por Paula Ridigolo
Nunca me consideré una gran estratega de las finanzas ni mucho menos una guerrera curtida. Sin embargo, la premisa de Moonlighter 2: The Endless Vault me atrapó desde el primer minuto. Descubrir este mundo fue para mi como abrir una caja de sorpresas donde el peligro que acecha en cada mazmorras y la calma de un mostrador de madera se dan la mano de forma inesperada. No sabía qué esperar cuando llegué por primera vez al pueblo de Tresna, pero pronto entendí cual era el propósito de Will. Contrario a lo que pensé no consistía en salvar el mundo en el sentido heroico tradicional, sino convertirlo en el motor económico de una comunidad que dependía de la capacidad para arriesgar su vida y, sobre todo, para saber ponerle precio a dicho riesgo.
Moonlighter 2 es la secuela del aclamado título de Digital Sun. A decir verdad, no tuve la oportunidad de jugar a la primera parte, pero me llamó la atención el cambio en el apartado visual. Moonlighter presentaba un pixel art hermoso que ahora es reemplazado por una estética que mezcla lo moderno con lo clásico. Los entornos tienen una profundidad que hacen sentir que uno realmente puede perderse entre las sombras de cada zona visitada. Además, las luces de las antorchas, el polvo que se levanta al rodar por el suelo y la expresividad de los personajes que habitan el pueblo crean una atmósfera vibrante y acogedora. De este modo, el juego logra que el peligro de aventurarse en cada nuevo calabozo se sienta real, pero sin perder encanto gracias a un arte tan detallado como colorido.
Mi incursión en la primera mazmorra que el juego habilita se convirtió en una lección de humildad necesaria. No tenía ni idea de que el combate requería de tanta atención y estrategia. La cosa no va de pulsar botones sin ‘ton ni son’. Se trata aprender cómo se comportan los enemigos y de aprovechar las capacidades inherentes a cada arma. También de sacar provecho a las habilidades temporales que se pueden obtener en cada run. En este sentido, el juego ofrece una amplia variedad de posibilidades con las que experimentar a fin de dar forma a la build perfecta con la que -literalmente- romper una partida. Esto, sumado a los buenos reflejos se convirtieron en mis mejores aliados para no volver a casa con las manos vacías.
Algo que realmente me llamó la atención además del combate es lo que sucede con el botín. La mochila no es un saco sin fondo donde apilar cosas. Por el contrario, se trata de un espacio limitado donde cada objeto tiene sus propias reglas. Casi me atrevería a decir que es un juego aparte, una suerte de ‘Tetris‘ donde tuve que lidiar con reliquias que lanzan maldiciones a los objetos adyacentes o tesoros que solo pueden colocarse en los bordes del inventario. Este sistema me obligó a analizar y decidir qué era valioso como para ocupar ese espacio sagrado y que dejaba atrás. Es una mecánica brillante que convierte la gestión de recursos en una extensión de la aventura que me mantuvo mentalmente activa incluso en los momentos de calma.
Afortunadamente, cuando la mochila se llena de cosas de valor y las cosas se ponen feas en la mazmorra, existe la posibilidad de regresar al pueblo de forma inmediata. Me encantó el hecho de que, después de una noche de peligros, Moonlighter 2 se transforma en algo completamente distinto y fascinante: la gestión de mi propia tienda donde pude vender todo el botín obtenido. Eso sí, no existe una guía que diga cuánto vale cada cosa. La primera vez que puse un objeto a la venta fue un ejercicio de pura intuición. Tuve que observar las reacciones de los clientes para saber si el precio era el indicado, viendo como expresaban alegría ante una ganga o indignación ante lo que consideraban abusivo. Esa psicología del mercado me tuvo más tiempo del que me atrevería a admitir ajustando precios solo para maximizar el margen de beneficio.
después de una noche de peligros, Moonlighter 2 se transforma en algo completamente distinto y fascinante

