por Paula Ridigolo
Existen lugares a los que nuestra memoria siempre anhela volver. Rincones de la imaginación donde la luz del sol parece acariciar la hierba de una manera distinta. Regresar al universo de Planet of Lana se siente como reencontrarse con un viejo amigo que creció, que tiene cicatrices nuevas, pero cuya mirada sigue siendo igual de profunda. Desde los primeros compases de la aventura, Planet of Lana II: Children of the Leaf nos abraza con una belleza abrumadora que nos invita a caminar despacio. Es un título que establece su contexto sin prisa para sumergirnos en un mundo donde la naturaleza intenta sanar las heridas del pasado. El trabajo de Wishfully lo hace con tanta maestría que, desde el primer salto, es fácil darse cuenta que estamos a punto de experimentar algo inolvidable. Un viaje único.
Resulta difícil comenzar a hablar de Planet of Lana II sin mencionar su apartado visual. Adentrarse en los paisajes de Novo es como caminar a través de un lienzo lleno des colores vivos y palpitantes. Cada escenario está pintado a mano con un nivel de detalle que roza lo obsesivo, creando contrastes poéticos entre la exuberancia orgánica de los bosques y el frío acero oxidado de las máquinas caídas. Es inevitable sentir que estamos metidos dentro de una épica epopeya galáctica. Se vuelve prácticamente imposible no parar para tomar capturas de pantalla de forma constante. La mejor forma que encuentro para describirlo es el de una aventura que podría formar parte del universo Star Wars, pero moldeada y esculpida por Studio Ghibli. Existe una magia latente que dota al mundo de un alma propia que respira y vive.
Esta presentación que entra por los ojos, está acompañado por una musicalización que endulza los oídos. La banda sonora, magistralmente orquestada por Takeshi Furukawa, actúa como el hilo invisible que cose nuestras emociones a la pantalla. No se trata simplemente de música de fondo, sino de una sinfonía íntima que se adapta al latido del planeta. Los violines lloran en los momentos de pérdida y los vientos se alzan con fuerza cuando descubrimos nuevos horizontes. El ambiente que genera esta obra a nivel musical es fantástico. Tiene todo lo necesario para hacer que la piel se erize, pero también para hacernos sentir la inmensidad del peligro y la fragilidad de la vida con tan solo un par de acordes sostenidos.
Al igual que en la primera parte, Planet of Lana II presenta una narrativa sobrecogedora y llena de sensibilidad. La historia arranca con nuestra protagonista explorando unas viejas ruinas. Esto funciona como un tutorial donde aprendemos a movernos por el mundo y a interactuar con los entornos. Sin ahondar demasiado en detalles, la aventura comienza cuando Lana y su fiel compañero Mui, se ven obligada a abandonar la paz de su hogar para ayudar a una pequeña niña a recuperarse de una misteriosa enfermedad, desencadenada por una incursión humana. El relato es fantástico y habla acerca del peso de las responsabilidades y el sacrificio, donde el misterio de lo que depara el destino se va desgranando paso a paso, revelando una trama que atrapa sin recurrir a lo evidente.
Lo mejor de la narrativa es la ausencia de texto. Es en este punto donde la obra alcanza una de sus mayores cota de brillantez emocional. El juego prescinde por completo de diálogos legibles dejando que seamos nosotros los que interpretemos lo que pasa. Wishfully confía plenamente en la fuerza de las animaciones de cada personaje para hablarnos directo al alma. Cada caída, cada duda antes de un salto al vacío, cada interacción con los NPC de este mundo e incluso cada pequeña caricia que Lana hace a Mui, transmiten un abanico de emociones que pueden llegar a desarmarnos. La expresividad corporal es tremendamente vívida y elocuente. Podemos sentir el cansancio, el miedo y el mutuo consuelo del dúo protagónico, lo que crea una intimidad deliberadamente profunda que atraviesa el pecho.
Wishfully confía plenamente en la fuerza de las animaciones de cada personaje para hablarnos directo al alma

Esta expresividad también se traslada a nuestras manos, demostrando que estamos ante una secuela en el sentido más puro y absoluto de la palabra. Controlar a los protagonistas se siente familiar, como calzarse unas botas viejas y comodas antes de un viaje largo, pero el tiempo no pasó en vano. Lana ya no es la niña asustada que debía esconderse en cada arbusto. Ahora es una adolescente más osada y valiente que posee una agilidad que haría morir de envidia al mismísimo Príncipe de Persia (el del primer juego, claro). Esto se hace evidente en la incorporación de nuevas mecánicas, como la capacidad de nadar o de deslizarse, lo que transforma el ritmo de una travesía donde los peligros abundan. Afortunadamente, Mui también cuenta con habilidades que resultan increíblemente útiles para mantenernos con vida.
La adorable bola de pelos que nos acompaña puede poseer a otras criaturas y aprovechar sus características únicas para abrirnos paso por el mundo. También desatar una especie de pulso para desactivar cámaras de vigilancia o enemigos. Todo esto se entrelaza de forma brillante con un diseño de puzzles que maduró a la par que los protagonistas. Cada uno de los entornos que visitamos presentan desafíos únicos que se sienten como conversaciones mudas con el entorno. Ahora debemos sincronizar las habilidades de ambos personajes para avanzar, interactuando con criaturas autóctonas o manipulando robots o máquinas. Me encantó que Planet of Lana II no nos lleva de la mano. Por el contrario deja que encontremos soluciones sin indicadores, señales ni cosas por el estilo. El juego respeta nuestra inteligencia.

