto al extremo. En lo personal, considero que es una decisión arriesgada para un esquema noble y tradicional que a lo largo de los años ofreció sólidas pruebas de lo bien que funciona. Si bien en un principio me resultó algo extraño, me gusta cuando los estudios de desarrollo abogan por la innovación.
Por su parte, el combate es satisfactorio y mucho más profundo de lo que aparenta a simple vista. Tenemos los clásicos golpes fuertes y débiles, pero también ataques con salto, de agarre, lanzamientos, decenas de armas y movimientos especiales. Me gustó el hecho de que el juego es accesible y cualquiera con nula experiencia en el género puede pasar un buen momento spameando un mismo ataque una y otra vez. Sin embargo, conectar un combo largo y terminar con un remate se siente tan placentero como explotar burbujas de plástico de un paquete de embalaje. Esto es posible gracias a un sistema pulido hasta el extremo, permitiendo que los movimientos de los personajes se integren de forma muy natural. Todo desemboca en peleas multitudinarias brutales donde la pantalla se llena de destellos, onomatopeyas y monedas tintineando con cada enemigo derrotado.
Gran parte de esta inmensa frescura recae en la variedad y cantidad de héroes que tenemos para elegir. Desde el inicio podemos optar entre a siete personajes jugables y cada uno presenta un estilo de combate diferente. Por ejemplo, Scott es más versátil y ágil con ataques a corta distancia, mientras que Ramona cuenta con un pesado mazo lo que la hace más lenta pero poderosa. Lo mejor es que el elenco incluye a varios de los antiguos ex-novios malvados como la veloz Roxie o el fortachón de Lucas Lee. Alternar entre cada uno de ellos es, literalmente, como aprender a tocar un instrumento nuevo dentro de la misma banda de rock: requiere práctica, pero una vez dominas sus tiempos, el espectáculo está garantizado.
la narrativa ofrece exactamente lo que esperaba de la franquicia: Una historia absurda, trepidante y maravillosamente tonta escrita por el propio Bryan Lee O’Malley

Un aspecto a destacar es que el título mantiene y mejora la progresión estilo RPG que ya había incorporado Scott Pilgrim vs. The World: The Game. Esto es posible derrotando enemigos y gastando las monedas obtenidas de cada refriega en las muchas tiendas que pueblan las calles de Toronto. Ya sea comprando un disco de vinilo raro, un libro de autoayuda o una simple hamburguesa, podemos mejorar de forma permanente las estadísticas de fuerza, agilidad, vitalidad o fuerza de voluntad. De este modo, el juego adquiere una leve capa de profundidad que nos permite desarrollar nuestras propias versiones de Scott y compañía. A todo esto, se suma la posibilidad de equipar cuatro accesorios y dos insignias que aportan originales habilidades pasivas que cambian la forma de jugar. Incluso hasta podemos elegir a un ayudante que funciona como una especie de invocación especialmente útil para control de masas.
Ahora bien, si la experiencia en solitario es buena, el multijugador para cuatro personas la eleva a la categoría de un auténtico y alocado espectáculo. Jugar en cooperativo se transforma rápidamente en un mosh pit perfectamente coreografiado (o desastrosamente descoordinado) donde el único idioma son los puños, las patadas y los combos. El problema -desde mi perspectiva- es que como suele suceder en este tipo de experiencias, todo se torna innegablemente caótico. A veces no tenía idea de dónde estaba parado mi propio personaje. Es exactamente como asistir al recital de una banda de punk en el sótano de un bar de mala muerte donde los amplificadores saturan, los acordes suenan desprolijos y entre tanto empujón uno pierde el sentido de la orientación. Pero es esa energía precisamente lo que hace que la experiencia valga cada maldito centavo.

