A veces, los proyectos más pequeños y de apariencia sencilla son los que logran sacudir los cimientos de nuestra rutina diaria. BALL x PIT es un ejemplo de ello, pero no es un título que apareció de la nada, sino que es el resultado de la mente inquieta de Kenny Sun, un desarrollador con trayectoria en la industria pero que, bajo el ala de Devolver Digital, alcanzó una madurez creativa asombrosa. Su nuevo trabajo, no sólo se convirtió en uno de los mejores roguelites del año, sino que se presenta como una especie de reinterpretación moderna de clásicos como Breakout pero aderezado con mecánicas al mejor estilo Loop Hero o Vampire Survivors. El resultado es el de un videojuego fantástico que entiende perfectamente qué es lo que nos mantiene pegados a la pantalla en estos días.
BALL x PIT nos recibe con una estética pixel art minimalista que engaña bastante. Se presenta como un juego sencillo, muy parecido a los que suelen aparecer en las publicidades en las redes sociales prometiendo satisfacción rápida y sin complicaciones. Sin embargo, poco tiempo pasa hasta que la propuesta revela sus múltiples capas jugables, revelando la profundidad latente que se esconde bajo una superficie colorida. Al fin y al cabo, lanzar bolas y destruir bloques en una suerte de caótica danza donde cada rebote parece estar calculado para liberar dopamina es la base de la jugabilidad, aunque hay mucho más que eso.
La historia, por llamarla de algún modo, es muy sencilla. La majestuosa y legendaria ciudad de Ballbylon es aniquilada por un enorme meteorito. Este impacto no sólo borra la ciudad del mapa, sino que en su lugar deja un pozo -aparentemente sin fondo- conocido simplemente como ‘The Pit’. Nuestro objetivo es reconstruir todo desde los cimientos, aunque para ello tendremos que enviar a un grupo de voluntarios a las profundidades, una y otra vez, para recuperar planos, conseguir oro y demás recursos. Si logramos salir con vida de allí, también vamos a recibir engranajes para mejorar el ascensor que nos permite descender y alcanzar profundidades inusitadas.
Lo que realmente me voló la cabeza es la jugabilidad, simple y adictiva, complementada por un sistema de fusión de bolas que funciona realmente bien. BALL x PIT no va sólo de llenar la pantalla de proyectiles, sino de cómo estos interactúan entre sí. Crear sinergias es clave para mantenerse con vida, ya que de poco sirve fusionar o evolucionar esferas sin ton ni son. Lo ideal es crear reacciones en cadena, por ejemplo haciendo que una esfera congele y electrocute a los enemigos. Esto no sólo se siente satisfactorio a nivel jugable, sino que además llena la pantalla de partículas y efectos visuales, convirtiendo la experiencia en un rompecabezas táctico de alta velocidad. De todos modos, el éxito en cada incursión no reside solo en el caos, sino en la inteligencia con la que manejamos el azar.
Fuera del pozo, está la ciudad de New Ballbylon y la gestión de la misma. Poco a poco, con los recursos obtenidos, podemos edificar nuevas estructuras que aportan mejoras o ‘habilidades pasivas’ a los expedicionarios. Esta capa de gestión, que al fin y al cabo no es más que la progresión persistente de cualquier roguelite al uso, aporta un sentido de permanencia que muchas otras propuestas del género olvidan. Aquí estamos intentando reconstruir un asentamiento y devolver la gloria a una urbe ahora extinta. El pequeño asentamiento que vemos en pantalla crece y evoluciona gracias a nuestro esfuerzo en el campo de batalla.

