MIO: MEMORIES IN ORBIT – Análisis

MIO: MEMORIES IN ORBIT – Análisis

Memoria viva entre silicio y savia

El metroidvania de Douze Dixièmes presume de un apartado artístico capaz de quitar el aliento en una experiencia que destaca gracias a una marcada identidad propia


Puede que lo parezca, pero MIO: Memories in Orbit no es simplemente otro nombre en la saturada lista de metroidvanias contemporáneos. Por el contrario, el título de Douze Dixièmes se presenta como un susurro de melancolía tecnológica que emerge desde las profundidades de ‘El Navío‘, una nave colosal que supo ver días mejores pero que ahora luce como un viejo cadáver de metal. Además, está claro que nuestro protagonista, un pequeño androide, no es un héroe convencional, sino una mota de polvo con voluntad propia, perdido en un laberinto que una vez fue el orgullo de una civilización y que ahora es solo un eco de su propia caída. Este punto de partida es el disparador que nos sumerge en una travesía donde la soledad no se siente como un vacío, sino como una presencia constante que nos observa desde cada rincón iluminado por neones parpadeantes.

En MIO: Memories in Orbit (MIO de ahora en adelante), nuestro objetivo consiste en recorrer una instalación de proporciones titánicas que alguna vez fue el pináculo de la civilización, pero que ahora yace en un silencio sepulcral. El núcleo de la trama reside en la reconstrucción de la identidad, algo que podemos descubrir a través de datos y ecos del pasado. Somos nosotros los que debemos unir los pontos para descifrar qué tipo de catástrofe sumió a la megatestructura en el caos y por qué los sistemas de defensa nos ven como una anomalía. Todo rebosa de melancolía y soledad. Cada nuevo sector desbloqueado no solo ofrece un nuevo desafío de agilidad, sino una pieza más del rompecabezas acerca de porqué este mundo se niega a morir.

La narrativa ambiental es uno de los pilares sobre los que sostiene el título. Descubrir el pasado de El Navío me hizo sentir como un arqueóloga que poco a poco iba desenterrando los secretos de una tragedia olvidada. A medida que avanzaba iba encontrando grabaciones, restos de tecnología y altares naturales que sugerían que la estructura era mucho más que una nave de transporte, sino un refugio cuyos habitantes se encuentran enfrentando la extinción por razones que se van revelando a cuentagotas. Esta forma de contar la historia, subjetiva y fragmentada, hizo que cada descubrimiento se sintiera personal. Parecía que estaba reconstruyendo un recuerdo borrado de mi propia memoria. En este contexto, MIO, el protagonista, no es solo un robot sino uno de los últimos testigos de un mundo que se niega a morir.

Algo que me cautivó desde el minuto uno, es el apartado visual y sonoro. MIO es, sencillamente, una obra de arte en movimiento que hipnotiza los sentidos. Los escenarios se presentan com lienzos dibujados a mano alzada donde el contraste entre el frío acero de la nave, la opulencia, la vegetación e incluso la oscuridad, cobran vida gracias a una paleta de colores que va desde tonos pastel a otros más fuertes estilo neón. Acompañando a esta belleza visual, está la banda sonora que es como una caricia electrónica. Las melodías mezclan sintetizadores ambientales, tonadas minimalistas y hasta coros vocales que se adaptan a lo que vemos en pantalla. Todo esto crean un paisaje sonoro sumamente inmersivo y por momentos relajante que habla del excelente trabajo llevado a cabo por Douze Dixièmes.

Acompañado de ello, el juego cuenta con un diseño de niveles muy interesante. Cada zona presenta un un entramado de pasillos y cámaras secretas que se entrelazan con la complejidad de un sistema circulatorio. A diferencia de otras propuestas donde el mapa se siente como una cuadrícula rígida, El Navío presenta conexiones entre zonas increíblemente lógicas que incluso sorprenden con atajos que nos regresan a lugares previamente explorados pero con una nueva perspectiva. En este sentido, el juego sabe cómo recompensar nuestra curiosidad de forma casi terapéutica, donde detrás de una pared sospechosa o de un salto aparentemente imposible se esconder fragmentos de historia o valiosas mejoras para nuestro personaje.

MIO: Memories in Orbit Análisis

En términos jugables, estamos frente a un título que demanda de bastante precisión. Si bien MIO no cuenta con la agilidad eléctrica de Hornet de Hollow Knight, el juego presenta desafíos plataformeros sumamente desafiantes. Afortunadamente los controles responden muy bien, lo que hace que saltar o colgarse de algún objeto no sea para nada un problema. Esto es un factor clave, ya que permite que uno se meta en ‘la zona’ de forma inmediata. Es en esta simbiosis donde el juego brilla. Pude navegar por escenarios complejos con muchísima elegancia. De este modo, el simple acto de desplazarse de una sala a otra se sintió como un micro-placer constante, casi como si fuera una corriente de aire recorriendo las venas de un gigante dormido.