La ambición de esta jugabilidad, que evoluciona en aspectos muy puntuales respecto a Planet of Lana, está directamente ligada a la escala del mundo. Esta segunda parte plantea una expansión orgánica que nos empuja a salir de la zona de confort y visitar nuevos lugares. El juego deja atrás la relativa seguridad de nuestra aldea para llevarnos a nuevos biomas que nos hacen sentir minúsculos frente a lo desconocido. Escalar montañas nevadas donde el viento aúlla, explorar selvas de una densidad sofocante o sumergirse en las profundidades de oscuros lagos, son solo algunas de las etapas de un viaje que eleva la vara constantemente. Y es que cuando creemos que ya lo vimos todo, el título nos lleva siempre un paso más allá del límite de las fuerzas de una Lana que se las arregla para mantenerse férrea ante la adversidad.
Me encantó que Planet of Lana II no nos lleva de la mano. Por el contrario deja que encontremos soluciones sin indicadores, señales ni cosas por el estilo. El juego respeta nuestra inteligencia
Lo realmente interesante es cómo este aumento en la escala y complejidad nunca llega a sofocar la intimidad que define a la obra. Tal es así que Planet of Lana II no se olvida responder a los interrogantes que quedaron flotando como polvo en el aire luego del final de la primera parte. Es algo a destacar, ya que en la industria actual resulta fácil que una secuela pierda su esencia al intentar expandirse e introducir sistemas de moda. Sin embargo aquí, en el centro de esta colosal expansión, el corazón del juego sigue latiendo al ritmo del vínculo inquebrantable entre Lana y Mui. La confianza que debemos depositar en el pequeño animal durante algunas secciones se siente como algo más que una simple mecánica de juego: es una declaración de lealtad forjada en la pura supervivencia.

A medida que avanzamos, notamos cómo la inocencia del primer viaje da paso a una atmósfera ligeramente más oscura. Al fin y al cabo, existe una madurez melancólica que permea todo el relato. El juego plantea dilemas profundos sobre la naturaleza de la humanidad, el progreso tecnológico que fracturó este mundo y la supervivencia de un ecosistema herido. El entorno se siente más hostil, sí, pero también mucho más real. Las sombras son más alargadas y los silencios más pesados, lo que dota a cada pequeña victoria de un significado mucho más vital. Todo esto también se ve reflejado en el hecho de que Lana busca conocer más acerca de su pasado, algo que nos conduce a revelaciones que si bien se antojan previsibles, están aderezadas por giros de tuerca inesperados.
Todo este conjunto de elementos converge para perfeccionar una fórmula que había dado pruebas de su efectividad en Planet of Lana. No exagero al decir que estamos ante uno de los mejores juegos de plataformas y desplazamiento lateral de esta generación. Planet of Lana II es una obra que mira a los ojos a los grandes clásicos del género y les sostiene la mirada con orgullo. Wishfully consiguió añadir capas de profundidad y expandir su universo sin perder el rumbo o el pulso emocional. Es un título que mantiene intacta esa magia que hizo de la primera parte una aventura única, latiendo bajo la armadura de sus puzles y su narrativa. Sin lugar a dudas, un triunfo de diseño y fidelidad a una visión que merece una celebración.

Disfruté muchísimo de mi tiempo con Planet of Lana II: Children of the Leaf. Es un juego que en 5 horas ofrece mucho más que un conjunto de líneas de código, mecánicas ajustadas y píxeles hermosos. Es un poema visual sobre el crecimiento y el valor de dejar atrás el hogar para luchar por una causa noble. La relación entre Lana y Mui nos recuerda que siempre podemos encontrar luz en los rincones más oscuros si vamos acompañados de la mano correcta. El título de Wishfully no necesita más de lo que ofrece para dejarnos con una dulce y profunda melancolía instalada en el pecho, recordándonos lo fascinante que es perdernos en estos mundos.

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Sobre Paula Ridigolo
Escritora aficionada de historias. Amante de las novelas policiales. No dejo misterio sin resolver. Escuché el primer CD de Pokémon y quedé enamorada de sus canciones.
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