BABY STEPS – Análisis

BABY STEPS – Análisis

La cinta de moebius como un absurdo paseo existencial

El título de Gabe Cuzzillo, Maxi Boch y Bennett Foddy propone un paseo contemplativo y poético donde cada tropiezo nos pertenece y nos hace responsables de lo que nos pasa


El sinsentido, lo absurdo y dos pies extraños para explorarlo. Caminar y la belleza de tropezar. Baby Steps es una de esas experiencias que resisten cualquier intento de definición sencilla. Su naturaleza, a mi parecer, simbolista, lo convierte en un territorio abierto, más cercano a la metáfora que al argumento. No propone una historia del tipo ‘había una vez’, sino un espacio sensorial y poético donde cada paso refleja algo de nuestro inconsciente. No hay un único sentido posible: su fuerza reside en lo sugerente, en lo que se deja entrever más que en lo que se explica. Es un juego que invita a perderse y en ese camino, encontrarse. Lo nuevo de los creadores de Getting Over It with Bennett Foddy es una propuesta con más profundidad más allá de hacernos daño.

En este mundo, lo único realmente ‘realista’ son las físicas. El tacto de las superficies, la consistencia en cada pisada, la solidez o suavidad del terreno, lo húmedo o seco, lo blando o duro: cada sensación se convierte en una experiencia táctil y extracotidiana. Baby Steps propone un paseo contemplativo de lo que se siente al avanzar, más que de lo que se logra al llegar. No hay mapas ni instrucciones. Llegamos al mundo, sin rumbo, sin sentido, y con un único final posible ¿Es acaso esto una metáfora del existencialismo heideggeriano, o simplemente una interpretación más entre tantas que abre la propuesta?

Considero que en dicho cuestionamiento reside su magia, en la posibilidad de múltiples lecturas en el simple acto de caminar. Desde el comienzo se advierte que no es una propuesta para todo el mundo. Sin un camino predefinido, perderse es casi inevitable, y sin embargo, esa parece ser la invitación del juego: deambular por el limbo para encontrarse. Durante el trayecto, encontramos figuras absurdas, extravagantes o perturbadoras, pero sin maldad ni conflicto. Cada encuentro subraya lo incompleto del lenguaje, esa imposibilidad de comprender del todo al otro.

Nate, el protagonista, evita el enfrentamiento. Se desentiende de ello, de hecho, divaga, y encarna el absurdo del mundo que lo rodea. Él es, al mismo tiempo, un chiste y un espejo. Así pues, este ‘niño grande’ de treinta años parece detenido en el tiempo; un adulto sin rumbo, atrapado en la comodidad del sofá. Su pijama característico y su cuerpo que denota sedentarismo no solo generan humor, sino que también simbolizan la parálisis emocional de una generación que teme crecer. En definitiva, es el reflejo de los eternos adolescentes.

Cada vez estoy más convencido de que los videojuegos son los que hoy en día retratan nuestra realidad con mayor fiabilidad. Así como antaño la pintura capturaba la visión del mundo, los juegos encarnan ahora la experiencia y subjetividad de nuestro tiempo. Baby Steps no solo representa a un personaje absurdo, sino que nos invita a caminar dentro de su mente. Somos nosotros los que completamos sus pensamientos y emociones.

Baby Steps Reseña

Confieso que al principio lo odié. El personaje me desagradó, el humor, los chistes escatológicos, los caballos desnudos y el sinsentido general no me atrapo. Sentí el hartazgo propio de una broma forzada. Incluso, al dominar los controles y escalar la montaña a buen ritmo, hasta la música me pareció repetitiva y aburrida. Pero hubo un momento, una escena, que cambió todo. Suena un teléfono. Lo seguimos. Una cabina. Atendemos. Nate habla con su padre. Conversan sobre el cumpleaños de su hermana, pero lo importante no son las palabras, sino los silencios, las pausas, las evasivas, la imposibilidad de escucharse.

Ahí entendí que Nate no solo era un idiota inadaptado. Era un incomprendido. Un solitario. Un ser incompleto. Desde entonces, Baby Steps dejó de sentirse como un chiste. Ya no era el ‘caballo en bolas’, el grafiti de un pene en la pared, frases absurdas y estúpidas, como en el baño de una secundaria: era la vulnerabilidad al desnudo. La mayor torpeza humana puesta en escena. La resignación. A su vez, sentí que el juego se encontraba con algo mío, en cada pantalla del menú, que anunciaba el cierre de cada capítulo, mostrando una nueva imagen de la habitación del protagonista.

Baby Steps Review

Además de los paisajes, diferentes entornos, y la pijama, una particularidad de la propuesta son los sombreros que podemos tomar al encontrarlos en el camino. Algunos alteran la jugabilidad cambiando la perspectiva de la cámara, mientras que otros son solo estéticos. Sin embargo, todos activan minijuegos en los checkpoint. Los mismos son de estilo retro, de pixeles, monocromáticos coherentes con el tono enigmático, incomprensible y absurdo del mundo que nos rodea. Otra mecánica dolorosa e interesante se esconde en su sistema de autoguardado. Funciona como un ‘anticheat‘ ya que la estrategia de Alt+F4, para evitar la pena de una caída que puede regresarnos al principio NO FUNCIONA.

No se puede escapar del error, y por lo tanto, no hay atajos posibles. Cada tropiezo nos pertenece y nos hace responsables de lo que nos pasa. De este modo, la frustración se integra por completo a la experiencia del gameplay. En otras palabras, es un aprendizaje que hará llorar a toda la generación de cristal. Porque, Baby Steps es, en esencia, una lección de propiocepción. Podría compararlo con una primera clase de teatro donde el ‘profe hippie’ nos pide caminar sin pensar, concentrarnos en el peso del cuerpo y el contacto con el suelo. Nos parece ridículo, hasta que entendemos que el sentido no está en el drama, sino más bien en el movimiento, en la búsqueda de ‘conocernos’, de tocar nuestras habilidades y vulnerabilidades. Es un espacio de exploración que, al igual que el mapa, solo vemos al terminarlo.

Baby Steps Análisis

Cada quién va a encontrar un significado diferente en este viaje. Puede que algunos se queden en lo absurdo de un chiste y lo abandonen a la primera caída. Otros quizá descubran una extraña ternura en la torpeza de Nate que se observa en la inocencia de existir. En lo personal entiendo que el verdadero poder de Baby Steps se encuentra en recordarnos que incluso en lo más estúpido puede habitar una verdad emocional. Que aunque estemos completos con objetivos, logros, metas y obligaciones, aun seguimos siendo un pedazo de carne que avanzan sin sentido, como bebés. Es una experiencia que transforma la resignación de existir en la aceptación de la maravillosa experiencia que es la vida, o la simple necesidad de encontrar un baño y un nuevo sofá. Caminar, tropezar, frustrarse y volver a intentar. Eso no es solo jugar: es aceptar el arte de vivir.


FICHA TÉCNICA:

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Sobre Exequiel Nieto

Lic. en Artes Escénicas. Stremer y profesor, me gusta la filosofía, lo audiovisual y los placeres de la vida. De La Rioja, Argentina.


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