por Franco Borgogna
En géneros tan saturados como el de los FPS o el survival horror, resulta raro encontrar propuestas que logren destacar por su originalidad. Es por ello que títulos como Crisol: Theatre of Idols, el nuevo proyecto del estudio madrileño Vermila Studios, se presenta como una excepción más que notable ya que construye el horror a partir de un elemento cultural rico y a la vez inquietante: la tradición religiosa y la supervivencia a partir de nuestra propia sangre. De este modo, el juego nos lleva a un eco distorsionado de la España que conocemos donde la fe y la devoción están corruptas hasta la médula, mientras santos animatrónicos asesinos campan a sus anchas.
Crisol: Theatre of Idols se presenta como una extraña y deliciosa mezcla entre Bioshock y Resident Evil. Es una aventura en primera persona, donde tenemos secuencias de acción, de resolución de puzzles y hasta persecuciones. La demostración de 30 minutos de duración a la que tuvimos acceso nos ofreció un panorama muy claro de qué podemos esperar aquí. Nuestro protagonista Gabriel, se encuentra atrapado en una ciudad llamada Tormentosa cuyas calles se encuentran atestadas de marionetas asesinas. Entonces, armados únicamente con una pistola alimentada por nuestra propia sangre, debemos buscar la forma de escapar de allí.
Un aspecto interesante del título es que la mecánica de la sangre es fundamental para el combate. De hecho, me atrevería a decir que es el recurso más valioso, ya que representa tanto la vida como la muerte: la capacidad de curar y la de matar. Aquí cada disparo fallido duele porque la recarga de munición requiere de un poco de nuestra vida. En cierto sentido, cada bala que sale por el cañón de nuestro revólver nos hace daño, y controlar esa cuerda floja de la autolesión es la esencia del título. Una forma ingeniosa de aportar a la vertiente FPS un original giro de tuerca, mientras que hace lo propio con el costado survival suprimiendo la gestión de inventario, manteniéndonos inmersos en la acción.

La única forma de recuperar salud es mediante jeringas llenas de sangre o drenando el líquido rojo carmesí de los cadáveres, tanto humanos como animales, esparcidos por las calles. Eso sí, dicho recurso no abunda, por lo que en ocasiones, la mejor alternativa consiste en esquivar a los enemigos. Pasarlos de largo, literalmente, y guardar la munición para cuando realmente la situación lo amerite o nos encontremos frente a un peligro real. Las marionetas son bastante lentas y sus ataques algo torpes, por lo que no representan una gran amenaza. También es cierto que pueden causar problemas si aparecen en algún pasillo o lugar cerrado donde el espacio para maniobrar es más bien escaso.
El objetivo de la demostración consistía en atravesar una pequeña zona de Tormentosa y para ello era necesario abrir una serie de puertas. En este sentido, la jugabilidad me recordó muchísimo a Resident Evil ya que hace falta explorar los alrededores para encontrar objetos clave, como por ejemplo una tenaza para cortar cadenas, llaves y otros objetos por el estilo. Me gustó el detalle de que al usar dichos ítems se disparan animaciones muy del estilo del survival horror de Capcom. Un bonito detalle por parte de Vermila Studios que optó por no ocultar las referencias e influencias en absoluto.
cada bala que sale por el cañón de nuestro revólver nos hace daño, y controlar esa cuerda floja de la autolesión es la esencia del título
Sobre la mitad de la demo, al cortar las cadenas que sujetaban una manivela, tuve el ‘placer’ de conocer a Santa Dolores. La aparición de este horrible monstruo, compuesto por carne, metal y cara de porcelana, dio inicio a una secuencia de persecución bastante intensa. Al igual que Mr. X o Némesis, este colosal enemigo deambulaba por las calles buscando al protagonista, profesando insultos hacia su persona, tratándolo de cobarde, miedoso, o ambas cosas. Afortunadamente, las calles de Tormentosa cuentan con varios locales y recovecos en los que esconderse a fin de evitar a la criatura. En este sentido, se siente como el típico juego del gato y el ratón, donde debemos movernos en silencio y sólo cuando nuestro persecutor nos da la espalda.

La jugabilidad es la típica de un survival horror, pero aderezada con un poco de acción. Es un título que nos invita a explorar y a buscar la forma de avanzar a través de una ciudad que de seguro vivió días mejores en el pasado. De la historia poco se puede hablar ya que la demo no me permitió explorar mucho esa faceta. Sin embargo, al abrir el menú es posible ver que existen apartados donde se irán recopilando documentos y demás información que nos permitirá conocer un poco más acerca de qué provocó esta catástrofe y desató la locura en la que nos veremos inmersos.
El juego deja muchos cabos sueltos y, al igual que Bioshock, parece que uno de los grandes atractivos de la propuesta reside en descubrir este extraño y hermoso mundo. ¿De dónde proviene Santa Dolores? ¿Adónde se fue toda la gente de Tormentosa? ¿Por qué los viales de sangre contienen ‘sangre de sirena’?. A día de hoy, tenemos muchas preguntas y pocas respuestas. Lo único que no se puede negar es que Vermila Studios tiene una visión muy clara de este mundo de fantasía oscura que está creando.

En líneas generales, Crisol: Theatre of Idols se antoja como un título muy interesante. La combinación entre acción estilo FPS y una jugabilidad propia del survival horror encajan a la perfección. Por su parte, la mecánica de la munición enlazada con la salud de nuestro protagonista le confiere un giro de tuerca más que original. Además, el título presume de muchísimo estilo, ya que cuenta con un apartado gráfico notable y una ambientación muy bien lograda. Solo resta por ver si eso alcanza para sostener toda la propuesta o, si por el contrario, se desangra poco a poco. Todo apunta a que falta poco para descubrirlo.

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Sobre Franco Borgogna
Periodista apasionado por los videojuegos que sueña en mundos pixel-art sin caídas de frames. Streamer a tiempo parcial, fundador de la comunidad “La Orden del Pixel”, amante de la series, las películas y los comics.
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