La conexión entre aventurero-tendero ofrece un loop de juego muy adictivo que no vi venir. Esto se debe a que cada moneda ganada vendiendo esos extraños artefactos tiene un destino claro: mejorar el equipo para llegar más lejos en la próxima incursión e invertir en la prosperidad del pueblo de Tresna. Pero lo más importante es que cada venta ayuda a completar los desafíos de la ‘Cámara Infinita’, lo que a su vez desbloquea nuevas mecánicas y mejoras. Resulta increíblemente gratificante ver como nuevos puestos comerciales abren sus puertas, ofreciendo una sensación de progresión tangible. Sentí como que estaba construyendo un hogar que dependía de mi astucia y valentía a partes iguales.
En cuanto a la dificultad, tuve algunos momentos de frustración, especialmente cuando los ‘perks’ o pasivas que encontraba por el camino no eran las adecuadas. Llegué a sentir que la suerte no me sonreía y que sufría mucho más de la cuenta porque los objetos no terminaban de encajar con mi estilo de juego. No obstante, en otras ocasiones me sentía como una máquina de destrucción imparable. El resultado es el de un equilibrio delicado que me hizo sentir un poco a merced del azar, pero supongo que eso forma parte del encanto de explorar lo desconocido. Cada descenso a las profundidades es una apuesta, y como suele suceder, se debe perder para poder ganar.

Resulta increíblemente gratificante ver como nuevos puestos comerciales abren sus puertas, ofreciendo una sensación de progresión tangible
El apartado sonoro merece un capítulo aparte porque es como un pegamento que une toda la experiencia. La música de la tienda tiene esa calidez que me hizo sentir segura, como si estuviera frente a una chimenea después de una tormenta. Por su parte, cada vez que visitaba una mazmorra los ritmos se vuelven tensos y envolventes. Incluso los momentos de silencio se dejan disfrutar, los cuales suelen estar interrumpidos por el tintineo de las monedas o el sonido metálico de las armas chocando contra las de los enemigos. Es un diseño de audio que entiende perfectamente cuándo convertirse en el protagonista y cuándo simplemente debe acompañar.
Pese a todo lo mencionado, no puedo dejar de mencionar el hecho de que Moonlighter 2 todavía está en una etapa de desarrollo activa. Con esto quiero decir que pude notar algunas costuras. Si bien no se trata de nada ‘grave’ me topé con pequeñas ralentizaciones cuando la pantalla se llena de demasiada acción y algún que otro error visual que hace que los objetos aparezcan flotando donde no deben. Sin embargo, estos detalles no han logrado empañar mi entusiasmo, más por el hecho de que Digital Sun está actualizando el juego de forma constante. De hecho, me quedo con la sensación de estar participando en algo que todavía está creciendo y evolucionando.

Cabe destacar que el juego tiene un trasfondo narrativo que está enlazado con los eventos acontecidos en la primera parte. Aún así, no hace falta jugar a Moonlighter para entender lo que sucede. Pude enterarme de todo lo que tenía que saber a través de las conversaciones con los diferentes personajes y de las cutscenes. Hay un misterio latente sobre qué son realmente estas mazmorras y por qué están allí, algo que alimentó mi curiosidad de forma inesperada. Cada objeto convertido en dinero se siente como una pieza de un rompecabezas invita a descubrir qué hay más allá de cada calabozo, no sólo por la riqueza, sino por la verdad que se esconde detrás de este mundo.
Algo que aprecié mucho es el hecho de que si bien el juego es desafiante, la muerte no se sintió como un castigo implacable. Caer en combate no significa perderlo todo sino que los objetos que llevaba en la mochila perdieran parte de su valor. Eso, sumado a la mecánica de poder teletransportarme alivian el peso de la repetición y facilitan la progresión. Desde mi punto de vista, estas decisiones de diseño permiten que la experiencia se mantenga fresca. Tal es así que nunca tuve la sensación de estar perdiendo el tiempo. Y para alguien que no está acostumbrada a este tipo de dinámicas de riesgo y recompensa, Moonlighter 2 hizo un gran trabajo guiándome sin sentir que me llevaba de la mano. El título me dejó cometer errores y aprender de cada uno de ellos.

En definitiva, mi entrada en este universo es una de las sorpresas más gratas que he tenido recientemente. Moonlighter 2 sabe equilibrar la adrenalina del combate con la calma analítica de la gestión económica de forma que se siente natural y muy divertida. Me convirtió en alguien que vigila las fluctuaciones del mercado con la misma intensidad con la que vigila los patrones de ataque de un jefe final. Si bien todavía tiene margen de mejora en su pulido técnico y en el equilibrio del azar, la experiencia de convertirme un mercader de lo desconocido es algo que me tiene totalmente cautivada. Sin lugar a dudas, vale la pena darle una oportunidad aún en su estado de acceso anticipado. Y ahora los dejo que esa tienda no se va a gestionar por sí sóla.

Suscríbete a nuestro Newsletter
Sobre Paula Ridigolo
Escritora aficionada de historias. Amante de las novelas policiales. No dejo misterio sin resolver. Escuché el primer CD de Pokémon y quedé enamorada de sus canciones.
Artículos más recientes