NINJA GAIDEN: RAGEBOUND – Análisis

NINJA GAIDEN: RAGEBOUND – Análisis

Dolor, gloria y legado en cada pixel

The Game Kitchen se luce con Ninja Gaiden: Ragebound, una desafiante aventura de plataformas en 2D que combina lo clásico con lo moderno, manteniendo intacto el espíritu de la saga


Desde el horror minimalista de The Last Door a la oscura atmósfera sacro-barroca de Blasphemous, el equipo de The Game Kitchen logró demostrar su capacidad y hacerse con el título deMaestros Forjadores del Pixel’. En cada entrega el estudio sevillano demostró que puede darnos grandes historias, emocionantes combates y alucinantes escenarios gracias a su creatividad, visión de diseño y capacidad técnica de producción. Teniendo en cuenta lo mencionado, la icónica y legendaria saga Ninja Gaiden que combina el combate rápido con un desafiante plataformeo y una narrativa intensa, se antojaba como el metal perfecto para moldear una fantástica aventura. Una que con la ayuda del yunque y la fragua de Dotemu, el equipo pudo trabajar a su antojo para crear Ninja Gaiden: Ragebound y llevar la franquicia de regreso al 2D que la vio nacer.

A más de 35 años del lanzamiento de Ninja Gaiden, varias preguntas comenzaron a resonar en mi cabeza acerca de esta nueva entrega: ‘¿Es Ragebound una entrega digna para la saga?’ y ‘¿Podrá The Game Kitchen continuar el legado de Tecmo?’. Y es que sucede que cuando un juego alcanza la grandeza y un estudio demuestra su maestría, no basta con jugarlo, sino que también hay que entenderlo. Ninja Gaiden: Ragebound comienza en el momento en que el legendario Ryu Hayabusa se dirige a Estados Unidos tras recibir una carta de su padre. En ese momento, una horda de demonios atacada su aldea, por lo que Kenji, su pupilo, debe hacerse cargo de frenar la amenaza. En su andar se topa con Kumori, una miembro del Clan Araña Negra y enemigo jurado de los Hayabusa, con quien se ve obligado a unir fuerzas para sobrevivir.

El juego resalta la cooperación de los dos personajes, miembros de clanes enemigos, demostrando que la unidad es la mejor arma en tiempos apremiantes. Kumori y Kenji fusionan sus habilidades, manteniendo las habilidades más significativas de cada uno de ellos. Por un lado, tenemos el combate cuerpo a cuerpo del ninja, y las armas a distancias de la asesina de la Araña Negra. La sinergia entre los dos protagonistas es óptima y poderosa, tanto a nivel jugable como en lo que al desarrollo de personajes respecta. En este sentido, existe una evidente evolución que se profundiza gracias a un rico entramado narrativo. Cada personaje tiene sus características propias, como la ingenuidad o la inmadurez, algo que en un principio los hace parecer como niños peleando por un caramelo. Sin embargo, pese a sus diferencias aprenden a colaborar dándonos una bonita lección acerca de la cooperatividad y el sacrificio.

Una de las características propias de Ninja Gaiden reside, sin lugar a dudas, en la dificultad; esa crueldad endiablada que pareciera estar arraigada en los códigos y algoritmos del juego. En este sentido, Ninja Gaiden: Ragebound se mantiene en la misma línea en varios sentidos ya que hablamos de una aventura en 2D de desplazamiento lateral. Por lo demás, es una desafiante prueba de perseverancia, brutal y despiadada pixel a pixel. Sin embargo, por muy paradójico que suene, morir en este juego es a la vez dulce y adictivo. Además de un demandante plataformeo, también vamos a tener que enfrentar a diferentes tipos de enemigos, ya sea demonios infernales o ejércitos de mercenarios.

La combinación de ambas partes -acción y plataformas- hace complicado el avance, especialmente por la posición estratégica de muchos enemigos. Y si bien es cierto que la gran mayoría los podemos eliminar de un golpe, algunos demandan de nuestros mejores reflejos, visión, concentración y técnica para derrotarlos. El diseño de escenarios también colabora para detener el avance, con pinchos, fuego y caídas al vacío. Esto sólo por mencionar algunas instancias, ya que la intención no es spoilear. En algunas situaciones nos vamos a ver manipulando el equilibrio y atacando a la vez mientras saltamos entre las ramas de árboles, nos colgamos de un helicóptero, o avanzamos en un tren en movimiento. Pero lo mejor de todo esto es que nos hace recordar que estamos controlando a un ninja.

Ninja Gaiden: Ragebound Análisis

Hay misiones secundarias que son un verdadero reto, escenarios con hordas de enemigos y un sistema de plataformas donde para superarlas nos hará falta velocidad, precisión e incluso algo de suerte. Ahora, no puedo hablar de dificultad sin mencionar a los jefes. Es aquí donde se nota gran parte del empeño y esmero por parte de The Game Kitchen. Los diseños, presentación, y dificultad están muy bien definidos. En lo personal disfruté de algunos de estos enfrentamientos como hace mucho tiempo no lo hacía. Algunos despertaron mi sentido ninja y más que frustrarme, lo pasé fenomenal con dichas batallas. Una vez completada la travesía, me quedé con la sensación de haber disfrutado de una experiencia muy positiva. Una que me rememoró a las primeras entregas de la saga.