Sin embargo, como en todo buen concierto en vivo, también hay momentos donde el cantante necesita tomar aire y el ritmo decae. Es justo aquí donde reside el punto más flaco de la propuesta. El juego sufre de una cierta obsesión con el backtracking, algo que frena en seco la inercia en los combates. En más de una ocasión, la estructura de una misión me obligó de forma arbitraria a desandar mis propios pasos por las mismas calles y pasillos en las que minutos atrás había estado abriendome paso a golpe limpio, lo que me hizo sentir como un turista perdido dando vueltas en círculo. Esta repetición artificial alarga algunas secciones de forma innecesaria. Entiendo que es algo inevitable dado el diseño del mapa. El tema es que por momentos rompe con la fluidez de una aventura que, de otro modo, tendría un ritmo perfecto.
La música no funciona solo como un acompañamiento sino que dicta y establece un pulso frenético de esos que nos ponen a mover la cabeza sin tener conciencia de que lo estamos haciendo
Más allá de esto, lo que hace que la sangre bombee a toda velocidad es el espectacular apartado sonoro. Scott Pilgrim EX presenta una banda sonora compuesta por Anamanaguchi que se siente como una inyección de energía pura. Las melodías de corte chiptune-rock invitan a avanzar y amenizan de forma agradable las idas y vueltas por las calles de Toronto. Pero mejor aún es el hecho de que los contundentes ritmos electrónicos se sincronizan con la acción en pantalla. La música no funciona solo como un acompañamiento sino que dicta y establece un pulso frenético de esos que nos ponen a mover la cabeza sin tener conciencia de que lo estamos haciendo. Tal es así que varias de las rolas se quedaron grabadas en mi cabeza mucho después de ver los créditos.

Visualmente, Scott Pilgrim EX es un despliegue de carisma. El pixel art y las animaciones son excelentes, llenas de vitalidad y encanto. El arte, una vez más a cargo del legendario animador australiano Paul Robertson, es sencillamente asombroso. Cada animación de ataque, cada expresión facial exagerada de los enemigos al recibir un impacto crítico, dotan de vida a cada fotograma. A esto se suman escenarios con fondos rebosantes de detalles y easter eggs creados con un nivel de mimo casi obsesivo. Una vez más Tribute Games deja clarísimo que en este terreno juegan en una liga completamente propia. Toda esta presentación impecable ayuda a cimentar una atmósfera general que es, en su esencia más pura, una carta de amor -por muy cliché que esto pueda sonar- para la obra original.
El título logra un equilibrio milagroso que muy pocos consiguen. Porque sí, se apoya fuertemente en la nostalgia de una franquicia con años a sus espaldas, pero inteligentemente se niega a ahogarse en ella. Utiliza los recuerdos, las bromas internas y la iconografía del pasado como un sólido trampolín para construir algo que se siente sorprendentemente fresco. Rinde homenaje a sus raíces, pero sin sentirse estancado o falto de ideas propias. Y no puedo cerrar este análisis sin hacer una mención honorífica a los combates contra los jefes. Los enfrentamientos, además de desafiantes, resultan increíblemente divertidos marcando uno de los puntos más álgidos de la propuesta.

Scott Pilgrim EX es un beat ‘em up ruidoso y descarado que apuesta por algo diferente. A pesar de esos pequeños tropiezos en el ritmo producto del tedio ocasional de caminar sobre nuestros propios pasos de vez en cuando, el conjunto general de la obra es excelente y desborda carisma por los cuatro costados. Con un arte deslumbrante que hipnotiza, una música increíblemente contagiosa y una jugabilidad pulida y sumamente sólida, Tribute Games da forma a una experiencia que atrapa y divierte de forma genuina. Un juego capaz de dibujar una sonrisa en el rostro, del mismo modo que lo hace asistir al recital de nuestra banda favorita. Scott y Sex Bob-omb tocan exactamente los acordes correctos para ganarse una gran ovación.

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Sobre Franco Borgogna
Periodista apasionado por los videojuegos que sueña en mundos pixel-art sin caídas de frames. Streamer a tiempo parcial, fundador de la comunidad “La Orden del Pixel”, amante de la series, las películas y los comics.
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