Las universidades tienen todo para convertirse en el escenario para sucesos extraños, pero en la academia Hemsk, que se encuentra apartada en una misteriosa isla, las sombras -literalmente- tienen vida propia. En medio de clases, relaciones que disimulan falsedad y rutinas estudiantiles que lucen más peligrosas que aburridas, Demonschool, desarrolla su trama. En el título de Necrosoft Games seguimos a Faye, una estudiante que pronto descubre que el campus se caracteriza por algo más que su nivel académico: en este lugar el velo que divide nuestro mundo y una dimensión demoníaca se desgarra filtrando seres que atentan con destruir el mundo.
En Demonschool lo que empieza como un año lectivo más, se transforma en una serie de desapariciones, rituales encubiertos que involucran a criaturas del averno. Esto sería un problema si nuestra protagonista fuera una simple mortal. Sin embargo, Faye cuenta con la particular habilidad de ver demonios, una suerte de sexto sentido heredado por su familia, ya que es la última integrante de una legendaria estirpe de cazadores de demonios. La determinación y maestría para el combate de nuestra protagonista se presentan como las claves para definir el destino, y su sensibilidad ante lo sobrenatural la convierte en la única capaz de interpretar fenómenos sobrenaturales y poner fin a la invasión demoníaca.
Un rasgo particular de esta aventura es que el instituto no solo funciona como escenario, sino también como personaje. La estructura episódica conformada por misiones cortas, combate fluido, diálogos y exploración ligera con más de una situación hilarante permite un ritmo ágil que nunca se siente repetitivo gracias al equilibrio entre misterio, desafío y la tensión adolescente que sostiene la narrativa. Adicionalmente, la experiencia se nutre de sencillos pero interesantes minijuegos. Podemos cocinar, participar de shows de karaoke, pesca o incluso carreras de insectos, entre otras distracciones para pasar el rato entre un punto y otro del argumento.
Faye es la protagonista de esta historia, pero no está sola. La acompañan Destin, Knute y Namako, un grupo de amigos de lo más peculiar que destaca por su personalidad estereotipada. Y no en balde podemos identificarlos fácilmente a un rol específico en lo jugable. Pero no son los únicos ya que podremos entablar amistad con otros 15 personajes. Lo mejor es que lejos de sentirse como simples arquetipos estudiantiles, tienen sus propios impulsos, ansiedades, contradicciones. Además, cuentan con un sentido del humor que incluso durante los diálogos más absurdos brindan credibilidad a su trama. Estas dinámicas sociales resultan igual de importantes que las misiones principales dejando más que claro que no se trata de un conjunto de NPC superficiales. Es más, la forma en que están escritos se mueven entre lo absurdo y lo melancólico revelando verdades emocionales inesperadas.
El corazón jugable de Demonschool reside en el sistema de combate táctico por turnos que presenta batallas breves, compactas y planificadas, donde debemos programar acciones y observar cómo se ejecutan en cadena. Dicha estructura mantiene los encuentros frescos y dinámicos, sin necesidad de extenderlos con pasos u opciones engorrosas. Cada miembro del equipo cumple con un rol claro y bien definido que se entrelaza con los demás, dando forma a una coreografía increíblemente satisfactoria. El diseño premia la anticipación, la lectura del entorno y la experimentación creativa con la posibilidad de rebobinar pasos para encadenar mejor las diferentes acciones que nos ayuden a alcanzar la victoria. Y lo mejor es que para nada se siente como una herramienta condescendiente para la experiencia.
El diseño premia la anticipación, la lectura del entorno y la experimentación creativa con la posibilidad de rebobinar pasos para encadenar mejor las diferentes acciones

Este es un gran acierto. Necrosoft hace que cada enfrentamiento, por pequeño que sea, se convierta en un desafío que exige planificación sin ser estrictamente rígida en su desarrollo. No existe una única manera de ‘resolver’ los combates, siempre se puede hacer mejor y más espectacular. Nada sobra, las batallas son breves pero equilibradas en dificultad, ofreciendo una experiencia que está lejos de generar frustración. La claridad visual y la combinación de movimientos y habilidades conforman la clave para que el equipo brille en una danza que da una enorme satisfacción viendo como el tablero queda limpio de demonios.
Visualmente, Demonschool luce muy estilizado. Cuenta con bordes gruesos y una paleta saturada de colores vibrantes de estilo vector Pulp muy propio del arte retro estético de finales de los ’80 y principios de los ’90, con una delicada combinación estilo anime. El motor gráfico juega con perspectivas isométricas, animaciones fluidas y modelos 3D mezclados con sprites 2D simpáticos. Estos juegan con la colorimetría de personajes y escenarios generando una armonía artística muy bella. Todo esto acompañado pors secuencias de diálogo y ataques especiales con un arte conceptual muy logrado con diseños cargados de movimientos y expresión que dotan mucha personalidad al título.

Musicalmente, Demonschool no está nada mal. El juego presenta temas electrónicos que acompañan la vida cotidiana estudiantil, mientras otras piezas más densas y sombrías se cuelan en los momentos de tensión y combate. Los efectos de sonido añaden cierta textura a la aventura, también durante los encuentros con enemigos o jefes cada movimiento y ataque gana potencia y añade contundencia gracias a dicha sonoridad. Extrañamente, este apartado contribuye de alguna manera para que el trasfondo del juego -por demás raro- no pierda el buen humor que lo acompaña de principio a fin sin convertirse en una molestia.
Eso sí, no todo es color de rosas. La estructura en la que se desarrolla el argumento, por momentos, se siente demasiado rígida e incluso repetitiva. Esto convierte a ciertas misiones en un mero trámite más que en una oportunidad narrativa. Algunos personajes secundarios parecen no ir a ningún lado denotando que su papel necesita un mejor desarrollo. Por otro lado, el juego cuenta con algunos bugs y fallos que exigen una revisión minuciosa porque traban conversaciones o enfrentamientos. Afortunadamente, son los menos. Más allá de eso, ninguna de estas asperezas eclipsa el verdadero núcleo de la propuesta. Su identidad marcada, el sentido del humor, el combate fluido y el mundo resultan encantadores. Estimo que con algunos parches Necrosoft Games puede solventar todas estas cuestiones.

Demonschool plantea algo diferente, pero no muy lejano de otros títulos bien conocidos dentro del género, como por ejemplo la saga Persona. No obstante, considero que es mucho más accesible dejando de lado la complejidad de las batallas y la densidad en las actividades extracurriculares. Además, mezcla muy bien la sátira con el horror liviano, añadiendo una pizca de humor sutil, algo torpe pero efectivo, y un sistema de combate inteligente que se siente moderno sin perder su aura retro. Sabe cuándo reírse de sí mismo, pero también cuando ponerse serio. Su elenco carismático y convincente, convirtiéndolo en una propuesta ideal para quienes buscan algo ligero pero cargado de personalidad.

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Sobre Darío Gadea
Sniper de pura cepa. Fanatico del horror, la fantasia y la ciencia ficción. Adicto a los Metroidvanias, los RPG, la musica pesada y el synthwave. Cuando no esta leyendo algo perturbador esta jugando a Age of Empires II
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