Amen de lo mencionado, lo que suma una gran capa de complejidad a Ninja Gaiden: Ragebound es la velocidad. El juego nos obliga a ir a un ritmo increíblemente rápido, lo que aporta mucha intensidad y adrenalina. Además, al terminar la campaña, se desbloquea una nueva dificultad, llamada ‘Modo Difícil’, que añade más retos, enemigos, plataformas, pinchos, a cada nivel. Dicho de otro modo, son los mismos escenario pero con más obstáculos. Sin lugar a dudas, un modo creado para los amantes de los desafíos dementes, puesto que si salimos del juego vamos a comenzar desde el primer nivel sin importar el avance logrado. Igualito que antaño. Por contraparte, también cuenta con un ‘Modo Asistido’, que permite ajustar la dificultad a nuestro gusto. Eso sí, recomiendo encarecidamente no usar esta modalidad hasta superar el juego, al menos una vez.

Por supuesto que a la par de la dificultad está la diversión. Ninja Gaiden: Ragebound cuenta con una jugabilidad simple, pero muy versátil y funcional. Más allá de solo avanzar y atacar, ofrece dinámicas que amplían positivamente la experiencia. Una las mecánicas más satisfactorias es la de la Hipercarga, un ataque fulminante que destruye a cualquier enemigo de un solo golpe. Esta habilidad es como una burbuja de aire en la profundidad del océano. El truco está en que su ejecución requiere de eliminar a un enemigo que posea una especie de aureola que nos va a dar acceso a dicha técnica. Eventualmente también podemos separar a Kenji de Kumori y hacer uso de las capacidades de esta para explorar el escenario en busca de secretos.

Por otro lado, también podemos equiparnos con talismanes que confieren diferentes efectos a las habilidades de Kenji y Kumori. Gracias a dichos objetos los personajes adquieren nuevas capacidades. Por ejemplo, pueden recuperar vida en cada punto de guardado o ampliar la invulnerabilidad después de recibir un golpe, entre otras tantas. Sólo podemos llevar dos equipados y podemos cambiarlos de acuerdo a las necesidades de cada nivel. Además están las Artes Secretas que nos permiten ejecutar ataques especiales como arrojar una lluvia de kunais, paralizar a los enemigos y varias cosas más que pueden sacarnos de más de un apuro. Lo único es que para usarlas antes vamos a tener que llenar nuestra barra de ki.

Ninja Gaiden: Ragebound Review

Tanto los talismanes como las artes secretas las podemos comprar en la tienda del viejo Muramasa. Para ello necesitamos conseguir escarabajos dorados, calaveras de cristal y planos en salas secretas. Estos funcionan como moneda de cambio y algunos de ellos están escondidos en los rincones más recónditos y olvidados que solo los mas osados y persistentes pueden llegar a alcanzar. Si son como yo, lo más probable es que pasen mas tiempo cayendo al vacío a causa de ello. Afortunadamente, la banda sonora que nos acompaña en todo momento es vertiginosamente frenética. Todo un deleite para los oídos. Además algo que define mucho al título es la velocidad, característica se ve potenciada por el admirable impacto de las melodías que suenan de fondo.

La combinación de guitarras eléctricas, batería y sintetizadores, sumado a los sonidos de desmembramiento, quejidos de dolor, y el efecto visual de partir en dos a un demonio se traduce como una inyección de adrenalina y dopamina. No obstante, no puedo dejar este acápite sin mencionar que también hay algunos sonidos molestos. Un claro ejemplo de ello son las cascadas, que suenan como una interferencia o ruido blanco, lo que resulta aturdidor y molesto. La banda sonora de Ninja Gaiden: Ragebound también evoca la nostalgia de los ’80. Por momentos sentí que el control lo manejaban las manitos de aquel niño que creció jugando a Ninja Gaiden, Castlevania o Contra.

Los juegos en 8 bits marcaron el inicio de una era llena de imaginación y dificultad. Visto a la distancia, resulta impresionante cómo los desarrolladores plasmaban los escenarios tan maravillosos que ellos imaginaban con recursos muy limitados. Aún así, les fue posible crear una saga con la suficiente inmersión como para hacernos sentir como todo un ninja. Ahora, a más de 35 años de dicha época, la tecnología de hoy permiten a los creativos dar vida a los más abstractos e ingeniosos universos, con gráficos realistas y en alta definición. Y si existe un equipo que supo aprovechar todas estas herramientas es, sin lugar a dudas, The Game Kitchen

Todo jugador que haya pasado tanto por Blasphemous 1 y 2, van a notar ipsofactamente la mano del estudio español. The Game Kitchen, que tantas alegrías supo darnos, nos invita con cuchara en mano a saborear de un detallado y expresivo apartado gráfico pixel art con fondos maravillosos, y una paleta de colores exquisita aderezada con animaciones sumamente fluidas y dinámicas. Pero lo mejor de todo, lo más fascinante, es ver como un equipo puede salir de su zona de confort y todavía tener la capacidad de transmitir la misma pasión, en un entorno completamente distinto. Por momentos me sentí un Penitente, pero en un universo ninja, y quizás esa era la idea. Vaya uno a saber.

Ninja Gaiden: Ragebound Reseña

Por primera vez en mucho tiempo me encontré con un juego que me hizo arder los ojos y doler los pulgares. Justamente lo mismo que me pasaba cuando era un niño y solo existía el juego, el control y yo. Ninja Gaiden: Ragebound sabe combinar lo clásico con lo moderno y traer en 2025 el espíritu de una saga cuyo génesis se remonta a los años ’80. La velocidad y vertiginosidad que imprime la jugabilidad, enfatizada por una banda sonora maravillosa, es una clara invitación a saltar y repartir espadazos, como así también a disfrutar de una historia original. Es uno de esos juegos que se siente como correr por un oasis. Un título donde todo se siente perfecto y, cuando no lo estoy jugando, quisiera estarlo.


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Sobre Ulises Corrales

Soy un apasionado de la fantasía oscura medieval y fanático de los soulslike. Cuento historias con voz sensual en cada hoguera en la que paro a descansar.


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