Por otra parte, el sistema de combate demanda de una atención total. Los enemigos que deambulan por los escenarios no presentan demasiados problemas, pero los jefes son otro cantar. Es ahí donde MIO despliega sus mejores armas, ya que cada enfrentamiento demanda de lectura de patrones y estrategia. Superar un desafío requiere de aprender a leer en décimas de segundo y todas las habilidades que obtenemos las vamos a tener que usar tarde o temprano, pero no solo para avanzar por el mapa, sino como herramientas para contrarrestar, bloquear o esquivar ataques. Cada enfrentamiento es sumamente vibrante, y no se puede bajar la guardia ni por un momento ya que los descuidos se pagan caro.

MIO: Memories in Orbit Review

La progresión de habilidades se siente orgánica y significativa. Me gustó el hecho de que el juego evita el error común de otorgar poderes genéricos que solo sirven de llave maestra. Cada mejora que MIO incorpora a su núcleo robótico cambia la forma en que interactuamos con el entorno. Abren nuevas posibilidades de movimiento que se pueden aprovechar tanto en la exploración como el combate. Además, podemos equipar diferentes modificadores que pueden cambiar el comportamiento de una determinada habilidad, lo que nos permite establecer o definir nuevas estrategias. Esta curva de aprendizaje está muy bien diseñada y llena de momentos ‘eureka’. La experimentación es clave, ya que descubrir cómo aprovechar el uso de una técnica de forma diferente es sumamente gratificante.

Hacia el tramo final del juego, la escala de los desafíos crece de forma exponencial. El juego nos pone a prueba con combates y secuencias de plataformas que exigen una coordinación milimétrica. Es aquí donde realmente se puede apreciar el pulido técnico de la obra, ya que los fallos se perciben más como una falta de habilidad propia y no como una deficiencia del control. Es hipnótico ver como MIO encadena impulsos, rebotes en paredes y ataques aéreos para cruzar abismos llenos de peligros. Un espectáculo visual que justifica cada hora invertida en dominar sus mecánicas. Es un crescendo final que me dejó con el corazón acelerado y la satisfacción de estar conquistado un mundo que parecía diseñado para expulsarme.

MIO: Memories in Orbit Reseña

Sin embargo, no todo es perfecto en este viaje espacial y considero necesario señalar los puntos bajos que pueden empañar ligeramente la experiencia. En lo personal, el mayor obstáculo se encuentra en ciertos picos de dificultad, especialmente con algunos jefes finales. Si bien pude superar la mayoría sin mayores inconvenientes, algunos se sintieron como un verdadero muro de hormigón que dificultaron el avance. También hay segmentos en los que el castigo por un error se sienten muy desproporcionado y obligan a repetir secciones largas, lo que en cierto punto comenzó a minar mi paciencia. Además, aunque el mapa es magistral, el backtracking se me hizo algo tedioso ya que no alcanza con desbloquear los puntos de viaje rápido, sino que también se necesita encontrar a una especie de guardián para activar su funcionamiento. Esto rompe un poco el flujo mágico que tanto atrapa al inicio.

Lo más interesante es que, comparándolo con otros gigantes del género, el título logra encontrar su propia identidad sin necesidad de recurrir a la nostalgia. Para poner un ejemplo, mientras que juegos como Metroid Dread apuestan por la tensión de la persecución y el horror tecnológico, MIO apuesta por una aproximación más poética y contemplativa. Algo similar a lo que podemos ver en la saga Ori, pero diferente. Es un metroidvania que no tiene miedo de detenerse a mirar el paisaje, de dejarnos absorber la majestuosidad de un escenario desolado antes de lanzarnos de nuevo a una batalla frenética. Esa capacidad para alternar entre el caos y la calma es lo que lo hace destacar. Un juego con un alma propia que es difícil de encontrar en la industria actual.

MIO: Memories in Orbit es una experiencia que logra capturar la esencia de lo que hace grande a un metroidvania: el placer del descubrimiento y la superación personal en un mundo hostil pero bello. Es una obra que se quedó grabada en mi retina gracias a un apartado artístico fantástico. Douze Dixièmes me recordó que incluso en el vacío más oscuro del espacio, siempre hay un rastro de vida y esperanza. Y sí, puede que el juego tenga sus aristas y momentos de frustración, pero son apenas pequeñas grietas en un monumento de metal y neón. Lejos de sentirse como ‘uno más’, es un más que digno exponente dentro de un género abarrotado que sin lugar a dudas merece una oportunidad. El viaje de MIO es un recordatorio de que, incluso en el corazón de una máquina, puede florecer una memoria viva.


Portada del juego

MIO: MEMORIES IN ORBIT

DOUZE DIXIÈMES

Distribuye: Focus Entertainment
Lanzamiento: 6 de Febrero de 2026
Género: Aventura, Acción, Plataformas

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Sobre Paula Ridigolo

Escritora aficionada de historias. Amante de las novelas policiales. No dejo misterio sin resolver. Escuché el primer CD de Pokémon y quedé enamorada de sus canciones.


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