A todo esto, algunas estructuras nos permiten desbloquear nuevos héroes. Lo interesante es que cada personaje es mucho más que un simple cambio estético, puesto que sus características pueden alterar drásticamente la forma en que abordamos cada run. Por ejemplo, ‘La Sombra’ dispara bolas pero desde la parte posterior de la pantalla golpeando a los enemigos por la espalda, mientras que ‘Los Gemelos’ lanzan el doble de esferas aunque estas causan la mitad del daño. Con estas variantes, BALL x PIT nos obliga a pensar y repensar estrategias. Pero para mejor, la cosa se vuelve todavía más interesante cuando llega el punto en que podemos enviar a dos expedicionarios juntos.
El hecho de poder jugar con dos héroes de forma simultánea cambia la jugabilidad de forma radical. Ya no sólo hace falta tener en cuenta las sinergias entre las esferas, sino también en cómo cada uno de los 16 personajes pueden complementarse. Las habilidades de algunos se centran en la fuerza bruta, otros en la manipulación del tiempo o en efectos de área masivos. Esta variedad asegura que, aunque la mecánica base sea siempre la misma, la experiencia se sienta fresca y renovada cada vez que probamos una combinación nueva. En este sentido, sólo puedo añadir que la experimentación es clave y que los resultados son increíbles.
El juego que desea que lleguemos al final, que descubramos todo lo que tiene para ofrecer, pero asegurándose de que nunca nos sintamos demasiado cómodos
La curva de dificultad está trazada con mano de cirujano. Al principio puede abrumar ligeramente, pero lo cierto es que el juego nos lleva de la mano a través de una progresión orgánica. Los enemigos escalan al mismo ritmo que nuestras habilidades y -en lo personal- nunca sentí que estaba en una notable inferioridad de condiciones. Cada nuevo nivel presenta nuevos desafíos pero de forma paulatina, sin avasallar. El juego que desea que lleguemos al final, que descubramos todo lo que tiene para ofrecer, pero asegurándose de que nunca nos sintamos demasiado cómodos. Es un reto constante donde el límite parece estar siempre un paso más allá de nuestro alcance actual, pero sin sentirse imposible.

Teniendo en cuenta todo esto, es imposible hablar de BALL x PIT sin mencionar la naturaleza adictiva del trabajo de Kenny Sun. A decir verdad, perdí la cuenta de la cantidad de veces que me dije ‘solo una partida más y a dormir’, para terminar pasando varias horas más frente a la pantalla. El juego presenta un equilibrio perfecto entre la frustración de una derrota y la motivación de saber que en la próxima incursión vamos a contar con un poco más de conocimiento sobre cómo dominar el pozo. Además, hay algo profundamente hipnótico en el diseño sonoro y la retroalimentación visual de cada impacto. Cada vez que una bola golpea un enemigo, el juego te recompensa con sonidos crujientes y destellos que hacen que cada acción se sienta poderosa.
Todo en el juego está impregnado por esa ‘satisfacción dopamínica’ de la que tanto se habla. Ver cómo una estrategia bien planeada nos permite limpiar la pantalla de enemigos en cuestión de segundos para, acto seguido, recibir una lluvia de monedas como recompensa, es increíblemente gratificante. Incluso en los momentos de mayor exigencia, donde el progreso de la ciudad parece ralentizarse y el farmeo se hace presente, el juego nunca deja de respetarnos como jugador. No hay microtransacciones intrusivas ni mecánicas diseñadas para hacernos perder el tiempo. Cada minuto invertido se siente como un paso hacia algo más grande. E incluso cuando el ritmo decae un poco hacia el final, la jugabilidad base es tan sólida que seguir resulta placentero.

Mirando hacia atrás, es increíble cómo en cierto modo BALL x PIT logra tender un puente entre la era de Atari y el diseño contemporáneo. Toma una mecánica que parecía extinta y le inyecta una energía nueva, demostrando que no hacen falta gráficos de última generación ni presupuestos multimillonarios para crear un videojuego fantástico. Es pura diversión, despojada de todo lo innecesario y centrada en lo que realmente importa: La diversión. Por ello es que el trabajo de Kenny Sun es mucho más que la suma de sus partes, por la capacidad de abstraernos, de desafiarnos y de regalarnos pequeñas victorias en un mundo de píxeles y bolas. Sin duda alguna, una de las joyas más brillantes que nos brindó el panorama independiente en 2025.

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Sobre Franco Borgogna
Periodista apasionado por los videojuegos que sueña en mundos pixel-art sin caídas de frames. Streamer a tiempo parcial, fundador de la comunidad “La Orden del Pixel”, amante de la series, las películas y los comics.
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