por Franco Borgogna
La mayoría de los juegos de rol suelen ponernos al mando de un grupo de aventureros que deben cumplir con algún tipo de misión. No obstante, muy pocos títulos exploran la faceta de hacernos sentir el peso de convertirnos en un líder que debe construir todo desde cero. En mi paso por Gamescom 2025 tuve la posibilidad de visitar al equipo de Arctic Hazard para conocer todos los detalles de Norse: Oath of Blood, una propuesta que toma elementos RPG y elementos de gestión para dar forma a una propuesta muy interesante. Y es que aquí, además de tener batallas tácticas por turnos, también nos haremos responsables de una aldea y sus habitantes, mientras preparamos el terreno para desatar una sangrienta venganza.
En mi tiempo con el equipo de Arctic Hazard tuve mi primer contacto con Norse: Oath of Blood. Cierto es que del título se viene hablando hace tiempo, pero tener la oportunidad de poder explorar en profundidad sus diferentes aspectos, no hizo más que aumentar mi interés por él. El juego nos pone en los pies de Gunnar, un joven vikingo que emprende una cruzada de venganza luego de que el traicionero Steinarr Far-Spear asesinara a su padre, el Jarl Gripr, tomando de este modo el poder de la región. Expulsado de sus tierras y condenado a vivir como un exiliado, nuestro protagonista consigue asentarse en una pequeña porción de tierra desde la que comenzará a reconstruir su clan, forjar alianzas y reclamar el honor de su familia con sangre y acero.
Lo primero que me llamó la atención, es lo bien que luce el juego. En cierto modo, el título me recordó mucho a Wartales, pero con un apartado gráfico más refinado y pulido. Tanto nuestros vikingos como los enemigos a los que se enfrentan cuentan con decenas de detalles y animaciones únicas. Además, se puede definir el aspecto cambiando las vestimentas, colores de las pinturas de los escudos, añadiendo tatuajes, cicatrices y varias cosas más para hacer que cada miembro de nuestro grupo se sienta único. Esto también se ve plasmado en los escenarios, donde se nota el cuidado que el equipo de desarrollo está poniendo para entregar un videojuego de primer nivel.

Respecto a la jugabilidad, Norse: Oath of Blood la divide en dos partes: Por un lado está la gestión y, por el otro, los combates. La administración del asentamiento es bastante profunda. Debemos preocuparnos de producir alimentos y hogares para todos los pobladores. Eventualmente nuestra aldea comenzará a crecer y podemos edificar un gran salón, una herrería y varios edificios más que no sólo tendrán un impacto en cuanto a las funciones a las que vamos a poder acceder, sino en lo visual. Esto es algo que me gustó, puesto que se siente que cada mejora es realmente significativa. Levantar esa estructura que tantos recursos demanda, provoca un cambio que se siente casi palpable.
Pero la cosa no queda ahí, ya que también tendremos que obtener materiales de construcción y alimentos. En este sentido, es importante tomar en cuenta que el juego divide cada jornada en turnos. Por lo tanto, hace falta planificar cuidadosamente las actividades que vamos a asignar a los hombres y mujeres que tenemos a nuestro cargo, ya que el paso del tiempo trae consigo el cambio de estaciones. Entonces, sucede que si pasamos demasiado tiempo combatiendo, no tendremos suficientes personas para labrar la tierra, provocando que cuando llegue el invierno la población no tenga nada que comer. La idea pasa por encontrar un balance entre acción y gestión.
Norse: Oath of Blood pretende mantener cierto realismo en su propuesta, por lo que si bien tenemos toda la mitología nórdica presente, nunca tendremos que enfrentar a cíclopes, demonios o gigantes
Norse: Oath of Blood pretende mantener cierto realismo en su propuesta. Por lo tanto, si bien tenemos toda la mitología nórdica presente, nunca tendremos que enfrentar a cíclopes, demonios o gigantes. Las batallas mantienen un enfoque táctico muy en la línea de XCOM o el propio Wartales. Podemos explorar el territorio, buscar objetos, recursos y pistas que nos pueden conducir a nuestro objetivo. Todo esto se desarrolla en tiempo real, aunque una vez visualizamos a nuestros enemigos, accedemos a los combates por turnos. Aquí todo se mantiene bastante convencional, con los clásicos sistemas de coberturas, ataques de oportunidad, flanqueos y ataques críticos que desencadenan unas animaciones de ejecuciones exquisitas.

Como toda buena propuesta que bebe del género RPG, aquí también tenemos un sistema de progresión. Cumplir con objetivos, eliminar enemigos y finalizar misiones nos recompensará con puntos de experiencia. Estos se pueden usar para mejorar las características de los personajes, pero más concretamente para definir su clase. Por defecto, todos nuestros guerreros tienen una suerte de trasfondo que define su arquetipo, pero conforme suban de nivel, pueden especializarse en dos ramas diferentes. Con esto podemos desbloquear nuevas habilidades que hacen que a pesar de tener dos vikingos con características similares, su desempeño en batalla sea radicalmente diferente.
Sobre el final de la demostración, el equipo de Arctic Hazard me brindó algunos detalles más acerca de la propuesta. Uno de los más llamativos es que podremos reclutar a diferentes personajes históricos para nuestras filas. En este sentido, si bien el título pretende mantener cierta precisión histórica, se tomará ciertas licencias. Por lo tanto, sí, existe la posibilidad de que figuras emblemáticas como Ragnar Lodbrok se unan a la batalla. Por otra parte, algo que no puede faltar son los saqueos, aunque en este sentido mi pregunta estuvo dirigida a si podríamos asaltar monasterios cristianos. Esto parece que será posible, aunque en actualizaciones que podrían llegar a futuro. Al fin y al cabo, la historia principal del juego transcurre en Noruega y -de momento- no existen motivos para viajar a Inglaterra.

Quedé muy conforme con lo que vi acerca de Norse: Oath of Blood. Me resultó un juego sumamente completo que cuenta con lo necesario para satisfacer a diferentes audiencias. Honestamente no encontré puntos flacos o preocupantes, más allá de que puede ser un juego de nicho. La combinación del sólido apartado de gestión con un sistema de combate que ya dio pruebas suficientes de su eficacia, es motivo más que suficiente como para querer darle una oportunidad. Además, si a esto le sumamos una historia escrita por Giles Kristia y una banda sonora que incluye música original del compositor Gaz Bailey y Galdorcræft, una banda de neofolk oscuro que fusiona instrumentos antiguos y modernos, creo que tiene todo para marcar el tono de una inquietante saga vikinga.

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Sobre Franco Borgogna
Periodista apasionado por los videojuegos que sueña en mundos pixel-art sin caídas de frames. Streamer a tiempo parcial, fundador de la comunidad “La Orden del Pixel”, amante de la series, las películas y los comics.
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